La editorial Hiru acaba de publicar «El batazar», novela de carácter autobiográfico prologada por Alfonso Sastre. Y en la colección «La avispa» de teatro su «Teatro carcelario» («El hijo que espera», «La chaqueta de Antonio» y «El combate del establo»). Esta última obra dirigida por Marcelino Duffau, ha sido representada en España del 6 al 8 de octubre en la Casa de América y en el Festival Iberoamericano de Cádiz del 19 al 22 de este mismo mes.
¿Qué relación mantiene «El combate del establo» con tu producción dramática anterior?
Es una obra escrita en condiciones muy especiales. El tema es la dignidad humana. Su filosofía se fundamenta en que un hombre, aunque lo traten como una vaca, no tiene por qué mugir, y si lo tratan como un perro no tiene por qué ladrar. Tres dirigentes tupamaros estuvimos incomunicados bajo tierra, en una catacumba de una unidad militar, durante trece años. No teníamos lectura ni veíamos el sol. Por supuesto, no podíamos escribir; pero ahí se produjo un fenómeno muy curioso.
Un día entró la guardia a preguntarme si yo era “el escritor”. La orden que traía era que su sargento quería que le escribiese una carta a su novia. Esto tenía un gran valor de cambio: un cigarrillo, un huevo duro y la mina del bolígrafo. Con esta escribí obras en papel de fumar que podía pasar clandestinamente a la familia. Así salió “El combate del establo” que no apunta a una denuncia o localización específica, sino que tiene que ver con todos los hombres en cualquier situación.
En esta obra hay también una indagación específica del lenguaje como en “Los caballos”
En estas obras, escritas contra reloj, uno trató de decir lo que quería con la menor cantidad de palabras posibles. “El combate del establo” es una obra muy concentrada. Está compuesta en un lenguaje muy apretado. Una frase puede contener tres intenciones distintas.
En esta obra intervienen dos personajes que al final se revelan como desaparecidos. Estos adquieren una categoría histórica similar a la de cualquier personaje de la historia de Latinoamérica.
«Los caballos» nace de una experiencia personal. En 1956, participo como corresponsal del diario del Partido Comunista en las arroceras donde había estallado una huelga formidable a causa de las condiciones de trabajo: doce horas de jornada laboral, muchachos con problemas reumáticos y un salario pagado con vales que tenían que canjear por productos en las cantinas de la empresa. Entonces estalló una guerra de clase. Allí conocía Raúl Sendic, corresponsal del diario del Partido Socialista. Y de esta situación salieron las anécdotas que luego conformaron lo que fue la historia de «Los caballos». Una obra que no es realista. Ahí el sueño termina siendo la alucinación de todos.
«El bataraz» es una obra de ficción y «Memorial del calabozo» tiene un valor testimonial ¿Cuáles son sus diferencias si ambos vienen de idénticas experiencias?
“Memorial del calabozo” está escrita conjuntamente con Fernández Huidobro. En la prisión nuestras celdas estaban juntas. Nos comunicábamos a golpe de nudillos en clave de morse. Allí nos prometimos que si alguno de los dos salía de la cárcel, escribiría nuestra historia. Cuando estuvimos libres, grabamos en casetes nuestras experiencias carcelarias. Esto dio lugar a un libro en el que desestimamos toda elaboración literaria. Queríamos que el lector percibiera que no estaba ante un texto de lo que entendemos por literatura, sino ante un testimonio. Tuvo un gran impacto y goza de diversas traducciones en distintos idiomas. “El bataraz” es una novela que tiene su origen en la misma peripecia, pero sólo refleja los acontecimientos que se producen en el cerebro de un individuo que está incomunicado del mundo exterior. Si se le sustrae de su contexto, “El bataraz” es el diario de un loco. En ese largo periodo de aislamiento, el protagonista confunde los límites entre la cordura y la locura, entre la realidad y la fantasía. Este personaje vive como vivíamos nosotros: más afincado en la fantasía y en el sueño que en la realidad tangible.
«Las ranas» tiene cierta concomitancia con el teatro realista que se escribía en España en los años sesenta, ¿Tu experiencia en la cárcel modificó tus presupuestos estéticos?
