El archifamoso arquitecto ha presentado una demanda civil contra Esquerra Unida del País Valencià por supuesta vulneración de su derecho al honor. Pide “como mínimo” 600.000 euros por supuestas injurias y calumnias vertidas contra su persona y actividad profesional en la web www.calatravatelaclava.com, auténtico éxito mundial que ha conseguido más de un millón de visitas y una portada en The New York Times. Según la demanda, “la enorme difusión nacional e internacional que está teniendo la web está provocando, entre otras consecuencias, la pérdida de importantes trabajos” como el encargo del puente Barra da Tijuca, recientemente cancelado por la administración brasileña. Para Calatrava la culpa de su desprestigio la tiene EUPV por haber destapado sus contratos con dinero público de los valencianos en proyectos plagados de retrasos, pifias y sobrecostes. Se olvida de sus litigios judiciales en Oviedo, Bilbao, Palma o Venecia, y de las críticas generalizadas a su “modus operandi” allí donde ha colocado sus famosos puentes resbaladizos o palacios con goteras. Calatrava, “embajador de la marca España” con residencia en un paraíso fiscal, aún no se ha dado cuenta de que no puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Desde luego, si la intención del millonario arquitecto es amedrentarnos, no lo va a conseguir. Nuestra obligación es dar a conocer cómo se gasta el dinero público superando todos los obstáculos que el poder pone en nuestro camino. En el caso de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, proyecto faraónico que inició el gobierno del PSOE y después hinchó el PP, se ocultaron durante más de 20 años los contratos y pagos a Santiago Calatrava. No sabíamos ni cuánto había cobrado ni en qué condiciones hasta que, en mayo de 2012 y después de muchos intentos, pude acceder a toda la documentación y la hicimos pública, primero a través de los medios de comunicación y después directamente en la web denunciada. Ahora todo el mundo sabe cómo se lo montó Calatrava con nuestro dinero: 100 millones de euros de honorarios, 15 de ellos por el anteproyecto de unas torres que nunca se construyeron ni se construirán; facturas sin IVA y tributación en Suiza aprovechando su residencia en Zurich (a pesar de realizar los trabajos en Valencia y tener cuatro empresas en España); sobrecostes indecentes que triplicaron el presupuesto inicial por encima de los 1.000 millones de euros; fallos graves de funcionalidad en los edificios, que parecen haber sido concebidos únicamente por la forma olvidando la utilidad; inundaciones, goteras, grietas… y finalmente el desprendimiento del “trencadís” de la cubierta del Palau de les Arts que nos ha costado casi 500 millones de euros. ¡Y a él le parece denigrante la expresión “Calatrava te la clava”!
En el caso de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia se dan todos los ingredientes propios de la política de escaparate del PP valenciano: un proyecto megalómano, a la medida del ego de un arquitecto estrella y de presidentes desvergonzados como Zaplana o iluminados como Camps, que en realidad no es más que la guinda de un gran pastel de especulación urbanística que habrá generado plusvalías de decenas de miles de millones de euros a promotores privados; contratos públicos adjudicados a dedo y sin publicidad “por razones de singularidad artística”, cuyas condiciones se modifican en beneficio de Calatrava y contra los intereses generales; endeudamiento descomunal en un proyecto perfectamente prescindible (o al menos redimensionable) que finalmente van a pagar los trabajadores con despidos masivos y la ciudadanía valenciana con la privatización de su espacio público… Todo ello sin descartar tramas de corrupción como las que han proliferado en las administraciones y empresas públicas gestionadas por el PP, y que convirtieron la Ciudad de las Artes y las Ciencias en uno de los escenarios del caso Gürtel, pues entre los blancos monumentos calatravescos se celebró en 2006 la visita del Papa más corrupta de la historia.
En definitiva, Calatrava es el símbolo de una era de despilfarro y corrupción, y su caída debería representar también el fin de quienes se dejaron llevar por sus delirios de grandeza y el afán de enriquecimiento a costa del erario público. Esquerra Unida seguirá señalando a los culpables del latrocinio masivo que hemos sufrido los valencianos en las últimas décadas. No nos callarán.







