En estos días de tanta incertidumbre, donde los economistas son los sacerdotes depositarios del oráculo de Delfos, se agradece infinitamente la vuelta a la sencillez, a las canciones que reivindican la palabra, a los poemas transmisores de sentimientos nobles. Dos nombres hacen honor a este ejemplo, uno fallecido en 1967 y del que se celebra este año el centenario de su nacimiento (Oklahoma, 1912), Woody Guthrie, y otro aún vivo, Pete Seeger, con 93 años. Los dos han marcado la historia de la música folk y rock de la segunda mitad del siglo pasado, han inspirado a músicos fundamentales -Bob Dylan, Bruce Springsteen, Jeff Tweedy, tres sólidos eslabones, por ejemplo- y sus letras revestidas de una humilde, a la vez que directa, melodía con acordes y punteos de guitarra están grabadas con tinta indeleble en el imaginario colectivo del rock. Ambos, Guthrie y Seeger, amigos, compañeros, nunca olvidados, traídos a la actualidad musical con la publicación de dos discos en los últimos meses.
Sobre letras inéditas de Woody Guthrie, cuatro músicos de la escena folk estadounidense -Jay Farrar, Will Johnson, Anders Parker y Yim Yames-, y gracias a la iniciativa de la hija de Guthrie, Nora Guthrie, han grabado un disco sensible, bello, hiriente, emotivo, que han titulado ‘New Multitudes’ (Rounder). El título proviene de la última canción de las doce musicadas, en cuyo texto se lee: “Dadme mis nuevas multitudes/(…) voy a ganar mi batalla por la paz/ (…) voy a levantar de nuevo mi viejo mundo / (…) voy a convertir esta tierra en el paraíso / (…) voy a construir mi mundo con amor”. Guthrie escribía y escribía sin parar, incluso en los 13 años previos a su fallecimiento en los que una enfermedad neurodegenerativa le mantuvo postrado en una cama. Toda su vida había sido un ir y venir de acá para allá, de pueblo en pueblo, oyendo a la gente olvidada del gran Estados Unidos, dando voz a sus vidas miserables, denunciando la opresión durante la Gran Depresión, alzando su voz contra el fascismo, rebelándose contra las injusticias sociales. Por supuesto, no se hizo rico. La música para él no era esa industria de hacer dinero en la que años después se convirtió. El otro, Pete Seeger, sigue ahí, a sus 93 años, viviendo con la misma modestia que ya le caracterizaba en su juventud. De Seeger se acaba de editar ‘The Complete Bowdoin College Concert 1960’ (Karonte).
La pregunta surge de inmediato. ¿En dónde descansa la robustez de estos dos bardos, trovadores, para que sus canciones atraigan el interés de los músicos actuales? Quizá sea así por una paradoja: nunca buscaron trascender, fueron honestos, no se desviaron de sus ideas, no se vendieron a la industria del dinero, no tomaron el éxito como una recompensa sino como un impulso para llegar a más gente. Guthrie no se rindió nunca, incluso cuando le daban ya por desahuciado al ingresar en un hospital psiquiátrico de Nueva Jersey en 1956 él respondió con una canción llamada ‘I ain’t dead yet’, es decir, ‘Aún no estoy muerto’. Y el día que murió, su amigo Pete Seeger recordó estas palabras: “Nunca morirá mientras haya gente que cante sus canciones.”
Sus canciones son tan poderosas que reverdecen de la mano de los nuevos cantantes folk-rock anglosajones; son contemporáneas porque las desgracias y las injusticias caen siempre del mismo lado a pesar de los años transcurridos. Woody Guthrie escribió unas 2.500 canciones; Pete Seeger no sé cuántas y las que le quedan aún por componer, porque este hombre enjuto, austero y cabal sólo tiene en la cabeza escribir, no mirar a lo ya grabado.







