Santa Marta, una oportunidad

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Antonio Guterres. – Fuente: Wikimedia Commons CC 2.0

La COP 30 de Belém do Pará en Brasil se celebró en noviembre de 2025 a la que se llegó con no muy buenos augurios teniendo en cuenta los trabajos preparatorios de la cumbre realizados en junio de 2025 en Bonn[1], que no tuvieron el respaldo suficiente de las delegaciones asistentes, y más concretamente de los países petrolíferos. Tampoco ayudaba el auge de los postulados negacionistas en muchos países y organismos oficiales como los esgrimidos, por ejemplo, por la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA) que negó en julio de este mismo año que las emisiones de los GEI supusieran un problema para la salud humana y abogaba por suprimir la declaración de riesgo climático para la salud de 2009 del presidente Obama que permitió limitar estas emisiones en aquel país[2]. Y tampoco los preocupantes datos aportados por la OMM indicando los mayores incrementos interanuales de CO2 registrados hasta la fecha en 2024[3].

Ya en Belém, se vio pronto que los esfuerzos de unos cuantos países, como Colombia o algunos de la UE como España, enfocados como principal objetivo a alcanzar en la cumbre un Mecanismo de Acción centrado en una transición justa hacia otro modelo que contemplase como eje fundamental el abandono progresivo de los combustibles fósiles, la protección de los ecosistemas y la lucha contra las desigualdades, no saldrían adelante. El bloqueo en materia de financiación y mitigación y la presión de los países petrolíferos, encastillados en su defensa de los combustibles fósiles, dejaban claro desde un primer momento que no se obtendrían grandes resultados en esta cumbre.

¿Cuáles fueron los resultados de la COP30?

  • No hubo referencia a abandonar los combustibles fósiles en el texto final. Algunos países tenían entre sus objetivos implementar el acuerdo de mínimos obtenido en Dubái en 2023 para reducir la explotación de combustibles fósiles. No hubo ninguna hoja de ruta a pesar de la insistencia de varios países, aunque sí que hubo una iniciativa de trabajar este tema fuera de la COP, la surgida de la llamada Declaración de Belém[4] liderada por Colombia y Países Bajos, en la que se afirma que:
  • La mejor ciencia disponible (IPCC) demuestra que los combustibles fósiles son los principales responsables del calentamiento global.
  • Las emisiones derivadas de su producción y los subsidios proyectados son incompatibles con el límite de 1,5°C.
  • Los Estados tienen obligaciones legales (ratificadas por la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia) que incluyen tomar medidas para reducir emisiones asociadas a combustibles fósiles.
  • Acelerar la transición exige acciones complementarias más allá de los procesos regulares de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Estos dos países convocaron para abril de 2026 en Santa Marta (Colombia) la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles, que contaba ya en un primer momento con el apoyo de más de 20 países, entre los que se contaba España, y en la que se abordarían los desafíos fiscales, sociales y macroeconómicos de la transición, la necesidad de financiamiento, transferencia tecnológica y capacidades técnicas para países en desarrollo, la reconversión laboral, diversificación económica y protección social, el papel de las energías renovables y la eficiencia energética como sustitutos reales de los combustibles fósiles, los riesgos de nuevos extractivismos y las garantías para una transición justa, así como los vacíos del marco legal internacional y posibles rutas para avanzar en acuerdos futuros, incluso un eventual tratado global de eliminación de combustibles fósiles.

Como se puede suponer en esta iniciativa no participaron los países petrolíferos árabes, pero tampoco Irán, China, Rusia, Pakistán, India, Venezuela y por supuesto EEUU que no solo no acudió a la COP de Belém, si no que ha abandonado el Acuerdo de París en enero de 2026.

