Honduras es un pequeño país centroamericano de casi nueve millones de habitantes, que durante décadas fue una gran base de operaciones de los EEUU desde donde controlaban fundamentalmente los movimientos revolucionarios de la convulsa región.
Dicen que desde Honduras partieron las avanzadillas que finalizaron con el derrocamiento del presidente constitucional guatemalteco Jacobo Arbenz allá por 1954. En épocas más recientes sirvió de retaguardia segura para los “contras” que combatían contra el gobierno sandinista a principios de la década de los ochenta, y era una buena base de apoyo para los Escuadrones de la Muerte que campaban a sus anchas en el Salvador. Honduras tiene unas fuerzas armadas creadas a necesidad de los EEUU, y sus gobiernos siempre han resultado dóciles al Gran Amo del Norte. Guatemala, Nicaragua y El Salvador son fronterizos con Honduras.
Su economía está manejada por un puñado de familias y clanes, mientras que la mayor parte de sus trabajadores malviven con salarios de un dólar diario. Según la investigación de TeleSur, son cuatro los clanes que controlan la economía hondureña: las familias Facussé, Flores Facussé, Canahuati y Ferrari. Entre ellas dominan buena parte de la industria de la alimentación, medios de comunicación, banca, energía, textil, y por supuesto acceso a Internet y hasta equipos de fútbol.
Beneficiarios con nombre y apellido de una extensión de la Operación Cóndor de los años 70, ya que en bases norteamericanas situadas en territorio hondureño se entrenaban los tenebrosos miembros del Batallón 3-16, con enseñanzas impartidas por militares argentinos especializados en torturas, desapariciones y traslado de prisioneros. Todo bajo la atenta supervisión del embajador norteamericano John Negroponte (1981-1985), una institución en el arte de la violación de los derechos humanos, cuya experiencia en Vietnam, Grecia, Iraq y Honduras lo hizo merecedor del puesto de Director Nacional de Inteligencia del Gobierno de George Bush.
En la actualidad, Honduras vuelve a ser una pieza clave en la geopolítica norteamericana de dominio continental, ya que en Guatemala se están recomponiendo las fuerzas sociales campesinas y populares; en Nicaragua el Sandinismo ha vuelto al gobierno de la mano de Daniel Ortega y se afirma con sus medidas de redistribución de la riqueza; y en El Salvador los antiguos guerrilleros del Farabundo Martí tienen la presidencia del país, y una presencia institucional y social cada vez más arraigada y sólida.
Halcones y Palomas del Pentágono no pueden permitir que Centroamérica termine de írsele de las manos. Por ello es que en 2009, ante un presidente que tiene la intencionalidad de cumplir con las promesas electorales de mejoras sociales para el pueblo hondureño, no tiene más remedio que hacer una fuerte jugada y dan el OK para que militares obsecuentes den un Golpe de Estado con secuestro del presidente Zelaya incluido. Golpe al que por cierto la Unión Europea respondió con un leve silbido y mirando para otro lado. Quizá sea sólo una curiosidad, aunque éstas no suelen existir en política, pero es que meses antes del golpe, John Negroponte volvió privadamente a Honduras y reavivó sus amistades castrenses y oligárquicas.
El pueblo hondureño en su Resistencia produjo un movimiento popular que se aglutinó mayoritariamente alrededor del Partido Libertad y Refundación (Libre), encabezado por una combativa Xiomara Castro, esposa del depuesto presidente Zelaya.
Tras cuatro años y decenas de periodistas asesinados, llegamos a este proceso electoral, en el que las amenazas directas e indirectas no sólo no cedieron sino que se incrementaron. Fuerzas militares entraron imprevistamente a una sede de Libre dos días antes de las elecciones y durante la noche previa tomaron las antenas de Radio y TV-Globo.
Intimidar, amordazar a prensa no dócil, y si es necesario asesinar para sembrar el terror y el desconcierto. Es lo que ocurrió el sábado 30 de noviembre cuando Antonio Ardón, de 58 años, era asesinado de varios disparos en las cercanías de su casa. Antonio era miembro de «La Motorizada», un grupo de propagandistas de Libre que recorren el país y encabezan las manifestaciones en motocicleta con distintivos de la agrupación.
Respecto al resultado electoral, el Tribunal Supremo Electoral se animaba a dar como vencedor al candidato de la derecha, Hernández, con apenas un 30% de los votos escrutados, casi la misma noche del domingo 24 de noviembre.
Pese a la denuncia de manipulación y fraude Libertad y Refundación obtiene 39 diputados de un total de 128, el derechista Partido Nacional Partido Nacional 48, el Partido Liberal logra 25 y el Partido Anti Corrupción (PAC) 13 parlamentarios, mientras que otras 3 fuerzas políticas tendrán 1 cada una.
Varios observadores internacionales han denunciado la existencia de fraude y errores en las transcripciones de las actas, entre ellos la Federación Internacional Defensora de Derechos Humanos, el ex juez español Baltasar Garzón, inclusive parte de los observadores de la Unión Europea como el austríaco Leo Gabriel. Por supuesto que la candidata Xiomara Castro también denunció el fraude y presentó el viernes 29 de noviembre las pruebas al respecto. Dice que defenderá en la calle pacíficamente la transparencia de las elecciones.
Los miembros de Libre no pueden entrar al sistema del Tribunal Supremo Electoral, y por tanto no pueden fiscalizar sus datos, por ello Xiomara, en rueda de prensa exigió que se permita la revisión de 16.135 actas originales, «donde se expresó la voluntad popular, y en aquellas que presenten inconsistencias en su relación demandamos escrutar públicamente cada una de esas urnas».
Mientras Estados Unidos apoya y felicita al nombrado Hernández, la Unión Europea agacha la cabeza y prefiere no meterse en el patio trasero yanqui. Veremos cómo reacciona la comunidad latinoamericana y caribeña, y sobre todo el pueblo hondureño que parece haber encontrado dirigentes y organización adecuadas para sus justas luchas.







