Tenemos más cuando compartimos que cuando arrebatamos

Tiempo de vodevil

Si el Presidente del Gobierno no entiende ni su propia letra y se tropieza con sus propias palabras, cualquier día de estos nos lo cambian en Berlín por una pantalla de plasma

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Te hablé en mi última carta de esperpentos y comprobé días más tarde que había acertado de lleno cuando salió a relucir lo de Bárcenas. También algún intelectual de batallado prestigio dijo algo parecido sobre el carácter esperpéntico del comportamiento de tu élite. Me consuela comprobar que vamos coincidiendo, intelectuales con bibliografía y plumillas como yo, en sensaciones y opiniones. Quiero decir que parece que la cosa está cada vez más clara: eres un desastre, incluso para tí misma. Y también vamos coincidiendo, cada vez más individuos, en acciones claras, unitarias, imposibles de disimular por mucha desinformación que le viertas por encima: Ya hay más de un millón de personas que se movilizan casi instantáneamente para solicitar la dimisión de tu cúpula del PP o para que los congresistas tengan la oportunidad de leerse lo que la iniciativa popular opina sobre los desahucios y la forma de resolver este drama tan cruel como injusto.

Ya, también, se suceden las mareas de todos los colores y se juntan en una marea ciudadana que tiene que llevarnos hacia un nuevo equilibrio necesario entre lo que somos para tí y lo que queremos ser para nosotros mismos.

Estamos más que nunca convencidos de que tenemos que ser nosotros quienes nos hagamos oír y escuchar, que tus periódicos y televisiones nunca serán capaces de describir lo que ni siquiera sabes mirar limpiamente. Que puede ser que nos mires pero no nos ves. También te miramos asombrados. Sabemos que el fracaso de tu propuesta es evidente para mucha gente que se dejó el voto en tu urna. Ahora ya saben lo que es el voto inútil y también saben que no hay voto útil si se queda solito durante cuatro años, conforme con lo que salga, como un cheque en blanco.

Ahora sabemos que para ser libres hay que ser cultos y educados. Se ha notado mucho por el afán que has puesto en cargarte la Educación. También hemos aprendido que somos lo que tenemos, no lo que nos prestan y que tenemos más cuando compartimos que cuando arrebatamos porque, en esta última tesitura, resulta -además- que nos arrebatan más de lo que creemos haber conquistado. Fíjate que teníamos una Sanidad Universal y a base de personalizarla y privatizarla resulta que vamos a perder la de todos.

Hemos comprobado que la desvergüenza de tus administradores no tiene la menor gracia pícara sino que representa lo más espeso de la insociable e insaciable vida de señoritos que ni siquiera pueden estar a la altura de las exigencias de un liderazgo autoritario. Si el Presidente del Gobierno no entiende ni su propia letra y se tropieza con sus propias palabras, cualquier día de estos nos lo cambian en Berlín por una pantalla de plasma y lo sacan los viernes en el telediario para que vaya comunicando los partes de esta guerra en la que le han dejado el dudoso honor de ser un cornetín de órdenes.

Por eso creo, finalmente, que lo de esperpento queda demasiado elevado para describir esta especie de «comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades». Lo peor es que el vodevil pretendía hacer reír y este espectáculo tuyo no tiene gracia. En cuanto a los números musicales, el coro es cacofónico y desafinado y las variedades se reducen a más de lo mismo, una interminable ristra de chorizos que se pierde en la desvergüenza secular de los aprovechados, o sea, que no tienen originalidad.

Por eso deduzco que, forzados por el malísimo espectáculo que estás ofreciendo, los que estábamos a verlas venir porque nos habían dicho que resultaba más cómodo de espectador, empezamos a no querer dejarte todo el escenario. Incluso queremos cambiar las reglas de la representación. Habrá que estudiar nuevos papeles porque los de comparsa, en estos últimos treinta años, han dado muy malos resultados, tanto que ya no estamos tan dispuestos, como nos quisieron hacer creer, a figurar en el coro de La Zarzuela.

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