  • Creación de un mecanismo de implementación para el Programa de Trabajo de Transición Justa, el llamado Belém Action Mechanism (BAM), propuesto por la sociedad civil, los sindicatos y las comunidades, con el objetivo de unir implementación de recursos financieros, transferencia de tecnología a los países del sur para facilitar su transición energética sin contraprestaciones en forma de deuda o demandas de inversores. Esta ha sido la decisión más importante pero como suele ser habitual la concreción final de cómo abordar esta propuesta se ha dejado para dentro de dos años.
  • Indicadores para implementar la Meta Global de Adaptación. Se trataba de formalizar una serie de indicadores en materias relacionadas con salud, ecosistemas, patrimonio, recursos hídricos e impactos del clima sobre la población, entre otros, para evaluar por cada país la eficacia de las medidas adoptadas. Este fue uno de los puntos conflictivos. Durante los dos últimos años se llegaron a plantear más de 4000 indicadores en una primera aproximación, rebajándose en algo más de 400 antes de la COP, estando de acuerdo en dejarlos definitivamente en 100 indicadores, pero en la declaración final solo aparecen 59 algo que ha disgustado a muchos países que consideran insuficiente lo adoptado, además de considerar la pérdida de consistencia técnica del contenido final. De cualquier forma, esta medida, como suele también pasar, no es vinculante.  

En cuanto a adaptación, también hubo un capítulo de financiación. En él se anima a los países más ricos a triplicar el financiamiento climático dedicado a la adaptación de aquí a 2035. El problema es la falta de cumplimiento de lo que se acuerda. Para 2025 estaba previsto duplicar la financiación con respecto a 2019 acordada en la COP26 de Glasgow y esto no se ha logrado ni de lejos, todo ello en un contexto de reducción de los flujos públicos de los últimos años.

Así las cosas, tal como se previó, a finales de abril de 2026 se reunieron en Santa Marta delegaciones de 59 países[5] para abordar estrategias encaminadas a una ‘Transición más allá de los Combustibles Fósiles’ tal como se ha llamado esta primera Conferencia Internacional. Obviamente el objetivo es el abandono progresivo de estos combustibles a través de la implementación de medidas –en realidad nada novedosas, ya que se han barajado desde hace años- que deben imponerse más allá de las palabrerías habituales de tantos años de conferencias que no han servido para reducir el aumento continuo de las emisiones contaminantes. Es decir, se trata, ya que todos los países reunidos en Santa Marta comparten el diagnóstico y la solución, de hacer posible que se avance sustancialmente en esta transición, imponiendo este discurso al falsamente llamado económico, que en realidad es el del beneficio de unos pocos. No hay mucho margen actualmente para salir del atolladero climático en el que nos encontramos. Para hacernos una idea basta recordar que desde la primera COP de Berlín hasta la última de Belém han pasado 30 años y nunca se han reducido las emisiones, si no que han aumentado, habiendo pasado de 360,82 ppm de CO2 de 1995 a los 425,48 ppm de 2025[6].

El diagnóstico es tan conocido que resulta insustancial enunciarlo de nuevo. Tan solo lo negacionistas se oponen al origen humano del cambio climático, la mayoría de ellos aliados de los grandes contaminantes globales.

En cuanto a soluciones[7] se abrió un amplio debate en el que se abordó como elemento esencial la financiación de esta transición que solo puede hacerse desde una fiscalidad que grave de manera decisiva las grandes petroleras, como principales causantes del cambio climático. Es por tanto imprescindible implantar sobretasas permanentes sobre los combustibles fósiles no sujetas a la variabilidad de los precios en los mercados del petróleo y que no repercuta en ningún caso a los consumidores. Es claro, además que hay que parar el oportunismo especulativo de productores y distribuidores petroleros registrado en situaciones de crisis como las de Ucrania y ahora con especial énfasis en la guerra de Irán, en las que los precios finales se disparan mucho más allá de los costes de producción.

También se ha tratado de la cancelación de la deuda externa de los países más vulnerables al cambio climático involucrados en esta transición a partir de un replanteamiento del sistema financiero actual que la facilite. De igual forma, se ha planteado una revisión de los acuerdos comerciales globales, especialmente en lo tocante a los ISDS[8], un sistema perverso de denuncia de las grandes empresas ante tribunales de arbitraje privados, al margen de los sistemas judiciales públicos, en caso de que algún país firmante tratara de modificar o anular proyectos contrarios a sus intereses.