El término realismo es muy interesante, pero debemos diferenciar entre la visión de los creadores y la de los comentadores. El realismo es todo. La biografía de cualquier hombre estaría incompleta si sólo mencionara sus hechos y no incluyera sus sueños. Estos forman también parte de la realidad. Eliminarlos sería una falsedad. Nosotros vivimos durante trece años en la ensoñación, en la fantasía, en la locura. Y no sólo pasamos trece años «excepcionales», sencillamente pasaron trece años. En este espacio de tiempo, en la vida de un hombre, pasan muchas cosas. Estas experiencias dejan su huella y aunque mi temática sigue una línea continua, ahora intento indagar en las raíces de las motivaciones, en la conducta humana. En por qué el hombre es como es. Mi preocupación en literatura apunta a esto fundamentalmente. No me planteo como en “Las ranas” una nítida intención de denuncia. Ahora me preocupa la conducta humana. En “El combate del establo” indago en ese lugar del hombre al cual se aferra para mantener aquello que se le dispara con tanta frecuencia que se llama dignidad. Nuestra resistencia, si no hubiese estado fundamentada sobre la base de la dignidad, no estaría justificada.
¿Qué tendencias sigue la literatura latinoamericana en el día de hoy?
La literatura y las expresiones artísticas son de las pocas cosas que en el continente latinoamericano se pueden desarrollar con absoluta independencia sin ninguna dependencia exterior. Lo que no pasa, por ejemplo, en economía. Estamos ahora con el tema de crear un mercado común, el Mercosur, a imagen y semejanza del Mercado Común Europeo, pero sin ninguna independencia a causa de la red de interrelaciones comerciales que se establecen entre las distintas naciones y la dependencia, muchas veces, con Europa. En materia de creación, sí tenemos independencia. La literatura latinoamericana se caracteriza globalmente porque sus creadores son individuos que están comprometidas con la realidad ¿Cómo se puede escribir en Brasil, por ejemplo, sin tener presente que hay siete millones de niños en las calles? ¿Cómo se puede escribir en Colombia ignorando que todos los días matan a alguien y el precio de la vida son treinta dólares?
¿Qué lugar ocupan los dramaturgos uruguayos en el panorama iberoamericano?
En estos momentos hay un gran desarrollo del autor nacional. En Montevideo, con millón y medio de habitantes, hay cuarenta títulos, de los cuales la mitad son de autores nacionales que testimonian la realidad que están viviendo. En Uruguay existe una eclosión de actividad teatral. Cualquier ciudadano, con independencia de su profesión, puede estar en una compañía de teatro. No recibe un sueldo por ello. Generalmente, tiene que poner dinero de su bolsillo.
El teatro no está subvencionado, salvo la Comedia Nacional, que tiene que pagar su tributo a las exigencias burocráticas, por el subsidio que recibe. Por eso, hablar de crisis en términos absolutos no explica nada. Sí se puede hablar de crisis en términos de rigor. Por ejemplo, cuando participo en una mesa redonda las preguntas no se refieren a gestiones concretas, sino que giran en torno a preocupaciones siempre desvinculadas del presente.
Aquí sí creo que hay crisis en España. Existe una indefinición social. Hemos perdidos los referentes. Por esta razón ha extrañado tanto la reciente respuesta del pueblo uruguayo por la extradición de los etarras. Aquí en España organizar algo parecido es impensable. Esto también está relacionado con el teatro. Si queremos traer a colación una obra de la temporada pasada en España comprometida con la realidad, nos es difícil de encontrar un título.
La temática social, militante y revolucionaria no puede relegar el hecho teatral. Lo primero que hay que exigirle al autor es una buena obra de teatro. Es muy difícil que un escritor uruguayo no termine de alguna manera reflejando la realidad en que vive cuando escriba sobre lo que está viviendo, elija la temática que elija. Una cosa más, todo el movimiento teatral uruguayo es militante. Hace unos años hubo un plebiscito para decidir si se amnistiaban a los violadores de los derechos humanos. Todos los teatros, como la cosa más natural del mundo, en cada función instalaban una mesa donde el público se pronunciaba con su firma sobre el referéndum. Además el movimiento teatral tiene otra característica: muchos uruguayos aprenden teatro. El teatro es una actividad compensatoria a su actividad habitual. Además, la oferta de Montevideo es igual a la de Madrid.
¿Es aceptable la recepción del teatro latinoamericano en España?
En materia de dramaturgia está atrasada en cuanto a su difusión respecto lo que ha sido la eclosión de la narrativa. No sé exactamente a qué se debe. He tomado contacto con distintos textos de Europa y hay autores latinoamericanos que no le van a la zaga. Cuesta mucho estrenar en otro país y en otro idioma. Además, la traducción de una obra de teatro se hace exclusivamente para representarla. Es muy difícil publicar teatro como poesía. En cambio la narrativa tiene una gran demanda comercial. Es decir, no ha habido, a nivel de dramaturgia, en Uruguay alguien que alcanzara los niveles de difusión de Eduardo Galeano o Mario Benedetti con sus respectivas narrativas.
