Toros, churros y modificación de proyectos: cosas muy ejpañolas

La marca Ejpaña haciendo de las suyas

Sacyr consiguió adjudicarse la obra del “tercer carril” del Canal de Panamá ofreciendo hacer la obra por 3.120 millones de dólares, mil menos de los que ofreció el segundo licitador.

Según la memoria de 2012 de SEOPAN, lobby de las grandes constructoras e ingenierías, el volumen de facturación internacional de esas empresas fue de más de 17.000 millones de euros. Para hacernos idea de lo que esto supone hay que pensar en que el total de licitación pública dentro del país ese año fue de 7.300 millones – licitación, no facturación. Este desplazamiento del negocio al exterior comenzó poco antes de que estallara “oficialmente” la crisis: en 2006 apenas facturaban 5.000 millones de euros; ya en 2007 fueron 8.200 y en 2008 más de 10.000. Conocedores de que el aterrizaje suave de Solbes sería un batacazo, las grandes ladrilleras se prepararon para lanzarse sobre nuevos mercados cuando vieron que el tradicional estaba a punto de agotarse. Así, en 2009, Sacyr consiguió adjudicarse la obra del “tercer carril” del Canal de Panamá ofreciendo hacer la obra por 3.120 millones de dólares, mil menos de los que ofreció el segundo licitador, la norteamericana Bechtel.

Al final ha pasado lo que cabía esperar, que Sacyr pide una revisión de precios de 1.600 millones de dólares más. Y que va con retraso porque el hormigón no cumplía con los requisitos de calidad. En fin, lo normal como cualquier concejal de obras sabe. Pero el presidente panameño no lo sabía y piensa venir a España a reclamar. El rey Juan Carlos le podrá convidar a almorzar, aunque ya no se felicitará porque Sacyr está “aportando su esfuerzo al desarrollo económico y social de Panamá”, como hizo en la anterior visita. Es más, si no consigue convencer a Martinelli de que afloje, nos podemos ir preparando porque entre los máximos acreedores de Sacyr están el Santander, Bankia y el ICO a los que les debe 1.500 millones de euros. Lo de los dos segundos podemos darlo por perdido; lo del primero, seguro que Botín consigue que también lo paguemos. Sin hablar del aval público concedido a Sacyr que también pagaremos, of course.

Es que la marca Ejpaña es un bicho muy peligroso. Lo mismo cocea a poniente que muerde a levante. Otro ejemplo; el AVE de la Meca adjudicado a nuestros campeones globales por 6.500 millones de euros. Un súper consorcio formado por OHL, ACS, Indra, INECO, Talgo, … ¡la flor y la nata de la ingeniería española! Se lo adjudican en noviembre de 2011 y siete meses más tarde, en junio de 2012, descubren que en Arabia Saudita hay … arena. Que lo del AVE del desierto no era un nombre poético inspirado a la sombra del baobab recechando los elefantes en Botsuana. Que el desierto es de verdad, con arena, calor y viento. Y, claro, ahora no les salen las cuentas. Pues que se anden con ojo. Los de allí tienen más peligro que los panameños; allí ni madre patria ni nada. Con la ley islámica en la mano nos devuelven a los ingenieros mancos, incluso alguno decapitado. Es que los toros, los churros y los modificados de los proyectos son cosas muy ejpañolas que allende las fronteras no se acaban de entender. Ni con una relaxing cup of café con leche.

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