Nelson Mandela decía:
“Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que hemos provocado en las vidas de los demás lo que determina el significado de la nuestra”
La crisis económica es tan radical y tan profunda que crea condiciones para un cambio real sobre todo si la unimos a la crisis de hegemonía.
La crisis Española es una crisis de hegemonía, se manifiesta en el agotamiento del régimen de la transición, el bipartidismo monárquico. Esta pérdida de legitimidad frente a los sectores dominados, “obliga” a mantener la dominación mediante la coacción y la violencia.
Vivimos tiempos de cambio, de agitación, la sociedad grita por ser escuchada, es urgente, se trata ya de una necesidad: la de ir avanzando hacia otras formas donde el poder deje de estar en las manos de unos pocos, y que sea la gente, la ciudadanía la que deba y pueda gestionar su propia situación y su futuro. Una sociedad plagada de realidades duras, injustas y amargas, esas realidades que nosotros no hemos provocado y que esos pocos nos han impuesto.
Tenemos por tanto la legitimidad moral, política y social de emanciparnos de esos poderes económicos que son los que hoy nos gobiernan y los que condicionan nuestras vidas, que utilizan el poder político para proyectar sus intereses: los de una oligarquía que continúa haciéndose más y más poderosa a costa del sufrimiento de la mayoría social, de los trabajadores y trabajadoras, de las clases sociales mas castigadas y vulnerables.
Tenemos sí, la obligación como ciudadanos de tomar el timón de nuestra propias vidas, a través de la participación política, social y ciudadana. Merecemos una realidad de justicia social, donde se respeten los derechos: humanos, civiles y fundamentales…esos mismos que ahora están siendo aniquilados con total impunidad. De no acabar con este régimen, nosotros, nuestros hijos lo seguirán sufriendo.
Pero para defender los que aún nos quedan y luchar por otros nuevos, es necesario implicarnos al cien por cien en un cambio profundo sobre el modelo de democracia que necesitamos, porque el actual no responde al interés general de la sociedad, los derechos de ciudadanía no son respetados.
La ciudadanía clama por poner en marcha nuevas formas de articular la sociedad, donde todos y todas seamos protagonistas del cambio hacia una verdadera transformación social. El problema por tanto es de todos y todas, y entre todos y todas deberíamos resolverlo.
Pero…¿Cómo hemos llegado hasta aquí…?
Nos vendieron y nos venden hasta la saciedad, que el todopoderoso mercado es capaz de autorregular las dinámicas sociales, y los estados, (inspirados por una falsa socialdemocracia) cayeron a sabiendas en esa trampa del dejar hacer, de que el mercado en su sentido más puro, aséptico y voraz, sería capaz de mantener el equilibrio social.
El Estado, (privatizado en manos de unos pocos), podría así, a través de la excusa de la economía, y las dinámicas oscilantes del mercado, justificar este estado actual de sociedad, marcada por la cada vez mayor brecha social y el deterioro galopante en las condiciones de vida de la gente “No es culpa nuestra, son las normas del mercado” que dirían algunos neoliberales.
Pero la realidad es que son los Pueblos, la Ciudadanía, los que son obligados a pagar las consecuencias de este sistema depredador, injusto, excluyente y aniquilador de los derechos sociales y ciudadanos más elementales. Neoliberales disfrutando de su orgía capitalista mientras condenan al empobrecimiento general a toda una sociedad.
La crisis-estafa ha empeorado la situación de vulnerabilidad de una gran mayoría social. Todo confluye en la destrucción de derechos sociales y ciudadanos: (exacerbación de la pobreza, aumento de las desigualdades sociales, perdida de los derechos conquistados…). Las recetas neoliberales agravan el cáncer social que ellos mismos han provocado: (privatizaciones, abandono y desprestigio de lo publico, empobrecimiento general de los trabajadores y sectores mas vulnerables..).
Los principios individualistas por encima del proyecto colectivo, el auge de las políticas asistencialistas y la caridad frente a las políticas sociales que apuestan por la transformación social y la redistribución de la riqueza. Neoliberales y falsos socialdemócratas (PP Y PSOE), UNIDOS PARA GESTIONAR EL PRODUCTO DE SUS POLITICAS, LA MISERIA QUE SU MODELO CAPITALISTA HA GENERADO.
