Especial crisis

Crisis y mujer están indisolublemente unidas

·

·

En épocas de recesión económica, la mujer se convierte en un instrumento fundamental que se utiliza para aumentar la productividad sin un aumento de los costes. Las mujeres trabajamos más y en peores condiciones que los hombres por la disminución de la calidad de vida derivada de los contratos temporales y parciales y de los bajos salarios. Un tercio de las mujeres con un hijo y la mitad de las que tienen tres o más trabajan a tiempo parcial, que institucionaliza el hecho de que exista un modo de empleo femenino específico y generaliza la actividad reducida, además de la imposición de tener que trabajar sólo en áreas que permitan este tipo de horarios.

El riesgo de pobreza es superior para las mujeres de más edad y para las familias monoparentales con hijos a cargo, grupo en el que predominan las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan en sectores informales con una productividad y una renta bajas, en condiciones laborales difíciles y con una protección social limitada o inexistente.

La relación indisoluble entre precariedad y mujer no es sólo una discriminación de género sino también una cuestión enraizada en la naturaleza de la sociedad de clases. Aunque son ahora más sutiles que antes, los obstáculos de género siguen impidiendo el progreso de las mujeres en el mercado laboral. Ahora nos echan menos de los empleos por esta misma razón: como tenemos peores salarios y contratos, conviene echar a los hombres que cobran más y tienen mejores puestos.

Los convenios colectivos generalmente no tienen suficientemente en cuenta la dimensión de género ni las necesidades específicas de la mujer, con la crisis, lo poco que hay desaparecerá. Es una cuestión de “prioridades”. Las mujeres con trabajo precario, a tiempo parcial, temporal y atípico se ven más discriminadas, ya que sus posibilidades de formación básica, de formación permanente y de formación profesional son inferiores, además no se encuentran en condiciones de cotizar a un fondo de pensiones y, por ello, corren aún mayores riesgos de no disponer de rentas suficientes para vivir dignamente en la vejez.

Uno de los objetivos del neoliberalismo es acabar también con los derechos sociales conquistados por la clase trabajadora. De nuevo, las mujeres son las grandes perjudicadas: La progresiva privatización de los servicios de educación y de salud afecta de manera especial a las mujeres que, contando con un nivel de ingresos mucho menor que los hombres, no llegan a fin de mes.

Entre la falta de guarderías, el recurso no voluntario al trabajo a tiempo parcial y las escasas posibilidades de formación y de ayudas a la reinserción profesional, las mujeres permanecen en los puestos menos cualificados y sin perspectiva de hacer carrera. Las sociedades capitalistas occidentales, sobre todo las mediterráneas, la reproducción y la maternidad son consideradas cuestiones privadas y no sociales. El peso de la conciliación suele recaer en las redes de ayuda familiares, es decir, en las abuelas, o en la contratación de niñeras (en su mayoría inmigrantes) que a su vez también cuentan con trabajos precarios, a tiempo parcial, y generalmente mal pagados y sin contrato. Esto da lugar a la existencia de una doble jornada laboral para las mujeres que acaba afectando a su salud. Ninguna de estas tres “soluciones”, las abuelas, las inmigrantes o la doble jornada, han acabado con el problema de la precariedad. De hecho, a lo que ha dado lugar es a más explotación.

Con la crisis esto se agudiza de forma brutal, volvemos a las prioridades. La lucha para acabar con la precariedad laboral de la mujer tiene que atacar diferentes frentes. Uno de ellos es el sindical, actualmente sólo hay una media de un 30% de afiliación de las mujeres a organizaciones de trabajadores. La organización de las mujeres en los lugares de trabajo es crucial para conseguir un avance en los derechos laborales.

Otro frente importante será la participación de la mujer en las plataformas de defensa de los servicios públicos y en los movimientos sociales que luchan en contra de la privatización de la enseñanza, la sanidad, etc. La inclusión de la mujer en la vida política de las luchas contra el neoliberalismo será también un factor fundamental para avanzar en la lucha contra la precariedad. Pero, sobre todo, las mujeres tienen que organizarse para desmantelar los mitos que existen en torno a ellas y que perpetúan una discriminación estructural e inherente al capitalismo.

Otras medidas que favorecerían a las mujeres frente a la crisis serían, entre otras:
Garantizar unos ingresos dignos para los y las trabajadoras y el derecho a la seguridad y a la salud en el trabajo, a la protección social y a la libertad sindical, eliminando toda forma de discriminación por razón de sexo en el trabajo

Prestar atención a los horarios, al cumplimiento de los derechos a la maternidad y paternidad, en particular garantizando la posibilidad de reincorporarse a su puesto tras el permiso de maternidad o paternidad,

Garantizar que las medidas adoptadas en el ámbito de la conciliación entre la vida profesional, familiar y privada no tengan como resultado la separación de los papeles hombres/mujeres o la aplicación de estereotipos de género a estos papeles, y que se ajusten a lo que se refiere a la plena e igual participación de las mujeres en el mercado de trabajo y a su independencia económica,

Garantizar un amplio acceso a servicios sociales asequibles, como guarderías, y ayudas a las personas de edad avanzada, pues, de otro modo, se tiende a que los presten mujeres;
Valorar la negociación y los convenios colectivos en la lucha contra la discriminación de la mujer, especialmente en cuanto al acceso al empleo, el salario, las condiciones de trabajo, la progresión en la carrera y la formación profesional;

modelos de empresa innovadores que tengan una participación equilibrada de mujeres y hombres en todos los niveles;

reforzar la participación de la mujer en los órganos de toma de decisiones de las empresas
necesidad de crear redes de mujeres dentro de cada empresa, entre empresas del mismo sector y entre los diferentes sectores industriales;

La crisis afecta más a quien tiene menos derechos. En el caso de las mujeres es obvio, no han alcanzado los de los hombres, y en este escenario eso es imposible.

*Responsable de la Secretaría de la Mujer del PCE

ETIQUETAS: