Ni dios ni amo

El voto

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Cuesta comprender cómo en las pasadas elecciones, tanto municipales como autonómicas y generales, la mayoría de los votantes dieran su respaldo al Partido de la Pobredumbre, comúnmente conocido como PP. Por más que me devane la sesera, solo encuentro explicación en el hábito de la desmemoria, extendido como una plaga a lo largo y ancho del Estado Español, y también –y sobre todo– en el éxito de una campaña de marketing consistente en no decir nada de lo que se piensa hacer, sino hablar de lo mal que lo hace el resto. Y es que en realidad así ha sido. La repetición machacona con la que se acusó al gobierno del PSOE de improvisación y falta de seriedad, caló bien hondo en la población, a la vez que ocultaba que lo que pensaba hacer el PP, una vez tomado el poder en sus manos, era lo mismo que ya se estaba haciendo, pero a lo bestia; bestia como es su particular bestia estilo bestia a lo bestia.

No en vano, y en virtud de esa misma estrategia de marketing, una de las primeras medidas que tomaron ese grupo de fascistas llamado gobierno, fue dejar en manos de la vicepresidencia el absoluto control de los servicios de información, seguido lo cual, acometieron el de la televisión pública –las autonómicas ya estaban a su dictado en su gran mayoría-, con lo que ya tenían los instrumentos necesarios para poder extender sus mentiras atenuando el peligro de que aparecieran como tales.

Al principio la herencia recibida por el anterior gobierno –“socialista”, remachan siempre– fue culpable de la situación económica, la cual, no tenían más remedio que afrontar con seriedad, recortando y cortando a diestro y siniestro. Luego fue “el no hay dinero”, y, también con seriedad, nos quitaron más de lo poco que ya teníamos. Pero ambas cosas son falsas.

De la situación económica tiene culpa este golpe de estado global que estamos viviendo dado por las grandes corporaciones, unas pocas familias y un reducido grupo de especuladores financieros que no solo están ahogando la economía real de los países del primer mundo, sino que están masacrando a la mayoría de la población mundial, la que vive en los países del tercer mundo, sumiéndola en hambrunas jamás imaginadas provocadas al dictado del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. En cuanto a la repetida frase de “no hay dinero”, si no fuera por su impacto en la población, darían ganas de echarse a reír, porque si no lo hay realmente, ¿de dónde sale el que se le regala a la banca, a la Iglesia, la monarquía, compañías farmaceúticas y de armamento, etc., etc.?.

Sin embargo, por más que exista una absoluta y justificada irritación en la población, los falsos mensajes de los mamporreros del más cruel de los aspectos del capitalismo, que es lo que son estos sujetos y sujetas del PP, por obra y desgracia de los medios de comunicación en su poder, acaban por asentarse en la opinión pública. De ahí esa sensación de ser víctimas de un cierto determinismo que se traduce en buscar culpables cercanos, ya sean los políticos o incluso nosotros mismos cuando decimos que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Cunde entonces el desánimo y el creer que por más que nos joda, no hay otra cosa que hacer que esperar a que la tormenta amaine.

Pero tampoco eso es cierto. Ahí están ejemplos como los países del A.L.B.A. que se han negado a seguir las ordenes de los capitanes del capital. O más cercanos, como el de Marinaleda.

Como decía Emma Goldman: “Si el voto cambiara algo, estaría prohibido”. Y la verdad, cambiar no cambia, pero depende cuál sea, ayuda a aumentar o a frenar el saqueo.

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