Atacar los problemas desde la raíz, hoy no interesa. Lo que sí interesa a los Estados (fieles siervos de la Europa de la troika) son los intereses de las grandes empresas y los poderosos, los beneficios en bolsa, la especulación, socializar las perdidas mientras ellos privatizan lo público que es rentable, anteponer el pago de la deuda privada a la sanidad, la educación o los servicios sociales.
La vocación Universal, participativa, normalizadora, de promoción social de las políticas sociales, por ejemplo, se va evaporando por la falta de esperanza, y de recursos, por la contaminación mediática, por los principios que inspiran el individualismo del sistema capitalista. Un modelo económico (El capitalismo actual) que prima la acumulación de ganancias en manos de unos pocos, por encima de la dignidad humana. El crecimiento económico ininterrumpido, ha resultado ser una trampa mortal para el conjunto de la sociedad, y la alarma lleva puesta muchas décadas:
“De seguir por esta senda, (decían los percusores del desarrollo comunitario) llegaríamos a situaciones que no nos gustarían y que estarían en contradicción con los principios de avance social de una efectiva paridad de oportunidades, de justicia social y de un desarrollo económico que hubiera discriminado y penalizado las clases sociales más débiles y precarios.”*
Ante este cumulo de creciente adversidades, acabamos adquiriendo una actitud de supervivencia, el ¡sálvese quien pueda!! se convierte en la única solución, y la “Ley de la Jungla” es la Norma Social por excelencia, la mas respetada: Las vidas truncadas que se muestran en los medios alimentan el miedo a protagonizar el drama social, que no sirve para prender la llama de la rebelión, sino para inculcar aún más miedo. Un sentimiento de resignación generalizada que va cuajando a cada golpe de telediario o con cada programa de esos caritativos e indignos de la televisión publica.
Pero nada de lo que hablamos es casual, esta crisis disparatada, se refuerza en la estrategia de distribuir miedo, no solo pobrezas (los poderosos han encontrado su arma más letal), consiguiendo que lo complejo y casi inabarcable de los acontecimientos, no permita una respuesta global satisfactoria del conjunto de la población.
Se tiende a culpar al otro, causante del propio infortunio, se vocifera que la culpa de la falta de trabajo es de los inmigrantes, los empresarios culpan a los funcionarios o a los que se buscan la vida en la economía sumergida, los parados recelan de los que tienen trabajo, padres que ven a sus hijos partir al exilio económico pese al esfuerzo en proporcionales estudios también culpan al sistema educativo… Es por tanto necesario, aprender a gestionar la adversidad, de manera que no se convierta en algo paralizante, y asumir que debemos hacernos cargo de asuntos que nos sobrepasan en situaciones para las que no estamos preparados.
Pero sí, la verdad es que nos estamos preparando. Es el momento de seguir armándonos de conocimiento, compromiso y determinación política para avanzar por el otro camino, el de la Democracia Participativa, el del desarrollo social organizado colectivamente, el que empodera a la ciudadanía, y cree en la ciudadanía, y en los grupos en que esta se organiza, capaz de modificar los elementos sociales, políticos y económicos que hagan cambiar las actuales estructuras, que traen consigo la precarización de lo social .Avanzar hacia la emancipación, liberarnos de las cadenas de los nuevos opresores del siglo XXI: individualismo, desprestigio de lo colectivo, menosprecio de la colaboración, de la autogestión.
Se trata de caminar hacia la participación política, la que reconoce a la ciudadanía y sus derechos.
Los procesos de transformación social pasan por la participación social y ciudadana y llegan hasta la participación política en un proceso en bucle donde la lucha de clases actúa como catalizador y/o desencadenante. En la historia tenemos todos los ejemplos.
