Si ha habido en los últimos tiempos un sensibilidad social sobre temas políticos, éste ha sido el NO A LA GUERRA, y más concretamente la vuelta de las tropas españolas de Iraq, tema que había sido suscitado un «extraño consenso» – por novedoso- entre una diversidad de fuerzas políticas fundamentalmente de centroizquierda con la ciudadanía. Aunque mucho se ha escrito, sobre que la derrota del PP se produjo tras el atentado del 11-M, algo de mar de fondo existía en el 25 de mayo de 2003, parece que algo habrán tenido que ver las movilizaciones y esa amplía sensibilidad social.

José Luis Zapatero, tras la toma de posesión del Gobierno y en pleno traslado de poderes ministeriales, anunció la orden dada al Ministro de Defensa, José Bono, para que las tropas españolas regresaran inmediatamente de Iraq, acuciado posiblemente por la preparación del relevo a éstas. Es una buena noticia por dos motivos, el primero porque ello abre un nuevo marco en las relaciones internacionales, más acorde con la sensibilidad de paz en el mundo y, la segunda, porque Zapatero cumple lo que dijo. Verdad es que hemos oído, leído y visto titubeos en torno a determinadas organismos internacionales: es bueno revelar que no fue hasta poco antes del ataque a Iraq cuando desde el PSOE se anunció una opción clara y que hasta el 15 de febrero del 2003 andaba de titubeo en titubeo. Tuvieron que pasar los premios Goya y otros acontecimientos para que el PSOE asumiera como estrategia una opción más cercana a las posiciones de la calle, de los Foros Sociales, de las Fuerzas Políticas a su izquierda. Pero las tropas volverán, una buena noticia; también aquí, algo tendrá que ver la posición firme y con identidad de determinados sectores de las organizaciones sociales y políticas. Parece que la existencia en la calle de opciones críticas, de movilizaciones de forma amplia y permanente, así como de opciones «constructivas», pero firmes, autónomas, con una clara identidad de la izquierda transformadora, hace de contrapeso a las veleidades centristas del PSOE.

Alguien podría pensar que lo manifestado anteriormente es producto de criterios malvados sobre el PSOE, pero no es así, a las pruebas nos remitimos; en la toma de posesión de José Bono, nuevo ministro de Defensa, se pudo ver de forma fehaciente hacia dónde puede ir este PSOE. Se produce el primer choque entre lo dicho, «la sindicalización de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil» propuesta recogida en el programa del PSOE, a la vez que largamente reclamada desde estas instituciones, y el talante, y concepción de la democracia de esa parte del PSOE, que puedan representar Bono y otros dirigentes del PSOE, lo que también choca con el talante anunciado por José Luis Zapatero de diálogo, humildad y consenso con la sociedad y las fuerzas políticas de izquierdas.

Desde el PCE, nos parece que es ésta la ocasión para modificar el estatus de la Guardia Civil, democratizándola, empezando por la sindicalización de los «números», es el momento de recompensar los movimientos dentro del «cuerpo» (el SUGC y otros) y lo fundamental, dar los derechos constitucionales a aquellos y aquellas que tienen que velar por los nuestros, como un primer paso para tener unas fuerzas de seguridad democráticas, federales y en sintonía con la sociedad que se mueve y entiende que otra España es posible. Pero todo será posible si, desde la sociedad y desde las fuerzas políticas de la Izquierda Transformadora, existe una posición firme, un compromiso claro para que los cambios se produzcan de verdad, desde la sociedad con la movilización permanente, desde las fuerzas de izquierdas sin ataduras con el nuevo gobierno.