La ideología postmoderna

Abierto y moderno

La economía neoliberal pasa a otro tipo de planificación, centralizada, basada en la disciplina de la deuda.

La ideología posmoderna es la ideología correspondiente al llamado capitalismo avanzado o neoliberalismo. La llamada era de la posmodernidad no es otra cosa que la asunción del mercado como referente supremo. Esta asunción necesita despejar el campo de anclajes ideológicos del pasado, sobre todo los referidos a la lucha de clases y, en general, necesita acabar con todo tipo de épicas y etopeyas de lucha y de memoria. Y es una era que lo abarca todo, desde la literatura hasta el pensamiento cotidiano de los ciudadanos que, en este orden de cosas, en tanto que consumidores, funcionan como agentes muy activos del nuevo orden.

De este modo lo “abierto” se convierte en una de las categorías nodales de esta situación. Lo abierto versus lo cerrado. Precisamente la economía abierta es la base de la globalización neoliberal, es decir, de la conversión del “gobierno” político mundial en una entelequia al lado de los flujos de poder del FMI y del Banco Mundial. La economía abierta es, yendo al fondo, la que depende de los organismos financieros; la que, por tanto, destruye cualquier tipo de soberanía, de derecho de elección. Es decir, la economía abierta es la moderna, la que supera los anquilosamientos del pasado, la que supera cualquier tipo de planificación. (En realidad se pasa a otro tipo de planificación, centralizada, basada en la disciplina de la deuda, que evita y condena cualquier tipo de proceso participativo, secuestrando la soberanía de los pueblos).

En el terreno de la política lo abierto, muchas veces disfrazado de montajes espectaculares (no reales) de participación, se opone a la antigua política, a la que se acusa de defender el esquema de clase contra clase, obviando la modernidad de las denominadas clases medias, que no pertenecen ni a una clase ni a la otra, que son la mayoría de la sociedad y que, por otro lado (esto se dice menos), son las masas que, con su estabilidad congénita, pueden evitar cualquier tipo de desvarío revolucionario. Además, lo abierto funciona como crítica histórica a la “cultura” estalinista, que se dice sigue viva en todos los aparatos de la izquierda sindical y política.

En suma, lo abierto, en la ideología posmoderna, ocupa el sitio de las alianzas (de clase y ciudadanía) y el término moderno equivale (y sustituye) a la categoría de revolución.

Pero también existe el riesgo contrario: que la disciplina de los aparatos evite, sobre todo en ciertos momentos, como ahora, la conjunción de fuerzas posibles a fin de crear el contrapoder necesario como condición de posibilidad de una alternativa. O que una cierta inercia histórica impida ver la emergencia indignada de fuerzas sociales, sobre todo en momentos de transición, donde la movilización tiende a desbordar los cauces constituidos, y desde luego los institucionales. O en definitiva, que el intento “administrador”, en plena curva hacia la izquierda de un momento constituyente, cometa el tremendo error de frenar en lugar de acelerar para aumentar el “agarre” del vehículo.

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