La ONU ha establecido una excepción, que autoriza en Bolivia el cultivo de coca para masticar. Así el país andino se reincorpora a la Convención sobre Estupefacientes de la que se había retirado por la prohibición de esa costumbre tradicional que aumenta la resistencia al mal de altura y a los esfuerzos laborales.
El siguiente paso sería que la Organización Mundial de la Salud deje de considerar a la coca como una droga. La Constitución de Bolivia establece que “el Estado protege a la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural, recurso renovable de la biodiversidad y factor de cohesión social”.
México, Rusia, Israel y los gobiernos más importantes de la Unión Europea (Alemania, Gran Bretaña y Francia) se oponían a la excepción para Bolivia pero no consiguieron la mayoría entre los firmantes de la Convención que han autorizado el acuerdo.
Se impone así el criterio boliviano para distinguir entre la coca masticada y el consumo de cocaína, recuperando el respeto para una tradición ancestral.







