Música

Sin perder la base: el blues

Han pasado ya más de cien años y ahí sigue el blues como uno de los pilares más sólidos de la música actual. Es la cuna o la raíz de todas la músicas populares donde las composiciones adquieren consistencia con sus tres ingredientes primarios: base rítmica, armonía y melodía. Estas piezas, por sí mismas, no explican el por qué músicos de muy diversa índole se sienten tentados por blues, atraídos por su magnetismo. Ese algo misterioso no es otro que ser una de las herramientas expresivas más idóneas para extraer los sentimientos adheridos a la piel. Las pruebas son múltiples, sin necesidad de recurrir al pasado.

En España, los guitarristas flamencos y de rock sienten pasión por el blues. Los muchos festivales de jazz de nuestro país siempre incluyen veladas de blues, que suelen ser de las más agradecidas por el público ya que el blues no es sólo ese pulso cadencioso con una voz por la que emergen las penas de corazones rotos, sino que ofrece variantes múltiples que animan la fiesta. Para el artículo de este mes, traigo dos discos, uno publicado el pasado año y otro hace escasas semanas.

En 2011, uno de los sellos legendarios del blues rítmico de guitarra eléctrica de la ciudad norteamericana de Chicago cumplió 40 años. Con tal motivo, publicó un excelente recopilatorio en dos CDs: ‘Alligator Records: 40th anniversary collection’. Detrás de esta discográfica está Bruce Iglauer, quien en 1971 realizó las primeras grabaciones a músicos de esta ciudad para luego extender su catálogo a músicos de otros estados. Cuenta así cómo se enamoró del blues: “Se podría decir que Alligator Records nació en enero de 1970 en el bar Florence’s Lounge, situado en la parte sur de Chicago. Era un domingo por la tarde. Entré en el club, hasta arriba de gente bailando, bebiendo, riendo. Me traspasó esa alegría, esa energía cruda del boogie blues eléctrico. Era simplemente la música más feliz que jamás había oído y supe que tenía que grabarla”.

Eso fue lo que haría y lo que sigue haciendo Bruce Iglauer en este sello. Este doble CD tiene a más de 40 bluesmen, parte de lo mejor del género, con temas de una fuerza inconmensurable. El arranque de Koko Taylor te deja pegado a la silla y el cierre de JJ Grey es para lamerse de gusto, en un broche más del estilo blues-gospel. El disco viene con un libro en el que se resume en media página quién es cada uno de los seleccionados bajo el lema de esta compañía disquera: ‘Genuine HouseRockin’ Music’, que en una traducción muy libre sería algo así como ‘genuina música agitadora del cuerpo’. Alligator Records, en estas cuatro décadas, ha ampliado sus grabaciones a otras fuentes como el rock, el soul y el gospel, pero manteniendo su espina dorsal: grabaciones de música honesta imbuida de blues, esa que mueve los pies y apacigua el alma.

Siguiendo con el blues, qué escribir de Van Morrison y su nuevo trabajo, ‘Born to sing: no plan B’ (Exile / Blue Note). Es blues, es jazz y algo menos de soul. Es su trabajo número 35 como solista, tras cuatro años de silencio discográfico. El álbum es impecable en la producción, agradable de escucha, más jazzístico que de costumbre. Pero no está entre sus mejores trabajos. Las letras redundan en la vertiente mística y religiosa del músico, lanzando diatribas contra el dinero, un aspecto contradictorio en su vida. Dejemos constancia de que él es irlandés y que Irlanda es uno de los países que conoció el éxito económico falso y hoy es uno de los rescatados por el dinero de la Unión Europea. ¿Nos suena familiar esta historia?

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