De igual forma, se vio la necesidad de crear un panel científico que pudiera asesorar y coordinar los distintos planes de transición y de financiación[9], teniendo en cuenta también las condiciones sociales y económicas de cada país. Dicho de otra manera, que la transición energética se aborde desde la evidencia científica y no desde el interés económico de las grandes empresas petroleras y energéticas.

Desde los grupos de la sociedad civil, entre los que se cuentan los ecologistas se señaló la necesidad de eliminar los cuantiosos subsidios a los combustibles fósiles, algo totalmente vergonzoso que siempre ha puesto en duda las intenciones reales de las decisiones finales de las COP.

Los pueblos indígenas, que presentaron una ‘Declaración Popular’ para pedir el fin de los combustibles fósiles, fueron los más decididos al pedir la instauración de las llamadas Zonas Libres de Combustibles Fósiles enfocadas fundamentalmente a proteger áreas biodiversas sensibles a la explotaciones de petróleo, gas o carbón[10]. Pero también se expone una idea central: la transición energética no puede ser un mero recambio tecnológico por lo que es importante planificar lo que se necesita y que se haga desde la participación activa de los pueblos.

Pero, más allá de los debates, interesantes todos ellos, ¿cuáles han sido los resultados de esta primera conferencia de transición? Antes de enunciarlos, hay que ser conscientes de que el encuentro de Santa Marta no pretende sustituir las COP ni el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), sino establecer alianzas entre países que ven insuficientes los resultados obtenidos hasta hoy y quieren ejercer presión para conseguir más apoyos a sus planteamientos. De hecho, las propuestas de trabajo se pretenden llevar tanto a Bonn, donde se planifica la siguiente COP, la 31, a celebrar en Antalya, a la misma COP, a la que se pide que defina ya una hoja de ruta para el abandono de los fósiles y para el fin de la deforestación, y a Tuvalu, donde se desarrollará en 2027 la segunda conferencia de transición más allá de los combustibles fósiles[11].

En Santa Marta se aprobó finalmente la constitución del Panel Científico, el reconocimiento de la necesidad de disponer de un nuevo instrumento internacional vinculante de gobernanza que supere el acuerdo de París, aunque no se llegó a concretar, y la redacción de un informe exhaustivo con todas las aportaciones de las contribuciones recibidas[12].

¿Podemos considerar positiva esta Conferencia de Transición?  Como primer paso, y por lo que representa el hecho de que varios países se unan para oponerse a la dictadura de los oligopolios de las fósiles y para superar la inercia poco resolutiva de las sucesivas COP, indudablemente sí. Pero también es cierto que estamos necesitados de dar pasos más resolutivos porque el tiempo se nos va acabando, cada vez la ventana de oportunidades se va cerrando un poco más como podemos ver con la creciente intensidad de los efectos del cambio climático llevando al extremo todas las fenómenos climáticos que están pagando los más vulnerables del planeta. Sequías prolongadas, inundaciones nunca vistas, subida del nivel del mar, huracanes que todo lo devastan, incendios devastadores, fenómenos meteorológicos extremos son solo una muestra de lo que está pasando y que según todas las previsiones científicas aumentarán en cuanto a su magnitud.   

Uno de los cambios fundamentales que habría que abordar es la reforma de la ONU. Este organismo, surgido tras el desastre de la segunda guerra mundial y mediatizado por la guerra fría, carece actualmente de toda autoridad. No hay más que ver lo que está sucediendo con el genocidio de Gaza y con la guerra colonial en Irán, en las que Israel y EEUU se saltan el derecho internacional a la torera sin ninguna consecuencia para ellos y, lo que es peor, con la anuencia de muchos países que ejercen de títeres como la mayoría de los de la UE. La ONU ha de ser reformada para que ningún país tenga derecho de veto y de esta manera propuestas como la de los países reunidos en Santa Marta puedan ser debatidas, escuchadas y consensuadas o votadas sin temor a que sean rechazadas por la alianza de multinacionales y los gobiernos de los países a su servicio.

