Ay, Derecha mía! Tú que tanto sufres con la supuestamente amenazada unidad de España y ahora ofreces el espectáculo de un desacuerdo tallado en la madera de nuestros árboles del Paseo del Prado. Ahí se ve que hay momentos en que te ciegas, porque puestos tácitamente de acuerdo sobre los grandes repartos del botín, con ese consenso milagroso como el que practica la industria para nombrar coche del año, ¿por qué darse de encontronazos por un quítame de allá setecientos árboles venerables, ancianos urbanitas que han aguantado lo que no está escrito y que no se merecen una jubilación anticipada? Los árboles no te han dejado ver la jungla de contradicciones, la enredadera de intereses, el terreno abonado con minas de fabricación propia.

Y además está lo de la baronesa, que ha sido un acontecimiento mediático que te perjudica aunque pone las cosas en su sitio: ¡Ya podían dar la tabarra los ecologistas y otros movimientos ciudadanos de prístinas intenciones!… hasta que la señá Tita no amenazó con irse por las ramas en busca de titulares, el asunto no cobró la trascendencia debida y la perspectiva más morbosa: Gallardón contra la aristocracia, el noble eje Cervera-Aguirre contra el neoliberal Prado-Recoletos…

Estás perdiendo discreción en el manejo de tus asuntos y eso te quita carisma porque todos esperamos al menos un poco de glamour, ya que no hay Esperanza de un mundo mejor si es lo que tú propones o lo que podemos conquistar nosotros con nuestras fuerzas cautivas y desarmadas, perdidas por grandes superficies con anaqueles y parquímetros.

Cuando el populacho siente que no puede tomar el Palacio de Invierno se toma todos los puentes: el último, muy significativo, el del uno y dos de mayo, que une los afanes históricos del proletariado y el estallido pasional de los hooligans antigabachos en dos fechas sucesivas que son hoy ocasión para la huída en masa hacia la aglomeración en la playa a través del atasco rutero.

Cuando el populacho no controla su vida sino que la consume compulsivamente, se entretiene con el espectáculo social que proponen los medios de comunicación.

En cambio la Derecha, cuando ya ha tomado todo el suelo por urbanizar, se sube a la parra y ocupa las enramadas. Por algo hablaba Alberti de la arboleda perdida.

El día menos pensado se nos caerán los árboles, incapaces de soportar tanta carga por arriba y tanto túnel por abajo. Lo malo es que no habrá sitio apropiado para las acrobacias y amagos de Esperanza, Tita y Alberto ni para que, ahora que el Sr. Marín no lo permite en el Congreso, nuestros Pujaltes puedan golpearse los pectorales para llamar la atención y lanzar sus desafíos. Nos encontraremos todos a ras de tierra sin buena sombra que cobije. Pero no os preocupéis: instalarán unas sombrillitas que podrán desplegarse si les enseñas el carnet de residente o si le metes la moneda por la ranura.