Más diferencias salariales y menos prestaciones sociales

La crisis acelera la desigualdad en España

Ya Marx supo señalar en su día que el funcionamiento normal del capitalismo es el que estamos viviendo, no el de la añorada edad de oro.
Foto: matthi / shutterstock.com

Oxfam ha presentado en el Foro de Davos el último informe sobre el aumento de las desigualdades a nivel mundial. Resulta sarcástico que, entre copas de champán a 311€ la botella, se nos recuerde que el 1% de la población controla la mitad de la riqueza mundial y que 85 personas tienen tanto como los 3.500 millones más pobres, salvo que sea para explicar por qué los ilustres asistentes pueden pagar esos precios. Pero la desigualdad está de moda; la OCDE, lo mismo que el FMI, también alerta sobre el crecimiento de la desigualdad. Que estas entidades se escandalicen públicamente del efecto de sus propias recetas debe formar parte de una sofisticada estrategia comunicativa para inmunizar a la sociedad contra la percepción de sus propios males. Por su parte, Rajoy, en su línea habitual, afirmaba a El País a principios de diciembre que “no hay en este momento unos indicadores precisos ni en España ni en Europa sobre los datos de desigualdad”.

Pero datos, haberlos haylos. Según los de la Encuesta de Población Activa que hace el gobierno que preside el propio Rajoy, los salarios medios del 20% peor pagado se han reducido en un 17% descontando el efecto de la inflación desde 2006 a 2012, los niveles intermedios se han mantenido a duras penas y los sueldos del 20% mejor pagado han subido un 15%. Todo ello sin hablar de los que ya no cobran nada por estar en paro. Esta información indica que no todos los asalariados son iguales; en el capitalismo avanzado, el cobrar un sueldo no es sinónimo de pertenecer a la clase trabajadora, ni en si ni para si. De los mismos datos de la EPA se puede extraer otra conclusión objetiva, las mujeres sí que padecen más que los hombres los efectos de la crisis. La desigualdad de género tiene más dimensiones pero la relación salarial la agudiza: el 20% de personas trabajadoras con salarios más bajos, se convierte en un 30% cuando hablamos de las mujeres que trabajan por un salario. Igual ocurre con los jóvenes, en los que el porcentaje de salarios bajos es más de la mitad para los menores de 25 años.

Veamos ahora la redistribución a cargo del Estado: las políticas sociales suponen una importantísima fuente de ingresos en forma de pensiones o prestaciones de desempleo y de provisión de servicios por los que, de otro modo, habría que pagar, como la sanidad, la educación pública y la atención a la dependencia que según la propia Comisión Europea reducen la desigualdad original de la renta en España en una tercera parte. Los grandes servicios se han recortado en un 15% entre 2011 y 2012; también son datos, en este caso presupuestarios. En cuanto a pensiones y desempleo, si bien han subido algo durante la crisis en términos macroeconómicos por tratarse de sistemas que poseen mucha inercia, el impacto individual de las reformas ya aprobadas en la desigualdad es evidente; las personas cuyas condiciones salariales son peores cobrarán menores pensiones y prestaciones. Y las reformas que faltan por venir …

Pero la desigualdad ha crecido antes de que estallara la crisis

La realidad es que el aumento de las desigualdades no es una consecuencia de la crisis, sino que viene de antes. De hecho hasta la propia OCDE sitúa su arranque en los años 80 del siglo pasado, es decir, cuando se puso de largo el neoliberalismo. Nacida tras el periodo de indefinición en los años 70, la ofensiva neoliberal debe verse como una prolongada guerra de clase dirigida a corregir la distribución del producto social a favor del capital, de momento con éxito. De tal modo que el retroceso del trabajo –o lo que es lo mismo, el avance de las desigualdades- ya viene durando más que lo que duraron los treinta años gloriosos posteriores a la segunda guerra mundial. La ilusión de los dirigentes sindicales y de los economistas “progresistas” es la de volver a un capitalismo regulado, con rostro humano, capaz de devolvernos a la época gloriosa de los años 1950 y 1960, al mito del “modelo social europeo”. Hace ya demasiado tiempo que se está viviendo la época neoliberal como un mal sueño, como una anomalía histórica en el normal desarrollo del capitalismo.

Pero abramos la perspectiva histórica; ya Marx supo señalar en su día que el funcionamiento normal del capitalismo es el que estamos viviendo, no el de la añorada edad de oro. Un estudio apadrinado por el Banco Mundial en 2009 muestra cómo en los últimos 200 años han ido aumentando las desigualdades en la distribución de la renta a nivel mundial: en 1820 el 80% de la población mundial recibía el 62% de la renta; en 2002 sólo la mitad. Y lo más importante; a lo largo de todo el periodo considerado el índice de desigualdad ha crecido de una manera constante salvo en un corto intervalo de tiempo, el que va del final de la II Guerra Mundial a finales de los 60, un periodo que históricamente considerado no es más que una pequeña excepción niveladora dentro de una trayectoria continua de agudización de las diferencias.

La relación entre crecimiento económico y desigualdad en el sistema capitalista

Desde Kuznets, la teoría económica convencional admitía que el desarrollo, en su primera fase, conllevaba necesariamente una ampliación de las diferencias sociales, lo que explicaría el ritmo de crecimiento de las desigualdades en renta en China y la India. Esta teoría prevé lo que llaman la “U invertida”: durante un tiempo el crecimiento económico implica un aumento de la desigualdad hasta que se llega a un cierto nivel, a partir del cual, con mayor desarrollo la desigualdad se reduce. Al margen de que hay que establecer una diferencia entre crecimiento y desarrollo, los datos reales no permiten sostener esta teoría. El PIB per cápita no ha parado de crecer en los países avanzados tras los años 80 y, como hemos dicho, las desigualdades han aumentado. O, aún más interesante, en determinadas regiones mundiales, caso de América Latina, el crecimiento reciente ha ido acompañado de reducción en la desigualdad.

¿Podemos aventurar otra hipótesis? El único periodo registrado con reducción de la desigualdad a escala global es el que va de la II Guerra Mundial a la crisis de los 70. ¿Puede tener algo que ver la presencia del socialismo real, con todas sus contradicciones, en Europa? ¿La revolución china? ¿La emancipación en una línea socializante de las antiguas colonias? ¿La existencia de un movimiento obrero potente y organizado tras la derrota del fascismo en los países adelantados? El cambio de tendencia en América Latina, ¿tiene que ver con Venezuela, con Ecuador, con Bolivia, con Brasil? ¿Por qué en Colombia sí crecen las desigualdades?

Platón dijo, hace ya mucho tiempo, “cualquier ciudad, grande o pequeña, está dividida en dos; la ciudad de los pobre y la ciudad de los ricos, y ambas están en guerra”. Y es que la desigualdad económica no es más que el resultado de la correlación de fuerzas en la lucha de clases.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.