Plasmaría yo en papel
gota tras gota de amor,
pero no queda papel, aunque sí amor.
El árbol dejó de ser
usado para papel
porque no había
poetas, y lo usaron para
billetes
porque ahí sí había interés.
Me quedé escribiéndote
con mi sangre en roca,
pero era dura y fría,
y la sangre viscosa.
No había tinta
por no haber papel,
y las rocas las tomaron
para hacerse un cuartel.
Te tallé poemas
en la madera
de mi guitarra
y canté con chuleta.
Pero no había músicos,
y quisieron madera
para sus barcos de guerra.
Te hice la poesía en tu cuerpo,
hasta recorrerlo entero,
y antes de que lo supiera,
ahora comían humanos cuerpos.
Te pensé los versos
para guardármelos
en la cabeza,
pero ahora se vio
que pensar valía billetes,
billetes de papel,
papel donde pude haber escrito
lo que anoté en otro sitio,
quedando claro
que mi papel es no tenerlo
y el suyo es el dinero.