¿Nos puedes dar tu opinión sobre los últimos acontecimientos ocurridos en tu país relacionados con la extradición de los etarras?
Referente a esto escuché en una cadena de radio de acá que preguntaban a su corresponsal en el Uruguay las dos causas por las que se había producido las movilizaciones. El entrevistador no admitía que ocurriera una tercera. O no estaban enterados de lo que es la ETA, o simplemente hubo un aprovechamiento político. Sin embargo de los tres puntos de la movilización el más importante fue la defensa de la soberanía. Para nosotros el derecho de asilo es sagrado. El Uruguay es un país creado en medio de las luchas por la independencia, para servir de algodón entre Argentina y Brasil. Si a esto le sumamos que en mi país uno de cada cincuenta y cuatro uruguayos estuvo preso, que muchos tuvieron que exiliarse, que padecieron cárcel y tortura ¿cómo le van a tocar un tema tan sagrado para los uruguayos como el derecho de asilo? ¿Y si se revierte la situación? ¿Cuántos se exiliaron en España? El movimiento sindical uruguayo, que tiene una central única no hace una huelga general sin información. También me sorprende que nadie hable aquí del precio de esta política de extradición. Nosotros padecimos ya, hace diez años, esta situación. La única internacional que se mantienen en pie es la de la represión. ¿Entonces qué es lo que ha pasado? A las seis de la tarde tenían que embarcarlos. A las cinco se corta la luz inesperadamente en un barrio y hasta las once hay represión. Tengo la lista donde aparecen decenas y decenas de heridos de bala ¿Cambió esto la situación política con respecto a las divergencias que tiene el gobierno español y la ETA?
Estos tres individuos estaban detectados en Uruguay. ¿Valía la pena todo esto que hicieron? ¿Resuelve algo? Nadie dice que el precio de esto lo estamos pagando nosotros: clausura de tres radios, una definitivamente a tres meses de las elecciones, hay tres muertos declarados. Otros no lo han sido porque la policía ha presionado a sus familiares. Esto no pasó en ninguna manifestación durante la dictadura. En la huelga general de 1973 no hubo las víctimas que ahora. Y tampoco dice nadie que a este precio no se puede presionar como el Estado español lo ha hecho con Uruguay. Yo me formé de niño con los hombres de la guerra civil española. En mi casa mi madre tejía calcetines para los comités de solidaridad. Aprendí a bailar en los bailes de la Casa de España. Uruguay estaba lleno de exiliados españoles. Estos eran sagrados, gobernara quien gobernara. De ahí ni los retiraba nadie. Y ahora se da la vuelta a la tortilla.
En cuanto a la cuestión de los delitos de sangre, esto es muy discutible. Es un arma de doble filo. Yo estoy hablando por mi país. Y si España nos toca digo no. A este precio no. No quiero hablar de las cuestiones internas de España. Pero sé semántica. Y cuando se habla de una organización como banda ese problema se resuelve disolviéndola. Pero si es una organización política eso es otra cosa. ¿Qué hubiera pasado si otro movimiento guerrillero de Latinoamérica se exilia en otro país? No pueden convertirlos en delincuentes comunes. Este mata o roba en beneficio propio. Los otros lo hacen en beneficio de una causa. Podemos estar en desacuerdo con la metodología, con su ideología, con su concepción, pero lo que no se puede es sustituir un término por otro. Esto es un asunto que os compete a ustedes. Pero si se acepta, como en el caso nuestro, que el Movimiento Tupamaro es una organización política en armas, tuvieron que tratarnos finalmente así para llegar a un status donde ahora participamos en la vida política del país. Si hubieran considerado que éramos delincuentes comunes todavía estaríamos presos.
Tampoco quiero decir que de todas las secuelas que han dejado estos sucesos el responsable sea el Gobierno español. El responsable es el Ministerio Interior uruguayo. Ahora bien, cuando el Gobierno de España, interviene para reclamar algo, tiene que tener en cuenta que le van a responder sobre esta base.
Bibliografía de Mauricio Rosencof publicada en España
“Las ranas”. Primer acto, número 67
“Los caballos”. Primer acto, número 187
“Teatro carcelario”. Colección La avispa. Madrid
“Memoria del calabozo”. Editorial Txalaparta. Pamplona
“El bacaraz”. Editorial Hiru. Apartado de Correos nº184. 28280 Hondarribia
“Combate del establo”. Primer acto, número 155






