Mundo Obrero: ¿Cómo ha sido el trabajo en el CAUM durante este tiempo?
Vicente Romano:
No muy gratificante. Lo digo, sobre todo, por la escasa participación de los socios en las actividades y en la vida del CAUM. Es de lamentar que no se aproveche más y mejor este espacio de tan larga tradición democrática en Madrid. El CAUM, el Ateneo, la Casa Encendida y el Círculo de Bellas, al que no se puede acceder sin pagar, son los únicos lugares de encuentro que quedan en nuestra ciudad. El capital ha privatizado, mercantilizado, los lugares públicos del encuentro, que a mí me gusta llamarlos lugares del tiempo. Esto es, lugares que formen parte del tejido social de manera que se visiten cotidianamente y fomenten las relaciones comunicativas múltiples y creativas. La democracia implica necesariamente espacios abiertos a los que todos puedan acceder. Y el CAUM se mantiene abierto en un pie gracias al generoso esfuerzo de un puñado de altruistas. Y esto sí que es placentero.

M.O.: ¿Se necesita un cambio en los valores de la sociedad actual?
V.R.:
Suena a pregunta retórica, pues no cabe otra respuesta que el sí. Hasta algunos eximios representantes del sistema se atreven a hablar de poner orden en este desbarajuste social. Pero el capitalismo no es planificable, como afirma Jutta Dirfurth. Lo que predomina es la cultura de la competitividad, esto es, la ley de la selva, de la animalidad (aceptada incluso por la susodicha izquierda), de la explotación de los muchos débiles por los pocos fuertes, de la comercialización de los sentimientos y de la intimidad, en suma del valor de cambio. En estos periodos de crisis se puede apreciar adónde lleva este sistema de valores. Ante esta cultura deshumaniza se imponen, por tanto, los valores de la solidaridad y la cooperación activas, el valor de uso, la rentabilidad social, en suma el humanismo revolucionario, sinónimo de socialismo.

M.O.: ¿Cómo se impone la formación de la conciencia social?
V.R.:
Supongo que aludes a la formación de la mentalidad sumisa, título de un librito mío que lleva ya diez o doce ediciones y su traducción a un par de lenguas. La formación de la conciencia social la explicaron ya hace tiempo Marx y Engels, esos gigantes sobre cuya chepa caminamos los demás. En cuanto a la formación de la mentalidad sumisa, esto es, a la aceptación de los valores alienantes de esta sociedad, creo que conviene tener en cuenta, a mi modesto juicio, tres factores principales: la escuela, la violencia y el entretenimiento. La inculcación de valores se inicia en la escuela, en la que se entra cada vez con menos años. Empieza aquí la socialización, esto es, la adaptación a la sociedad existente. En la escuela española perduran aún, como es bien sabido, muchos valores franquistas. Pero la principal fuente de formación la constituyen hoy los medios, en particular la TV y, cada vez más, Internet, eso que el reaccionario McLuhan llamaba «el aula sin muros». Como segundo factor de la formación de la opinión está la violencia. Sobre todo la violencia simbólica o psicológica, más que la física. Esto es, el poder de imponer la validez de significados mediante signos y símbolos hasta el punto de que la gente se identifique con ellos. El entretenimiento, una de las principales industrias de esta sociedad, está configurado para reforzar los valores inculcados en la enseñanza y a través de la violencia. En el libro mencionado se explica el funcionamiento de este entrenamiento para la sumisión.

M.O.: Tecnología y progreso social, ¿contradicción o relación?
V.R.:
Desde la Ilustración predomina en la cultura occidental la idea de que la ciencia, la tecnología y la propiedad privada, eso que se llama economía de libre mercado, producen la «riqueza de las naciones» y la libertad del ser humano. Pero sabemos que esa concepción optimista no se ajusta a la realidad. Ecologistas, feministas, socialistas, algunos economistas críticos, etc. Señalan que esta tecnología, o al menos el uso capitalista que se hace de ella, no hace sino degradar más el trabajo humano y la naturaleza. Los cambios tecnológicos afectan, claro está, las relaciones sociales, esto es, a la comunicación. Sí, las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) ofrecen una oportunidad sin igual para adquirir conocimientos que los medios tradicionales dominantes ocultan o silencian, para conocer otras culturas y otras luchas. Pueden ser instrumentos para el desarrollo de la solidaridad y la cooperación. Pero a condición de que todos tengan acceso a ellas. Ese acceso está hoy limitado a los pocos países y sectores de la población ricos, mientras que la mayoría de los países y habitantes del mundo carece de ellas. Un tercio de la población del mundo pasa hambre y sed, y no sólo de justicia como reza el evangelio cristiano. El desarrollo sano de una sociedad, el progreso bien entendido, sólo puede medirse por el perfeccionamiento de la organización social, esto es, una organización que supere las numerosas y sangrantes exclusiones y contradicciones que aquejan a esto que eufemísticamente se denomina sociedad de la información, de la comunicación, del conocimiento, etc. Y, para mí, la principal contradicción sigue siendo la de que este desarrollo tecnológico se rige por las ventajas de los pocos, por criterios de rentabilidad financiera, y no por criterios de rentabilidad social, esto es, la mejora de la calidad de vida de los muchos.

M.O.: Hay proyectos alternativos, como Tele sur y otros, ¿son necesarios y qué papel juegan las TIC?
V.R.:
El problema fundamental de la información es el acceso, la participación. A eso se reduce en última instancia la tan cacareada libertad de información, de expresión, etc. ¿De qué sirve esa libertad si se carece de medios para hacer uso de ella? Las TIC y los cambios efectuados en algunos lugares de América Latina constituyen una saludable y necesaria alternativa al monopolio ejercido hasta ahora por el capital. Los medios electrónicos alternativos, como Rebelión o Insurgente, o canales como Telesur encarnan esa necesidad de información en beneficio de los muchos, Claro, que su acceso está todavía muy limitado por razones económicas, políticas, culturales, etc. Me parece que los gobiernos venezolano, boliviano y ecuatoriano se han dado perfecta cuenta de la importancia de disponer de medios propios, para contrarrestar el dominio de las conciencias por lo medios ajenos, esto es, los de sus adversarios. Por eso se han lanzado a la creación de periódicos, radios, televisiones, etc. Porque, en última instancia, se trata de eso, de la ampliación de las conciencias de los muchos y descubran sus intereses y sus razones. Porque, como decía Brecht, ¿de qué me sirve tener razón si nadie me la da?

M.O.: Eres un enamorado de la obra de Brecht, ¿está aún de actualidad?
V.R.:
Sí, sigo siendo un ferviente enamorado de Bert Brecht. Yo lo empecé a leer cuando era estudiante en Münster, República Federal de Alemania, en libros clandestinos que llegaban de la RDA (República Democrática Alemana). Su obra y su teatro didáctico, su denuncia de la explotación humana, conservan su actualidad. Brecht sigue siendo uno de los principales dramaturgos del siglo XX, como lo es nuestro Alfonso Sastre, por mucho que se le silencie, discrimine y hasta criminalice.