Menéndez desplegó una intensísima labor de apoyo a los combatientes republicanos

Julián Menéndez, clarinete republicano

Sabemos que las interpretaciones de Julián Menéndez fueron para el público y críticos de la época una delicia, pues tenía un precioso sonido, musicalidad, estilo y dominio técnico

Imposible eludir en esta ocasión la sugerencia de mi buen amigo Ángel Cruz. Si en la anterior entrega de esta serie recordábamos la figura del músico clarinetista y director de orquesta, Artie Shaw, quien expulsado por el ambiente nocivo que estalló durante la llamada ‘Caza de Brujas’ en EEUU, finalmente recaló en un tranquilo pueblo de la Costa Brava catalana. Así, de clarinete a clarinete, Ángel me puso sobre la pista de Julián Menéndez, considerado uno de los más ilustres representantes de la Escuela Española de Clarinete y una de las figuras más relevantes del panorama ‘clarinetístico’ español de los últimos dos siglos. Continuador de la obra de Antonio Romero -el primer gran representante de esta Escuela-, realizó una exhaustiva revisión y ampliación de su metodología. Otro dato esencial, nuestro clarinete solista era republicano…

Julián Menéndez nació en Santander, estudió solfeo, piano y clarinete en la academia de música de Bilbao. A la temprana edad de once años pertenecía a la Banda Municipal de Bilbao y antes de cumplir los veinte ya tenía la plaza en la Banda Municipal de Madrid. Eran los primeros pasos de una carrera que le llevaría a la Orquesta Filarmónica de Madrid y más tarde a la Sinfónica, así como iba despuntando en el Real Conservatorio de Música. Por las referencias que sobre Julián Menéndez hemos podido consultar, sabemos que sus interpretaciones fueron para el público y críticos de la época una delicia, pues tenía un precioso sonido, musicalidad, estilo y dominio técnico. Al parecer, los “ojeadores” americanos se fijaron en él y trataron de ficharlo para la orquesta de Philadelfia, pero no quiso marcharse.

Una de las facetas que más ha cultivado Menéndez ha sido la transcripción. En este arte pasa por ser un verdadero maestro, que ha dedicado su esfuerzo en investigar el repertorio de los compositores románticos y contemporáneos para llevarlo a su instrumento en las tonalidades más atrevidas y exigentes. Además de las transcripciones para clarinete, se destacan de forma muy especial las que dedicó a la Banda Municipal de Madrid, que se cuentan hoy entre las mejores del género. El propio Igor Strawinsky dijo, a propósito de la magnífica transcripción de su ‘Consagración de la Primavera’ hecha por Menéndez, “que no sabía qué era más difícil, si crear la obra o transcribirla para Banda”.

De su otra faceta “esencial” sabemos que, con la Banda Municipal de Madrid dirigida por Pablo Sorozábal, Menéndez desplegó una intensísima labor de apoyo a los combatientes republicanos en un sinfín de conciertos organizados para dar ánimo y recaudar fondos. Entre febrero de 1937 y abril de 1938, la banda actuó en Lliria, y el maestro Sorozábal recuerda en sus memorias el entusiasmo que despertó la presencia del músico después de interpretar la Rapsodia nº 2 de Liszt: “Había que ver a todos los clarinetistas de Llíria arrimados a Julián Menéndez “.

Josep Renau, director general de Bellas Artes en el año 1937, así como presidente del Consejo Central de la Música, apoyó la creación de la Orquesta Nacional de España, destinada a ser el instrumento de interpretación y difusión de la gran música. Julián Menéndez entró a formar parte como clarinete solista. En esta época vivía entre Barcelona y Valencia, para poder compaginar las actuaciones con la Banda y la Orquesta. Hace unos años, con motivo del centenario del nacimiento de Josep Renau (Valencia 1907 – Berlín 1982), la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), organizó un espectáculo homenaje a Renau con el objetivo de ilustrar y evocar lo que fue, en lo musical, la España de la II República y la Guerra Civil. En el Programa que daba vida al espectáculo, junto a nombres como: Dimitri Shostakovich, Bertold Brecht, Hanns Eisler, José Herrera Petere, Erich Weinert, Manuel de Falla, Carlos Palacio, Paul Dessau, Enriqueta Serrano… también había un sitio importante para Julián Menéndez y una de sus obras más significativas, ‘Lamento y tarantela’.

El final de la guerra truncó la trayectoria de Menéndez. En el 1939 llegaron a expulsarlo de un ensayo de la orquesta, salvando su plaza de funcionario de la Banda Municipal por un grupo de compañeros que redactó un escrito en su defensa. Pese a los numerosos problemas que tuvo por sus ideas políticas, Menéndez se mantuvo fiel a la música, dedicándose de lleno a la composición y a la transcripción de obras orquestales para banda. Sin duda fue una injusticia, y también un error histórico, que no pudiera impartir clase en el Real Conservatorio de Madrid. No obstante, la semilla de su sabiduría quedó sembrada en muchos alumnos particulares, así como en varios métodos que aún en la actualidad siguen siendo la columna vertebral de la enseñanza del clarinete en los cursos más avanzados que se imparten en los Conservatorios de Música.

Se jubiló en el año 1955, pero siguió trabajando hasta su muerte, que ocurrió veinte años después. Lamentablemente, el mundo de la grabación ha sido siempre una asignatura pendiente en nuestro país, lo que nos ha privado de toda posibilidad de poder escuchar hoy a este gran virtuoso del clarinete, cuya memoria, no obstante, permanece respetada y admirada entre todos los que le conocieron. Expertos clarinetistas afirman que su sello está marcado en cada una de sus partituras, en las que somete al intérprete a las más exigentes pruebas de dominio técnico y sensibilidad interpretativa.

Desde los años anteriores al desastre del 1.898 hasta el inicio de la insurrección fascista de 1.936, se desarrolló una de las épocas más brillantes de la cultura desde el Siglo de Oro, que se conoce como la Edad de Plata de la cultura española. La música conoció momentos brillantes al sumarse a las populares zarzuelas las obras regionalistas de Manuel de Falla, Isaac Albéniz, Enrique Granados, José Serrano…, y entre estos músicos sobresalientes también habría razones sobradas para incluir a Julián Menéndez, cuya figura nos la hemos de imaginar siguiendo una procesión con su uniforme de la Banda Municipal, tocando el clarinete o en el quiosco del Retiro madrileño.

Para la historiografía musical, fue Mozart el compositor que dio al clarinete categoría de instrumento de primera línea. Amaba su timbre y exploró sus verdaderas posibilidades técnicas y expresivas. A partir de Mozart, se dice, otros compositores se tomaron en serio al clarinete. En las fuentes de este legado bebió Julián Menéndez y, a pesar de las muchas injusticias que sobre él se cometieron, de su magisterio musical brotaron nuevos horizontes para el perfeccionamiento y la creación.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.