Título original: Amour.
Título en España: Amor
Dirección y guion: Michael Haneke.
Países: Francia, Austria y Alemania, 2012.
Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert.
Producción: Margaret Menegoz, Stefan Arnd, Veit Heiduschka y Michael Katz.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: Nadine Muse y Monika Willi.
Distribuidora: Golem.
Estreno en Francia: 24 Octubre 2012.
Estreno en España: 11 Enero 2013.
Tres años después de “La cinta blanca”, el alemán Michael Haneke volvió a triunfar en el festival de Cannes y en la Academia del cine europeo (entre otros numerosísimos galardones) con su siguiente y última obra maestra, “Amor”. Y mucha atención, porque en Hollywood la han nominado nada menos que a cinco Oscars.
A cualquiera que haya seguido la trayectoria del director austroalemán le habrá producido extrañeza el título, pues pocos conceptos como el que enuncia son tan ajenos a su filmografía. En ésta la violencia, el odio, el racismo, la represión, la manipulación, la lucha de clases… elementos constitutivos del sustrato básico de las relaciones humanas en la sociedad capitalista occidental, y como correlato de todos ellos, el dolor y el malestar profundo de sus infelices ciudadanos, establecen las fronteras de un territorio diseccionado y analizado con precisión quirúrgica. Excluido en este corpus creativo todo rastro de sentimentalismo, tanto en términos estilísticos como temáticos, hace su aparición por primera vez el amor en estado puro. Salvo que la memoria nos traicione, desde “El video de Benny” (1992) y “Funny Games” (1997) juraríamos que esa es la gran novedad en todas sus películas estrenadas en España. Huelga decir que el concepto está absolutamente desprovisto de cualquier connotación romántica; amor como entrega a la persona amada en los momentos más críticos de la vida, en los que no es esperable ninguna gratificación que no sea la que otorga la noción de fidelidad a sí mismo y a sus principios. Y Haneke lo muestra, como decíamos, con su acostumbrado distanciamiento, una frialdad estilística que corre en paralelo a la discreción con que los personajes hacen gala de sus sentimientos.
De inmediato, desde la primera secuencia, reconocemos la fuerza perturbadora de cualquier filme de Haneke. La policía y los bomberos irrumpen destrozando la puerta en un lujoso apartamento parisino y descubren el cadáver de una anciana tendido sobre su cama. La pestilencia y el visible estado de descomposición golpean los sentidos de los intrusos y trasmiten una insoportable tristeza al patio de butacas. Con este desenlace tan doloroso el director nos da la bienvenida a una historia cargada de fatalidad humana.
Dos maravillosos actores, Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, dan vida a la relación matrimonial harmoniosa de dos octogenarios cuyos últimos días se ven convulsionados por la enfermedad degenerativa de la mujer. Con infinita paciencia el hombre se ocupa de ella desafiando a sus cada vez más mermadas fuerzas, testimoniando su apasionada entrega, conmovedora demostración de la autenticidad de sus afectos. La enfermedad avanza y sus estragos hacen progresivamente insostenible la situación, en paralelo con el nudo que se va instalando en la garganta del espectador.
John Waters, el estrafalario director de “Pink Flamingos” (1972) proclama: “Amor hace que cualquier entrega de la saga Saw parezca una comedia romántica”. Debajo de la “boutade”, de la exageración con ánimo provocador, subyace una reflexión muy atinada sobre la naturaleza profunda de la violencia. Pero aquí no se trata de la violencia que unas personas ejercen sobre otras, ni siquiera de la violencia estructural de la sociedad, asunto principal en la obra de Haneke, sino de la violencia consustancial a la propia existencia, cuya visión cruda y descarnada, tal como se muestra en el filme, nos golpea mucho más íntimamente que la banalización sanguinolenta que Waters menciona.
RECOMENDACIONES
Lincoln, de Steven Spielberg. Lección de Historia, de política y de cine. El filme más racional y menos sentimental de Spielberg. Monumental. Nos quitamos el sombrero ante Daniel Day-Lewis (de Oscar).
El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo. Tercer largo de un director, siempre interesante, que huye de las convenciones. Con un José Sacristán imperial, que ganará por fin –le auguramos- un más que merecido Goya.
La noche más oscura, de Kathryn Bigelow. El contraplano de la famosa foto del gabinete Obama asistiendo al asesinato premeditado y planificado de Bin Laden. Digan lo que digan sus autores, los muchos, muchos kilates de cine no ocultan una peligrosa apología de los métodos de la CIA.
Operación E., de Miguel Courtois. Luis Tosar, impresionante como acostumbra, en la piel de un campesino colombiano. Interesante relato centrado en las idas y vueltas de las negociaciones entre el estado y las FARC.








