Vide: baturrillo.(De batir, mezclar, revolver). 1.m. Mezcla de cosas, especialmente de guisados, que no dicen bien unas con otras. 2.m. coloq. En la conversación y en los escritos, mezcla de cosas inconexas y que no vienen a propósito.

El batiburrillo del que te hablo, querida Derecha, es revuelto pero no inconexo y viene a tus propósitos como anillo al dedo. Es posible que, desde el punto de vista alimentario, el guiso de cosas «que no dicen bien unas con otras» pueda resultar indigesto para estómagos sensibles como el de los rojos cuando se tragan vuestras injusticias, pero ya te digo que el invento me parece de todo menos improvisado.

Y me dirás que a qué batiburrillo me refiero y que por qué te estoy endosando la autoría. Pues, principalmente, porque en los «medios de distribución de la información» que manejas, hemos desaparecido como autores de nada que no sean desgracias propias, desgracias que nos ocurren por ser malos y crímenes que cometemos contra tu exquisito sentido de las libertades, de la justicia y de los derechos humanos: La aldea de Asterix en El Caribe, por otro nombre Cuba, es para tí el virreinato de Somoza como los habitantes de Gaza deben sufrir porque se les ocurrió votar a quienes no debían. En medio de los grandes dramas continúa el goteo de descalificaciones aberrantes urbi et orbi: lo mismo da el Ché Guevara que el «progre» del sesentayocho convertidos en caricatura.

Podríamos ser adversarios temibles y/o repugnantes, pero reconocidos por unas ideas defendidas con toda la ilusión, con argumentos y, en momentos terribles, con las armas. Tú, desde la Prensa y desde los cargos públicos que ocupas nos intentas colocar fuera del respeto que merecemos como ciudadanos que, como tú, deben estar comprometidos en mantener unas reglas formales que permitan la confrontación democrática. Y cuando, en mi ya lejana juventud, hablábamos de debate de ideas y de lucha ideológica, no deseaba una discusión tabernaria, malintencionada, grosera en los argumentos y simplona en los contenidos. Veo que pese a tu bienestar económico no has conseguido refinarte el espíritu, a tenor de lo que dices y de lo que mandas escribir.

Solo desde una tendencia irreprimible hacia la grosería mental, puesta al servicio de acaparar todo el poder posible, puedo entender que recurras a esa «kale borroka» contra los razonamientos y a ese batiburrillo en el que quieres meter lo que nos pasa a todos, con lo que no sabemos hacer, con lo que no quieres que ocurra o con lo que te interesa, por ambición o por incompetencia, que de todo hay en tus filas. Y el resultado del batido es que la culpa de todo la tienen las víctimas y Zapatero y la solución consiste en darte todos los poderes, que ya te encargas tú de buscar nuevos culpables hacia quienes dirigir la ira de los consumidores, que no la indignación de los ciudadanos.