En las páginas de Mundo Obrero hemos hablado varias veces de la peripecia del autor de La mina como escritor y, sobre todo, de la elección de la militancia política en detrimento de una obra que se anunciaba como de las más interesantes dentro de los años cincuenta y sesenta en la corriente denominada Realismo crítico. Él mismo, hace aproximadamente un año nos explicaba en una entrevista, publicada en Mundo Obrero y reproducida en estos días, las causas de su determinación por la política en detrimento de su obra literaria.
Posiblemente no se ha valorado en su justa medida el alcance de tal decisión, pero luchar en dos frentes en los años duros del franquismo en los que el hábitat era la clandestinidad, la persecución y para el escritor una férrea y atrabiliara censura que ahogaba el espíritu creativo y, una vez terminada la novela, la obra de teatro o el poemario, éstas entraban en un periodo de cuarentena indefinido cuyo resultados materiales se conocen hoy día gracias a los estudios realizados por historiadores que nos permiten ver la vertiente cultural del genocidio franquista.
Actualmente el problema es el déficit cultural de la sociedad española, aún después de la muerte del dictador, agravado después por un pacto de silencio implícito durante muchos años.
Afortunadamente desde diversas instancias, sobre todo en determinadas universidades, muchos de sus profesores comenzaron a desvelar con rigor aquel periodo de silencio. Es el caso de Lucía Montejo Gurruchaga, profesora universitaria cuya bibliografía sobre autores como Alfonso Grosso, Blas de Otero y Armado López Salina, así como estudios de conjunto, aportan elementos documentales y explicativos de una gran lucidez y gran rigor intelectual.
Tal es el caso del ensayo “La narrativa de Armando López Salinas: Realismo crítico contra censura”, publicado en el 2009 en la Revista Estudios Humanísticos. Filología, que el lector puede consultar en el enlace que se adjunta a esta presentación. Allí comprobará que este trabajo es un certero análisis de la narrativa, tanto de la novela como de los cuentos, de sus libros de viajes, y de la enormes dificultades que tuvo A. López Salinas para publicar aquí en España, como otros compañeros de su generación a los que se citan.
Las notas a pie de página son más esclarecedoras que materiales de acompañamiento, así como una extensa bibliografía no solo sobre su autor, sino también sobre aquella época de silencio aterrorizado.
Y, por último, la autora nos ofrece los textos originales que podemos cotejar con las tachaduras del censor. En suma, un documento más que añadir a lo que hoy se denomina memoria histórica y que nos da las claves de la biografía de un autor para el que tanto la labor creativa como la activa militancia política pudo ser la causa que Año tras año no tuviera continuación. Pero si recordamos a Bertold Brecht, en aquellos tiempos España necesitaba héroes para recuperar la democracia republicana. Pero, ahora, con otro revival de la Santa Transición, se hace más necesario que nunca recordar el engagement (compromiso) que nos marcaron hombres y mujeres como Armando López Salinas.







