Cuando en cierto momento el presidente Donald Trump respondió con desenfado a las críticas por el alto costo fiscal de la guerra desatada por Estados Unidos contra Irán, diciendo que eso no importaba, pues, al fin y al cabo, era Venezuela quien la estaba financiando, pocos le dieron importancia.
Al menos, autoridades del gobierno provisional de Caracas no se inmutaron ni se pronunciaron públicamente; tampoco respondieron al Sr. Trump y, mucho menos, anunciaron que ejercerían acciones legales contra lo que acababa de firmar de administrar el crudo nacional y el dinero de sus ventas.
Pero hace unos pocos días, el The Financial Times reveló que “el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recaudado más de 13 mil millones de dólares en ingresos por la venta de petróleo venezolano este año, pero no ha explicado qué ha sucedido con ese dinero”.
Es muy triste ver esas afirmaciones que seguramente el Financial no ha inventado, y se publican, por demás, cuando las personas que están al frente de una administración irregular y con un manejo crítico de las finanzas nacionales, aducen escasez de recursos para enfrentar los terribles daños materiales ocasionados por los dos recientes terremotos que devastaron las zonas afectadas, en particular La Guaira.
También es muy desagradable recibir ese mazazo del Financial, ante la oferta miserable de Estados Unidos de apoyar a los venezolanos con 150 millones de dólares que el Tesoro los gasta en una hora abasteciendo de refrescos embotellados a sus oficinas en los 50 estados.
No creo, en realidad, que esos dineros hayan servido para cubrir los enormes gastos del despliegue de barcos, aviones, misiles y los contingentes militares que participan en la agresión al pueblo persa desde las bases yanquis en las monarquías del golfo y en Israel, sino que esos dineros están repartidos en las arcas de las empresas petroleras y de los multimillonarios que integran la dictadura trumpista.
Recuerdo que en el primer gobierno de Trump la prensa comenzó a especular sobre su fortuna personal porque se negó a declarar su fortuna, y se escribió mucho acerca de que supuestamente tenía atesorados unos tres mil millones de dólares.
Al mandatario no le acomodó la cifra y salió al paso de las especulaciones. Aseguró tener 10 mil millones, pero nunca lo confirmó ni lo probó. Fue entonces que, ya en broma, ya en serio, empezó a decirse que el empresario inmobiliario ya planeaba robar siete mil millones de dólares en su mandato.
Si el Financial habla de esos 13 mil millones solo por concepto de venta de petróleo ajeno, no hay por qué dudar de que su riqueza personal y familiar haya alcanzado realmente los 11 dígitos.
Trump, empresario ya no solo inmobiliario, convirtió al gobierno en una sucursal de sus negocios —para no decirlo al revés, que sus empresas son las filiales—, y lo ha estado exprimiendo desde todos los ángulos en beneficio propio. Él cínicamente lo considera un hecho normal.
Sé, por experiencia, que los venezolanos de a pie deben estar muy molestos y enojados al conocer esos números y la infamia que hay detrás de ellos. El propio Financial hizo la valoración de su significado. Escribió: “Los ingresos petroleros representan alrededor de una cuarta parte del producto interno bruto (PIB) de Venezuela, y se esperaba que el levantamiento de las sanciones proporcionara un impulso importante a la economía, que ya estaba en crisis, incluso antes de los devastadores terremotos del mes pasado”.
Cuando la primera campaña electoral de Hugo Chávez, que concluyó el 6 de diciembre de 1998 frente al poderoso hacendado Henrique Salas Römer, abanderado del partido Proyecto Venezuela, y su hijo, Henrique Salas Feo, gobernador de Carabobo, los grupos que lo apoyábamos enarbolamos como consigna la recuperación del petróleo de manos de las transnacionales yanquis y europeas y, junto a ello, la limpieza a fondo de PDVSA, corroída por tanta corrupción.
Es decir, la batalla por el petróleo había comenzado mucho antes de la presidencia de Chávez, y estuvo en el centro de la acción del 4 de febrero de 1992 del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR 200) encabezado por él cuando advirtió que la rendición de sus combatientes había sido “por ahora”.
La vida lo demostró y confirmó aquel glorioso 6 de diciembre de 1998, cuando le sacó una ventaja de 16 por ciento a Salas Römer y se instaló en la historia de la patria de Simón Bolívar, el primer gobierno inspirado en las ideas de El Libertador.
No es posible que la jurisprudencia internacional acepte sin chistar, ni tomar medidas correspondientes al derecho internacional ni a la Carta de Naciones Unidas, la arrogante, ilegal y arbitraria vulneración de los principios imperativos de soberanía permanente sobre los recursos naturales y la prohibición de la expropiación ilícita que, por sí solas, deberían activar mecanismos específicos de reparación y justicia universal.
Habría que decir, como Chávez, que esa bárbara piratería del siglo XXI no ha sido castigada, pero “por ahora”.
Fuente: almaplus.tv







