Silbando La Internacional

Egipto y capitalismo. Libertad real y democracia formal

La revuelta de Egipto, que no revolución en sentido pleno, hasta ahora, se gestaba desde hace tiempo en las profundidades sociales, con algún chispazo visible esporádicamente y se produce por varias razones esenciales: vivir, o sea comer y gozar de servicios básicos; libertad para expresar lo que se quiere y denunciar lo que no y para que ello no comporte ser detenido, torturado o eliminando físicamente, en algunos casos; la corrupción generalizada que enriquece a una minoría; la solidaridad con el pueblo palestino y de rechazo popular a la actitud humillante del gobierno de Mubarak con el sionismo de Israel.

Desde el occidente cómplice de Mubarak (EE.UU., Europa, Israel y demás aliados) después de un primer momento de perplejidad por los problemas del aliado necesario, se decide apoyar el movimiento contra Mubarak y lo que representa, pidiendo al gobierno y al ejército egipcio, pagado y adiestrado en EE.UU. y otros países, que controlen el asunto para que no se les vaya de las manos. Y declaman con tonos falsarios que Egipto quiere democracia, la de occidente.

Afirmo que si esto es lo que consigue la revuelta, una democracia formal sin más, continuarán pasando hambre y tendrán una represión menos brutal pero igualmente eficaz para defender el sistema.

Egipto es un motivo para hablar de aquí. Aquí, en el occidente maestro de democracia y cómplice de todas las tiranías amigas y sumisas al sistema.

Después del desastre económico-social actual y las alertas sobre destrucción ecológica acelerada, no se ha establecido ningún debate político, social e intelectual sobre el tipo de sociedad justa posible, sino una acción contra los derechos. No contra el derroche, el exceso, la especulación, la corrupción y el consumismo, sino contra las normas y derechos que son la base de esta sociedad. Se les permite sin casi rechistar la charlatanería sobre Egipto, o sobre el Muro de Berlín (a los 20 años de su caída) y no se les cuestiona a fondo, para echarlos, su actuación delincuente con resultado de crisis sociales, y los muros que levantan en Palestina o en la frontera mexicana, con más muertos en un año que en los 30 del muro de Berlín. El hundimiento de la URSS, o el Muro, será para ellos un argumento para lo que resta de siglo cada vez que algo o alguien amenace sus intereses y privilegios.

Decía que la implantación de una democracia a la occidental en Egipto cambiaría la superficie de las cosas y las formas, pero no serviría para solucionar sus problemas socioeconómicos vitales. Detrás del concepto de democracia representativa o formal se esconden amplias zonas de miseria en los países desarrollados y mayorías pobres e indigentes en los eufemísticamente llamados «en desarrollo» con sistemas políticos emulables con «occidente».

Cada vez hay menos democracia real en nuestro primer mundo; cada día hay menos libertad; cada día se reducen derechos sin resistencia, cada día se liquidan puestos de trabajo con la excusa del mercado; cada día se bajan salarios y pensiones, mientras se pagan dividendos de escándalo en las grandes empresas, bancos y financieras, premiando así a los responsables y cómplices del empobrecimiento de millones de personas.

Cada día, un sistema que se lucra con las subvenciones y el dinero público, combate todo lo público, (incluido pensiones, salud y educación) exigiendo la privatización y la liquidación de cualquier signo de planificación.

El mercado, tal cual lo han organizado desde el capitalismo neoliberal, no crea de forma justa, racional y equilibrada una riqueza útil, necesaria a toda la sociedad. El aumento del PIB, sagrado para su filosofía, no reduce la pobreza, sino que aumenta las desigualdades. El PIB no sirve para medir y valorar lo necesario para el bienestar general. Es imprescindible hablar de índice de desarrollo humano y de bienestar colectivo digno y no de PIB.

Crean las crisis, las miman y desarrollan, funden las economías, roban a la clase trabajadora y a los que ni siquiera lo son por falta de trabajo y continúan mandando como si nada.

En definitiva, Egipto ha demostrado en menos de un mes que el régimen de Mubarak, amigo y aliado de USA, Israel y Europa, era un régimen injusto y represivo que mantenía en la pobreza a una gran parte del pueblo egipcio. Segundo, el llamado occidente lo ha apoyado hasta el último minuto. Tercero ha habido una revuelta con exigencias y reivindicaciones populares elementales, que veremos como son atendidas por las nuevas autoridades, las militares y las que surjan del proceso constituyente. Cuarto, occidente trabaja a marchas forzadas con sus servicios de información y embajadas para controlar el proceso e impedir que desborde los límites que impone. Y por último ¿Cuándo en el llamado occidente habrá una revuelta social para hacer frente a los problemas que crea el capitalismo neoliberal?

La izquierda que no renuncia a principios y valores más justos y necesarios que nunca, debe construir la palabra y la acción para combatir la injusticia y el saqueo por los de siempre y avanzar hacia un mundo más habitable. Es tarea en cada país y es tarea para coordinar esfuerzos comunes. Esta es la lección del movimiento popular egipcio.

http://franciscofrutos.blogspot.com

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