Entrevista con el sociólogo y editor del libro ‘Delincuencia, finanzas y globalización’

Armando Fernández Steinko: «El capitalismo financiero genera comportamientos delictivos»

Los partidos que comparten los grandes ejes económicos y políticos del país no suman el 50%, esto es un shock para la clase política.
Foto: togetheritspossible.org


Delincuencia, finanzas y globalización
Editor Armando Fernández SteinkoCentro de Investigaciones Sociológicas

El pasado día 1 de julio el sociólogo y conocido pensador y activista de izquierdas Armando Fernández Steinko presentó en Madrid su último libro, un trabajo de investigación realizado junto con otros autores y editado por el Centro de Investigaciones Sociológicas que lleva el título de ‘Delincuencia, finanzas y globalización’ que según Fernández Steinko constituye “una brújula para orientarse en el mundo del crimen contemporáneo”.

Algunos momentos antes de la presentación, Fernández Steinko recibió a Mundo Obrero en su domicilio para mantener una conversación sobre el crimen, el capitalismo y la izquierda, entre otras cosas.

Mundo Obrero: ¿El momento que vivimos es una crisis, una estafa o el estadio final del capitalismo?
Fernández Steinko:
Los estadios últimos normalmente responden a deseos, no estamos ante el estadio último del capitalismo, la historia no funciona así. El capitalismo financiero genera comportamientos delictivos independientemente de los individuos, se basa en una economía no real y depende de coyunturas, opiniones, contactos, imágenes, cercanías al poder, amiguismo, estafas y comportamientos fuera de la ley.

Una de sus desviaciones: la corrupción urbanística, se da en España porque la economía productiva fue liquidada en los años 80. La Constitución dice que tenemos derecho a una educación y una sanidad y de alguna forma hay que pagarlo. Los gobiernos PP-PSOE se endeudaron de forma estructural en los mercados financieros desde los años 80 para financiar todo esto, no perder elecciones y asegurar el proceso constitucional. Cuando los ayuntamientos, que son los que tienen que hacer frente a las competencias relacionadas con el Estado del bienestar, no tienen dinero, una serie de cambios legislativos (Ley del suelo del 96) y la entrada en el Euro favorecen este tipo de conductas.

M.O.: ¿Qué supone la burbuja inmobiliaria para el crimen organizado?
F.S:
Primero hay que dejar claro lo que significa ‘crimen organizado’. Es el delito de ‘cuello blanco’ (financiero, corrupción) el que está realmente organizado. Si queremos hablar de crimen organizado tenemos que hablar de aquellos criminales que utilizan las organizaciones legales para cometer actos delictivos.

M.O.: ¿Ha sido España un santuario del crimen internacional?
F.S.:
En el sur de Europa se han generado situaciones en las que los comportamientos delictivos de este tipo se han hecho estructurales. Eso no quiere decir que hayan venido aquí todos los criminales del mundo, sino que la única forma de subsistir, también constitucionalmente es traspasando la ley, porque el sistema económico no ofrece recursos para cumplir la Constitución. Es un viejo problema del capitalismo, porque existen libertades políticas, civiles, individuales, pero hay un sistema económico que tiende a excluir a cada vez más gente.

M.O.: ¿Existe tolerancia hacia la corrupción?
F.S.:
Uno se puede resistir a aceptar moralmente ciertos comportamientos durante un determinado periodo de tiempo, pero cuando se tiene una situación de desempleo o un futuro profesional inexistente, la tendencia a no querer ver lo que hay detrás de lo que estás viendo es muy fuerte. El fenómeno Jesús Gil es muy revelador, las clases populares de esas zonas ven a Jesús Gil como una persona que les abre una perspectiva de empleo basada en el ladrillo y una prosperidad basada en atracción de dinero legal o ilegal. Gil liberaliza el suelo y les deja una zona bellísima de este país (La Costa del Sol) a costa de la naturaleza y del urbanismo, en la que se permite que todo el que tenga dinero puede invertir ahí como quiera.

M.O.: ¿Se está persiguiendo realmente el crimen de ‘cuello blanco’ en España?
F.S.:
Esto ha cambiado mucho desde 2010-2011, es el fin de un ciclo político basado en un pacto social según el cual los de abajo también tienen un trozo de tarta reservado. Cuando se reforma el artículo 135 de la Constitución eso se viene abajo. La Constitución ya no está al servicio de esas necesidades básicas. Y eso, sumado a las altas cifras de desempleo genera una gran desafección, un gran desapego. El crimen de ‘cuello blanco’ se combate ahora porque tiene un coste político, antes, a cambio de cerrar los ojos, la gente veía prosperidad, una prosperidad chunga, una prosperidad sospechosa, pero prosperidad y ya no funciona esa compensación, por lo que el Gobierno está muy preocupado y se está produciendo un renacimiento de una visión moral de las cosas.

