Hasta el mes que viene

China: Desarrollo del mercado para el crecimiento nacional

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El pasado mes de julio, el autor de este artículo realizó una visita a China centrada especialmente en el Tíbet, con estancias en Pekín y Shanghái

Un marxista español no puede dejar de sorprenderse ante la complejidad de la nación china. El país más importante del mundo en términos poblacionales ha evolucionado en sólo 60 años de un Estado feudal y semicolonizado en absoluta carencia de derechos humanos, a una República Popular protagonizada por el campesinado, y de ahí a una de las principales superpotencias del mundo, en la que conviven el mercado capitalista y la planificación estatal en lo que el Partido Comunista Chino (PCCh) describe habitualmente como un «desarrollo armónico».

Durante el viaje de trabajo, una de las ideas centrales de los diversos dirigentes estatales chinos con los que nos entrevistamos fue la insistencia en los logros del país desde la llamada «reforma y apertura democrática» adoptada en diciembre de 1978, por el Tercer Plenario del 11º Congreso Nacional del PCCh, que el camino hacia la «economía socialista con orientación de mercado».

Todos los responsables políticos a los que entrevistamos coincidían en el éxito de dicha reforma y en la crítica de la situación anterior. Antes de 1978, la población China se encontraba asolada por hambrunas y grandes bolsas de pobreza, en especial durante el periodo de la «Revolución Cultural», entre 1966 y 1976, un periodo enormemente autocriticado por el Gobierno Chino. La respuesta del Gobierno desde 1978 ha sido desarrollar características inequívocamente capitalistas dentro de la economía, impulsando el sector privado como máxima prioridad junto a la inversión extranjera, si bien se mantiene la regulación estatal y el peso determinante de la empresa pública, junto al desarrollo de derechos sociales para la población.

El resultado es una superpotencia en la que el debate sobre el socialismo ha sido sustituido por el debate sobre el desarrollo económico y el impulso del mercado, reproduciéndose en determinados casos las contradicciones del mercado, y dando lugar a una nueva burguesía nacional, pero que por otro lado ha superado el retraso histórico del feudalismo y ha logrado redistribuir parte de los beneficios para la consecución de derechos sociales superiores al del resto de países en vías de desarrollo, avances que hace 60 años habrían sido impensables en un país de tales dimensiones.

Ausencia de represión religiosa y discriminación en el Tibet
Más allá de los debates políticos citados arriba, hay una realidad incontestable en China: la ausencia de represión religiosa contra las minorías. La estampa de Lasha, la capital de la región autónoma del Tíbet se encuentra a años luz de la que se nos ofrece en los medios de comunicación occidentales. Lejos de encontrar las imágenes de represión y persecución religiosa propias de la Revolución Cultural, la capital política y religiosa del Tíbet, dominada por el majestuoso Palacio de Potala, rebosa de habitantes tibetanos que practican su religión, girando sus ruedas de oración y repitiendo sus mantras con absoluta normalidad, así como peregrinando a los diversos templos tibetanos rehabilitados por el Gobierno Chino.

Todos los responsables políticos del PCCh con los que nos entrevistamos coinciden en calificar como un error absoluto la política de destrucción de templos y persecución religiosa de la Revolución Cultural, y desde entonces el Gobierno Chino ha realizado un gran esfuerzo en la reconstrucción de estos espacios de gran valor patrimonial y cultural, aportando además un elemento de gran peso económico para el Tíbet: el turismo cultural.

Esto ha permitido también que en esta región pobre, gobernada hasta 1959 por una teocracia lamaísta, se logren determinados avances sociales. Un simple ejemplo de la transformación de esta antigua sociedad de siervos es que de los tres centros sanitarios existentes bajo el gobierno de Dalai Lama, se ha pasado a 1.300 centros de salud, con un personal sanitario compuesto por más de 1.300 trabajadores, alcanzando 2,5 camas de hospital y 3,05 médicos por habitante, lo que ha permitido extender la media de edad de 35,5 años a 67 años en la actualidad.

* Profesor de Antropología

Por motivos de espacio, esta contraportada recoge un fragmento del artículo, que puede consultarse íntegramente en la página web de Mundo Obrero: http://www.pce.es/mundoobrero/index.php

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