Noviembre, mes de las calabazas para Trump

Despertarse una mañana con la noticia de que por cualquier razón increíble y estúpida, se suspenden las elecciones intermedias en EE.UU., equivaldría a declarar u oficializar la dictadura trumpiana.
Halloween Casa Blanca. Donald Trump | Fuente: The White House / Public domain
Fuente: The White House / Public domain

Noviembre puede convertirse para Donald Trump y su séquito del gabinete fascista en el mes de las calabazas, tanto por la interpretación que se le da como alimento primordial el Día de los Fieles Difuntos (lunes 2), como por el juego de ronda infantil: «Calabaza, calabaza, cada una para su casa. Y quien no tenga casa, que se vaya para la plaza».

Es que el 3 de noviembre es la fecha para las elecciones intermedias del gobierno de Trump, inmediatamente después del Día de Muertos. Al mismo tiempo, según las expectativas, es el round más complicado del mandatario republicano porque todas sus opciones son negativas, la mayor parte de ellas en extremo.

Desde cualquier ángulo que se analicen, dichos comicios que se realizan desde hace 236 años, son apreciados no como la simple elección por dominar el Poder Legislativo que las ha caracterizado desde que estás se realizan, sino un referendo a los presidentes de turno, y en este período esa connotación es más enfática que nunca.

Es muy probable que esta sea la primera vez en la que las que estos comicios son vistos como si se tratara de unas presidenciales, dado el cúmulo de violaciones que pesan sobre Trump, Marco Rubio, Pete Heghseth, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, entre otros más, y las encuestas de aceptación tan negativas para cada uno de ellos, en especial el presidente.

Si la lógica se expresara en los hechos por sus principios básicos de no contradicción en el sentido de que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, sin admitir una tercera posibilidad intermedia, sería imposible que el gobierno republicano gane el 3 de noviembre.

Pero, como decía el general panameño Omar Torrijos, que «en política no hay sorpresas sino sorprendidos», ese histórico día podrían suceder varias cosas.

En los primeros lugares: despertarse una mañana con la noticia de que por cualquier razón increíble y estúpida, se suspenden, lo cual sería sumamente negativo para la administración pues equivaldría a declarar u oficializar la dictadura trumpiana, y el intento de eternizarse en la Casa Blanca.

Tal vez días o semanas antes comiencen a verse anormalidades en los estados donde haya más evidencias de la derrota republicana, para cambiar las reglas del juego.

Si se llegan a celebrar, quizás estén seguidas de inmediato de una declaración enérgica de no reconocimiento de sus resultados, por “acciones perversas de una ultraizquierda” nacional dirigida o inspirada por los comunistas en la que podrían incluir a Cuba como fuente, según lo ya proclamado así por el inepto Marco Rubio quien busca acuñar esa matriz.

Puede ser, también, una criminalización del sector progresista o auto denominado socialista, organizado con los mejores restos del Partido Demócrata, escindidos de los multimillonarios que se unieron en la cúpula con sus pares trumpistas e integran la tecnocracia encabeza por Elon Musk y otros grandes empresarios.

Pero también puede suceder que las mayorías estadounidenses defiendan hasta con las uñas la democracia hecha añicos por esa gente en el poder.

Sería una señal de trascendencia universal si demuestran que llegó el momento de recoger sus pedazos democráticos y volver a pegarlos para que Estados Unidos recupere su institucionalidad y los culpables de desguazarla paguen sus culpas en juicios políticos que están al doblar de la esquina, si pierden la mayoría calificada en el Congreso.

Para Trump sería la confirmación de noviembre como su mes de las calabazas en las dos connotaciones que mencionamos, la que reza que “se vayan para la plaza” (o mejor la prisión), y la de presencia funeraria por el Día de los Muertos.

Los familiares de los 52 fallecidos a manos de los fascistas del ICE, de los asesinados en lanzas hundidas en altamar, de los niños, mujeres y ancianos muertos en Irán, tratarán de que así sea.

A ellos se unirán los familiares de los soldados fallecidos en las guerras injustas y abusadoras, los muertos en la ilegal operación agresiva para robarse a Venezuela y secuestrar a su presidente, de los niños, mujeres y ancianos que han perdido la vida en Cuba por la intensificación del bloqueo.

Pero, sobre todo, los menores ya adultos violados por un pedófilo de lo que sobran pruebas, de las mujeres víctimas de su agresiva conducta acosadora y misógina, de los migrantes a quienes les arrebató a sus hijos y los encerró como animales en las jaulas de tigre como hacían en Vietnam, y los castigó dividiendo a sus familias, a quienes desprecia y trata como leprosos para deportarlos o pagar a otras naciones a fin de que los acojan como si fuesen ratas.

Las cifras de ellos mismos no mienten: al menos 52 personas han muerto bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) desde enero de 2025, mientras que la población detenida supera las 65.000 personas y las deportaciones suman cientos de miles.

Todo eso, y mucho más, explica a groso modo por qué se ha desplomado la aprobación de Trump rumbo a las elecciones intermedias, y en lugar de corregir las causas las agudiza creando más conflictos internacionales, amenazando con pasar a niveles bien peligrosos para el propio pueblo estadounidense su guerra en Irán, sus amenazas a China y Rusia, su agresividad a Cuba, como si esa fuese la solución mágica.

Trump hunde cada vez a Estados Unidos en una crisis del espíritu, moral y ética, pensando en una eternidad sustentada en los billones de dólares que acumula el actual establishment, cuando eso no es garantía de preservación.

No es necesario citar a alguna encuestadora para demostrar que es un imposible histórico para Trump ganar las elecciones de medio tiempo por vías normales, y mucho menos liberarse de un juicio político.

Estados Unidos, como nación, no quiere seguir degradándose. Ábrase cualquier encuesta, incluidas las más proclives y defensoras de Trump, absolutamente cualquiera, y se verá el listado de los por qué el 3 de noviembre debe ser su martes negro.

Entonces, recordemos a Torrijos, y preparémonos para cualquier cosa porque está vez, haga lo que haga Trump para continuar de emperador, no debería de haber sorpresas ni sorprendidos.

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