Fundada durante los años 60, Panrico era una empresa que había crecido gracias a la explotación de los trabajadores por parte del empresario, el “Patrón” que, como en la mayoría de las empresas españolas, todos conocían y al que podías ver físicamente por los centros de trabajo.
A medida que la empresa fue creciendo y extendiéndose por el territorio nacional y extranjero mediante la creación de nuevas empresas, todas ellas independientes, pero con la participación de los mismos accionistas, también fue creciendo el número de estos, primero con capital español y posteriormente con la entrada de capital extranjero.
Paralelamente a ese crecimiento, la lucha de los representantes de los trabajadores consiguió ir mejorando sus condiciones de trabajo de forma desigual en cada centro de trabajo, es decir, mayores avances allí donde los trabajadores se organizaron a través del sindicato y más concretamente donde la afiliación a CC.OO tenía una mayor relevancia.
Fueron tiempos en los que el “Patrón” se embolsó grandes plusvalías gracias a la casi nula competencia de sus productos en el mercado y al bajo coste de la mano de obra, cuyas condiciones regulaban los convenios colectivos provinciales en la mayoría de los centros de trabajo.
Sin embargo, la pírrica inversión en el mantenimiento de las instalaciones durante todos esos años, hizo que la mayoría de las fábricas se fueran quedando obsoletas, por lo que se necesitaba una gran inyección de dinero para mantener el negocio, que empezaba ya a tener dificultades. Y es a partir de entonces cuando el accionista mayoritario (segunda generación del socio fundador) en su afán de sacar el máximo beneficio, decide iniciar un proceso de fusiones y absorciones del conglomerado de empresas, con el fin de prepararla para su venta.
En el 2005 se produce la venta y se inicia esa nueva etapa a la que me refería al inicio de estas líneas. El “Patrón” ha hecho el negocio de su vida vendiendo al mejor postor y el comprador, Apax Partner, empresa de las denominadas de Capital Riesgo, efectúa la compra pagando un precio muy superior al valor real de la empresa, pero arriesgando lo menos posible, ya que la mayor parte del desembolso se hace mediante préstamos que dejan a Panrico con un importante volumen de deuda (normalmente, estos Fondos de Capital entran en contacto con empresas con dificultades de financiación, o que están en venta por problemas sucesorios, o simplemente empresas que son propiedad de otros fondos y que estos fondos quieren venderlas. El proceso de compraventa supone que el precio es pagado en dos partes: una con dinero del propio fondo, y otra a través de préstamos (este proceso se conoce como apalancamiento). Una vez comprada la empresa, el fondo suele reestructurarla, elimina costes –despide personal-, mejora sus finanzas y la vuelve a vender. El proceso suele durar entre 6 y 10 años. Al cabo del tiempo, el fondo gana dinero con la venta de la empresa). La compra se apalancó de tal manera que en 2008 la deuda que soportaba Panrico era ya de 560 millones de euros. A partir de aquí ya no importa tanto el negocio sino la recuperación lo antes posible del dinero invertido y volver a prepararla para su posterior venta.
El nuevo “Patrón” al que no se le ve físicamente, pues son sus gestores quienes actúan y toman las decisiones, recupera rápidamente la inversión mediante la venta de activos y se acomete un proceso de reestructuración con pequeñas inversiones y nuevas adquisiciones con el objetivo de aumentar el volumen de negocio y, por tanto, el valor de la empresa. Se vendieron activos inmobiliarios (se vendió la sede de la empresa y varias fábricas) y se abandonaron las exportaciones, centrando el negocio en España y Portugal. Un proceso que trajo como consecuencia una pérdida importante de puestos de trabajo.
A partir de este momento, la enorme carga de la deuda y los gastos financieros y la nefasta gestión de los directivos, cuyos salarios no paraban de subir, no podían soportar la caída del consumo, producida como consecuencia de la crisis, por lo que Apax Partner decide abandonar, entregando su participación a las entidades financieras capitalizando así sus préstamos.
Aparece entonces Oaktree, un fondo que acostumbra a comprar por bajo precio las empresas que están en dificultades. Primero entra con una pequeña participación comprando paquetes de deuda a algunas entidades financieras y como la empresa necesita ampliación de capital y los bancos no están por continuar en el negocio, Oaktree se hace con el control de Panrico con una pequeña aportación de capital, aceptando la banca una quita del 80% de la deuda.
Mientras tanto, el negocio se ha ido deteriorando, hasta el punto de entrar en pérdidas y es cuando Oaktree inicia su operación, primero amenazando con el cierre de la Planta de Santa Perpetua para conseguir un ahorro en el coste de la mano de obra, objetivo que consigue con la complicidad del Gobierno de la Generalitat mediante un referéndum amañado y al mismo tiempo, al igual que hiciera Apax, vendiendo parte de los activos que quedaban (venta de Artiach), que les reporta dividendos.
La ingeniería financiera ha centrado toda la atención de los gestores que, embolsándose elevados sueldos y cuantiosas indemnizaciones, endeudando a la empresa y liquidando sus activos, la han llevado a una situación crítica y está poniendo en riesgo el futuro de más de 4000 familias.
Las más que dudosas transacciones financieras entre los fondos de inversión pantalla radicados en Luxemburgo (Bake Holco y Sarl) tras los que se esconde el auténtico propietario Oaktree, los juegos financieros cruzados y algunas prácticas contables es donde podrían estar las causas que han provocado las dificultades financieras y de liquidez de Panrico.
Ante esta situación, la empresa tomó unilateralmente la decisión de no pagar la nómina de septiembre a los trabajadores para hacer frente al pago de proveedores y amenaza con despedir a la mitad de la plantilla y reducir los salarios hasta un 40%, además de comunicar la situación de pre-concurso, es decir, una vez más se pretende que las consecuencias de la forma de proceder de los nuevos patrones y los desmanes de quienes han arruinado la empresa las paguen los trabajadores.
Ahora los trabajadores de Panrico de la Planta de Santa Perpetua, dando un gran ejemplo de resistencia y de lucha, se encuentran en huelga indefinida en defensa de sus puestos de trabajo y de sus condiciones laborales, mientras que la empresa amenaza con trasladar sus producciones a otras fábricas donde los costes son más bajos.
Una situación complicada, en la que el nuevo patrón busca la división intentando provocar la competencia entre los propios trabajadores.
Son nuevos tiempos que nos obligan a tener una visión más global y menos localista del conflicto. La libertad de movimientos de capital, la falta de control en las transacciones y la globalización de la economía nos obligan a trabajar más por la unidad de todos los trabajadores y a crear las condiciones para que la movilización y la lucha obrera tengan una mayor coordinación a nivel global, única forma de enfrentarnos al sistema neoliberal en las mejores condiciones.







