Falleció Ray Manzarek, teclista de The Doors

A Ray y esos músicos en la sombra

El martes 21 de mayo falleció Ray Manzarek, teclista de The Doors (1965-1973), a la edad de 74 años, víctima de un cáncer de vesícula biliar. La noticia no pasó desapercibida para todos los melómanos, pero sí para aquellos que siguen la música como una parte puntual de sus vidas y que recuerdan anécdotas, caras y estribillos. Por ninguno de estos tres conceptos podría ser identificado Ray, dado que los escándalos, la belleza animal y la voz desgarradora pertenecían a Jim Morrison. Él permanecía agazapado detrás de esa figura descomunal como era Morrison, encorvado sobre su órgano Fender Rhodes, realizando una labor oscura y, sin embargo, indispensable.

Ray Manzarek es el responsable de la neblina psicodélica de la banda californiana, a la vez que el guitarrista Robby Krieger desplegaba el lado pseudojazzístico. Es cofundador del grupo que trastocó la escena rock en lo musical y en lo conceptual. Jim ponía a hervir cuerpos y sacudía conciencias con versos como

“Sabes que no es verdad,
sabes que yo mentiría,
si te dijera,
chica, no pudimos llegar más alto.
Venga, nena, enciende mi fuego.
Intenta hacer que la noche estalle”

(Light my fire, 1967)

Manzarek envolvía esas palabras, les daba el armazón musical con una técnica muy peculiar: con la mano izquierda hacía la melodía del bajo y con la derecha la del órgano.

Claro que la fuerza irradiada por Jim era clave, pero también la entrada de la pieza te atrapa hasta trepar al clímax en ese poderoso legado de versos en los que el sexo se hacía explícito en la letra de un grupo blanco para el público blanco estadounidense, un paso más allá de los eufemismos de la música negra. Y eso es obra de Manzarek. Este tema estaba en su primer álbum (‘The Doors’) y fue su primer número uno. En este L.P. se incluía otro título, ‘The end’, una canción de más de 11 minutos rompiendo los moldes propios de la época. Se adelantaron en meses a The Beatles y su celebérrimo ‘Hey Jude’, de 7 minutos y 11 segundos.

Con la muerte de Jim Morrison (3 de julio de 1971, de paro cardíaco mientras tomaba un baño) en un hotel de París, acaba la historia de The Doors en lo discográfico y comienza la interminable sucesión de recopilatorios, reediciones, poemarios, la ascensión al altar de los mitos de Jim Morrison (junto a James Dean, Janis Joplin, Jimi Hendrix), las publicaciones donde el rock emerge como Saturno devorando a sus hijos, etc.

Pero la vida sigue. Quedan otros tres miembros. The Doors publican dos discos con Manzarek y Krieger como vocalistas en 1971 y 1972. Un año después certifican el final de la banda. Ray arranca su carrera en solitario con otros dos Larga Duración (L.P.). Ya no será lo mismo. La ausencia del alma, el carisma, la fiereza y la sensualidad de su líder es demasiado evidente. Manzarek y Krieger quisieron resucitar a la banda en 2002 con el nombre de The Doors of the 21st Century (Las Puertas del Siglo 21), intento bloqueado por los herederos de Jim Morrison y el batería John Densmore. Adoptaron entonces el título de una canción de su último disco, Riders on the storm, otro de los éxitos de The Doors con unos arreglos de Ray deslumbrantes.

Debemos mucho a músicos como Ray Manzarek, aquellos que desde una segunda fila, sin destacar, son los responsables de canciones inolvidables.

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