El orden impera en Berlín

Así tituló su último artículo en Die Rote Fahn –La Bandera Roja- Rosa Luxemburgo tras la derrota definitiva del levantamiento espartaquista en Berlín en enero de 1919 a manos de la coalición entre la dirección del SPD y los militares del Káiser. Y así podría titularse el acuerdo firmado por el SPD y Angela Merkel que los afiliados socialdemócratas alemanes tendrán que ratificar antes del 12 de diciembre. El análisis de los compromisos contraídos para formar el futuro gobierno alemán de gran coalición no puede ser más decepcionante para las esperanzas de los “progresistas” de toda Europa. Quienes esperaban que la pérdida de la mayoría absoluta de Merkel se pudiera traducir en un avance de las tesis federalistas o, al menos, en una política menos restrictiva que tirara de la demanda en Europa y redujera el abismo entre el superávit exterior de Alemania y el déficit de los países de la periferia, pueden esperar sentados. Al menos hasta 2017 que es cuando se celebrarán nuevas elecciones. Lo mismo que tendrán que esperar los trabajadores alemanes para tener un salario mínimo de 8,50 euros la hora, la gran conquista socialdemócrata de esta negociación.

El acuerdo firmado no admite un progreso en la famosa unión bancaria y, mucho menos, en la mutualización de las deudas –los eurobonos-, ni prevé un mecanismo de intervención en los problemas de solvencia de los bancos que evite que los países afectados se arruinen antes. Y de un plan de inversiones europeo que reactive la lánguida economía continental, ni hablar. Las tímidas medidas de impulso al crecimiento de la demanda interior podrán servir para maquillar el escandaloso superávit alemán pero los expertos evalúan su impacto en apenas un 0,5% del PIB. Hay que tener en cuenta que los beneficiarios de la implantación del salario mínimo son las personas empleadas en los famosos “mini-jobs”; repartidores, limpiadoras del hogar, cuidadores de niños o ancianos, pintores o camareros para las horas punta. Del orden de 6,8 millones de personas que pueden esperar mejorar entre 120 y 150 euros al mes para 2017. Si bien es necesario saludar esta pequeña mejora para un colectivo tan desfavorecido, difícilmente se puede esperar que suponga un impulso a la economía del Sur. Cuesta trabajo pensar que vayan a gastarse en Mallorca o en Mykonos ese generoso sobresueldo.

La derrota autoinfligida de la socialdemocracia alemana con las reformas de Schröder tras la reunificación no ha terminado de operar. A pesar de que el SPD, con Die Linke y Los Verdes, tendrían mayoría en el Bundestag, en ningún momento se ha planteado ni siquiera la posibilidad de otra combinación que no fuera la “gran coalición”. Algo está podrido en la raíz del partido de Ferdinand Lassalle y Wilhelm Liebknecht. Lo mismo que llevó a Friedrich Ebert a renunciar al poder que conquistaron los obreros y soldados socialdemócratas en 1918 y a pactar con los partidos burgueses. Lo mismo que acabó arrojando el cadáver de Rosa Luxemburgo al Canal Landwehr.

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