M.O.: ¿La última reforma de la Ley de Jurisdicción Universal beneficia al crimen?
F.S.:
La reforma de Ley de Justicia Universal, lo que busca es no tener problemas con China y países similares, y pone de manifiesto la contradicción entre las ideas universalistas y bienintencionadas de origen kantiano, a la idea del capitalismo, basada en una competencia sin fin entre naciones, países, Estados, sistemas financieros, etc. Hay que hacer una lectura realista del mundo, esto no es la Paz Universal de Kant, el capitalismo y el mundo son un espacio único en el que las relaciones entre los países son enormemente competitivas. En la época de la Guerra Fría había cooperación occidental y en el mundo en general, ahora hay competencia. No existe una jurisdicción única ni una especie de derecho universal. Hay un montón de delitos que sólo se podrán combatir de forma conjunta, cuando exista una jurisprudencia universal y unas leyes universales. Hay una única excepción en ese sentido y es el narcotráfico, es un tipo de delito contra el que, bajo una presión diplomática norteamericana que se ha inventado una historia con el narcotráfico que no existe, unas fortunas y unas finanzas del narco internacional que no existen, se ha conseguido crear un sistema de lucha contra el dinero del narcotráfico que es el sistema de lucha contra el blanqueo. Al margen de eso, no existe una legislación universal que combata el fraude fiscal que desangra a los países y que persiga el delito fiscal con la misma contundencia con la que persigue el narcotráfico, a pesar de ser mucho más nocivo económicamente y cualitativamente hablando.

M.O.: Cambiando de tema ¿Cuál es el estado de la izquierda y los movimientos sociales tras las elecciones europeas en España?
F.S.:
Nos estamos acercando a un escenario que hace 6 meses nos parecía utópico, y es el escenario del 50%. Los partidos que comparten los grandes ejes económicos y políticos del país no suman el 50%, esto es un shock para la clase política, independientemente de cómo se pueda interpretar qué pase luego a la izquierda. Los cambios que ha habido en relación con la Corona y la abdicación del Rey tiene mucho que ver con esto, a parte de los escándalos. Hay una ecuación muy clara: La gran coalición tácita, y esa gran coalición tiene que llegar al 50%, holgadamente, si no llega al 50% hay una situación problemática. Por esto, creo que se han disparado todas las alarmas en el establishment político, económico, todas. Y lo del Rey tiene que ver con todas estas cuestiones.

M.O.: ¿Y todo esto cómo afecta a la izquierda?
F.S.:
Desde 2009-2010, algunas personas venimos hablando de que el desplome del capitalismo popular inmobiliario va a generar una situación parecida a la griega. Ese escenario tiene dos salidas, una salida de derechas o una de izquierdas, pensar que automáticamente va a tener una salida de izquierdas y abstenerse de crear un espacio ahí es una temeridad.

Hablo de estar por encima del 25% electoral pero también de una hegemonía importante en los medios y muchas otras cosas, no me refiero solamente a los votos. Los votos pueden venir y perderse. No estamos todavía en ese escenario pero nos podemos estar aproximando.

Hay una erosión en la parte del sistema, pero la parte de la alternativa no está para nada madura. Yo vengo hablando desde hace mucho tiempo de algo así como la izquierda mosaico. La española es una sociedad muy compleja y para aglutinarla hace falta un formato político muy creativo y flexible. El formato es un formato horizontal, desde mi punto de vista, en el que todas las piezas tengan su lugar y ya veremos más adelante si se van fundiendo o fusionando en un proceso político posterior.

Después de las Europeas se ha puesto de manifiesto esa diversidad. Lo que ya sabíamos se ha hecho visible.

M.O.: ¿Veremos vuelcos electorales en las próximas citas con las urnas?
F.S.:
Depende de cómo madure ese polo: El problema de Podemos es que ellos se ven muy fuertes, no quieren hablar con nadie, y creen que pueden solos. IU ha tenido una actitud excesivamente ingenua pensando en que ella misma puede dirigir, siguiendo el esquema de vanguardia, una sociedad tan compleja. La cuestión es como convergen esas dos fuerzas y otras muchas. Depende de la capacidad que tengan los actores, no veo una salida automática hacia la izquierda. Yo conozco muchas sociedades en las que, por ejemplo la salida nacional es una salida muy peligrosa, sustituir la lucha anti-neoliberal por el conflicto nacional. Todos los días lo vemos en Cataluña, han desaparecido las reivindicaciones sociales y han sido sustituidas por reivindicaciones nacionales.

M.O.: Finalmente ¿Por qué no se permite la consulta sobre el modelo de Estado?
F.S.:
Tiene que ver con la gran coalición que comentaba antes, hay miedo de que un cambio constitucional de ese tipo desencadene una situación imprevisible y yo creo que se equivocan porque hay mucha gente que votaría monarquía, desgraciadamente. Lo que la gente pide es que le dejen votar. Pero, por si acaso hay que cuidar los símbolos, y la monarquía es uno de ellos, y no someterlos a votación, porque las votaciones son otro mundo, otra cosa. Los símbolos hay que cuidarlos y reservarlos de ese tipo de cosas democráticas. Y por tanto se intenta que la población no pueda poner en duda ese símbolo porque es un elemento que fundamenta un modelo económico, social y político.

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