Carta

Pedimos dinero prestado para pagar sus desmanes [los de la Banca], nos cobran los intereses durante varias generaciones futuras y luego resulta que, justo a quien les hemos dado dinero, son los mismos que cobran esos intereses.

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Mi nada respetado señor presidente del gobierno: Por la presente me dirijo a usted y a sus compinches de ordeno y mando, no para pedirles, ni solicitarles cosa alguna, sino para comunicarles mi irrevocable decisión que ya le expondré más adelante.

Los motivos que me han llevado a ésta son múltiples y de diversa índole, pero tal vez el principal es que usted me ha engañado. No me refiero a que ha incumplido su programa electoral, que sí que lo ha hecho, pero como yo ni le he votado ni pienso hacerlo nunca, es algo que no me importa. Además ya sabía yo que iba usted a engañar a quienes han confiado en su palabrería salvadora. Es algo inherente a su ideología, no de centro, no conservadora, sino pura y claramente de extrema derecha, o si lo prefiere, fascista.

Su engaño, fundamentalmente, consiste en que, dado que usted defiende el clasismo en la sociedad y eso convierte al empleador en un ser superior al empleado, ha hecho usted lo contrario, dotando al empleado de más privilegios que los que, según sus tesis liberales, debiera tener el empleador, esto es, el jefe. Claro que a lo mejor usted se confunde al leer esta misiva y me saca a relucir su ley de empleo, los Eres, recortes y el fin de los convenios colectivos. Y dada su cortedad de miras no me sorprendería, porque cuando digo empleador, no me refiero a los gangsters y delincuentes varios agrupados en esa organización mafiosa conocida como C.E.O.E. –por cierto alimentada con subvenciones públicas bastante mayores que las de, por ejemplo, la cinematografía– sino a todos nosotros que con nuestra carestía y exiguos sueldos les pagamos a ustedes, nuestros empleados, una vida de jamón ibérico, Vega Sicilia y avión privado. Y no me vaya a decir que exagero. Ahí está el Príncipe que viaja en una suerte de trasatlántico aéreo con un séquito de cuarenta vasallos cuando el avión tiene capacidad para doscientos. ¿Es que no puede hacerlo en una línea regular y en clase turista como hago yo que soy quien le paga? ¿Y el ministro Guindos, que lo hace en otro igual de grande? ¿Y usted? El presidente de Uruguay, Pepe Múgica, viaja así y es bastante más respetable que usted. Me imagino que es una cuestión de organización, aparte de algo que usted desconoce, ética.

Y así podría seguir enumerando numerosos despilfarros. Pero le voy a contar más motivos. La Infanta, una mujer cuyo único mérito –si es que eso es mérito– es haber nacido de su padre, a quien el dictador Franco colocó en el trono, delinque y el peso de la justicia -¡sic!– se pone de su parte, en contra de quien pretende hacerla pagar sus delitos. ¿Sucedería lo mismo conmigo? ¿Se reunirían las fuerzas del orden para proteger mi honor del asedio de los fotógrafos y periodistas y discutirían si entro en el juzgado a pie o en coche? A que no. ¿Ve usted como tengo razón y mi empleada tiene más derechos que yo que soy quien paga, porque pagar, se le paga? ¿Y el I.B.I de la Iglesia católica acoquinado a tocateja por todos los españoles, ateos, musulmanes o cristianos? ¿Tengo que pagar yo el mío y además el de esa secta necrófila? O la Banca. Pedimos dinero prestado para pagar sus desmanes, nos cobran los intereses durante varias generaciones futuras y luego resulta que, justo a quien les hemos dado dinero, son los mismos que cobran esos intereses. Y todo eso permitido y fomentado por usted. Si eso no es estafa y engaño, ¿qué es? ¿No hemos pagado por los bancos, pues entonces no debieran ser nuestros, pero nuestros, nuestros, quiero decir del pueblo y para el pueblo? Pues va a ser que no. La ministra de Fomento corre –en otro super avión, supongo– a salvar a Sacyr de sus chanchullos en Panamá. ¿Es que aparte de lo que yo le pago cobra también de la constructora? ¿No es eso algo contra la ley que usted dice y ha jurado –o prometido– defender?

En fin, podría extenderme más, porque leña hay para cortar, pero no voy a hacerlo y paso a comunicarle mi decisión irrevocable: queda usted fulminantemente despedido.

Suyo atentamente, El contribuyente.

Postdata.- el finiquito puede pasarlo a cobrar por cualquier holding energético o de la construcción y, como usted acostumbra, se le abonará en negro.

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