Esperemos que más países se vayan sumando a los reunidos en Santa Marta para disponer de más fuerza para combatir a los enemigos de un mundo en equilibrio con la naturaleza y en paz.


[1] https://www.ecologistasenaccion.org/343505/censura-transicion-justa-y-bloqueos-balance-de-la-cumbre-del-clima-de-bonn/

[2] Sánchez-Vallejo, M.A. (2025) La agencia ambiental de EE UU rechaza que los gases de efecto invernadero sean una amenaza para la salud pública. El País. https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2025-07-31/la-agencia-ambiental-de-ee-uu-rechaza-que-los-gases-de-efecto-invernadero-sean-una-amenaza-para-la-salud-publica.html

[3] Planelles M. (2025). El planeta sufre el mayor aumento de CO₂ en la atmósfera desde que hay registros. El País. https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2025-10-15/el-planeta-sufre-el-mayor-aumento-de-co-en-la-atmosfera-desde-que-hay-registros.html?prm=ep-app

[4] Ministerio de Ambiente de Colombia (2025). Colombia presenta Declaración de Belém y convoca conferencia global sobre combustibles fósiles. Gobierno de Colombia. https://www.minambiente.gov.co/colombia-presenta-declaracion-de-belem-y-convoca-conferencia-global-sobre-combustibles-fosiles/

[5] Existió una gran diversidad, entre países ricos y pobres, algunos de ellos muy afectados por el cambio climático como algunos insulares del Pacífico. Uno de países participante fue España, que tuvo una de las mayores representaciones gubernamentales en esta Conferencia con la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.

[6] En proporciones parecidas han aumentado también las emisiones de metano (CH4), de óxido nitroso (N2O) o de hexafluoruro de azufre (SF6), todos ellos causantes de gases de efecto invernadero (GEI).

[7] Planelles, M. (2026). La conferencia de Santa Marta pone en el punto de mira los beneficios de las petroleras: “Están ganando con nuestra dependencia” El País.https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2026-04-28/la-conferencia-de-santa-marta-pone-en-el-punto-de-mira-los-beneficios-de-las-petroleras-estan-ganando-con-nuestra-dependencia.html?outputType=amp

[8] Ecologistas (2026). Conferencia de Santa Marta: Más de 340 organizaciones alertan de que los tribunales de arbitraje internacionales amenazan la transición ecológica y la democracia. Ecologistas en Acción. https://www.ecologistasenaccion.org/368184/

[9] Monsalve, M.M. (2026). La transición energética ya tiene su panel internacional de ciencia para guiar el abandono de los combustibles fósiles. El País. https://elpais.com/america-futura/2026-04-25/la-transicion-energetica-ya-tiene-su-panel-internacional-de-ciencia-para-guiar-el-abandono-de-los-combustibles-fosiles.html?outputType=amp

[10] Rocha L. y Assefh P. (2026). Paso inédito en Santa Marta: 57 países acordaron acelerar la transición energética justa. Mongabay. https://es.mongabay.com/2026/04/paso-inedito-santa-marta-paises-acordaron-acelerar-transicion-energetica-justa/

[11] Cerrillo, A. (2026). Un pacto en la cumbre alternativa del clima alienta el abandono de la energía fósil. https://www.lavanguardia.com/natural/20260430/11526284/cumbre-alternativa-consolida-alianza-paises-dispuestos-abandonar-energia-fosil.html

[12] Ecologistas (2026). La conferencia de Santa Marta da un paso hacia una coalición de países para dar una salida justa a los combustibles fósiles. Ecologistas en Acción. https://www.ecologistasenaccion.org/368519/la-conferencia-de-santa-marta-da-un-paso-hacia-una-coalicion-de-paises-para-dar-una-salida-justa-a-los-combustibles-fosiles/

Pablo Jiménez
Geógrafo. Red de Medio Ambiente de IU

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