Pero estos que nos han traído hasta aquí, han obviado el hecho más natural que hay: Ese que dice que toda acción trae consigo una reacción, y por tanto una repercusión: Poner en auge el valor de participación, como herramienta para la acción política y social es una tarea que no puede esperar Un ejemplo de esta reacción son Movimientos Sociales, los cuales han conseguido un protagonismo social y una dimensión ciudadana sin precedentes en España como respuesta al actual sistema.
Están sirviendo para canalizar las demandas sociales colectivas y son la manera organizada de expresar el inconformismo social. Resulta primordial conocerlos, impulsarlos y estar implicados en ellos. La práctica constituyente no tiene como campo único el de la relación con el Estado y su aparato. Debe extenderse al terreno de la vida cotidiana y la coordinación de la luchas, a la relación por la naturaleza, al trabajo y al desarrollo de alternativas democráticas, a la producción y a la circulación, debe producirse un retorno al movimiento social. Apostamos por construir tejido constituyente desde abajo. Nuestro objetivo es el de situar la ciudadanía en el centro de la vida en sociedad y la participación en los movimientos sociales es primordial, ya que constituye una acción que tiene que ver con las necesidades y las aspiraciones humanas, con la capacidad de las personas de tomar conciencia de esas necesidades, y buscarles solución mediante la organización en lo político y social.
Igual de importante es el fomento de la Participación Ciudadana a través de nuestra acción social política en, y desde lo colectivo, para conseguir mayores cotas de Democracia Participativa en la sociedad donde interactuamos continua y diariamente, porque el “ser social”, es un sujeto político: Es el “ser” trabajador, ciudadano, activista, militante…y este “ser” esta presente en todas las organizaciones en las que actuamos. Como activistas sociales y políticos que somos, deberíamos ser capaces de poner en marcha y potenciar estos procesos, de manera que nuestra militancia política y social actuase como catalizador de una reacción aglutinadora y de resistencia desde nuestro ámbito más cercano, capaz de articular ese contrapoder tan necesario. Se trataría de cambiar el poder de unos pocos por el Poder Popular en nuestros lugares de vida habituales: el barrio, el centro de trabajo, las organizaciones sociales y ciudadanas.
La acción en lo comunitario, en esos espacios que compartimos parte de la idea de que las personas pueden mejorar su situación individual a través del trabajo colectivo y desde un interés general. Luchar para evitar las «profecías autocumplidas» es decir, la tendencia a que personas y colectivos se sitúen exclusivamente donde han sido «colocadas» en el simbólico social en función de sus condicionantes culturales, económicos, sociales, educativos, etc., y combatir la cultura de la impotencia, que refleja «la idea de que estamos condenados a aceptar la realidad, pero no podemos cambiarla». Debemos aprender a “desaprender”. Para ello es preciso crear redes, generar sinergias, favorecer la comunicación y el intercambio de experiencias entre organizaciones sociales y ciudadanas que comparten el mismo objetivo de emancipación. El cambio de las actuales estructuras de poder: Tejer redes que motiven esa convergencia hacia ese objetivo común de dar la vuelta al sistema.
La Participación, por tanto, podría ser esa piedra angular para la transformación, para crear una conciencia colectiva, movilizada y organizada, para asumir nuestra pertenencia e identidad común, para identificar a los responsables de este engaño social, y entender la gravedad de la situación cambiando nuestros simples razonamientos habituales. Aquí las personas implicadas en lo político y social, debemos avanzar hacia este objetivo, poniendo a tope la maquinaria de conocimientos y herramientas (técnicas y políticas) capaces de movilizar los recursos de las personas y los grupos en que se integran. En su concepto mas amplio.
El activismo social y político, es un medio para hacer posible los cambios y mejoras en la vida colectiva de la población, de un territorio, de una comunidad. Es un medio para la transformación social. La participación activa y consciente de la ciudadanía, es un elemento clave de futuro, que empodera a la sociedad, para pasar de la participación social a la ciudadana y poder modificar esta realidad a la que nos intentan condenar. Traducir la crisis hegemónica en la constitución de un nuevo sistema político y social es la gran tarea en el terreno ideológico, político y social y en términos prácticos supone enfrentarse decididamente a la reformas y a los recortes, con mucha organización social.
El imaginario colectivo avanza sin pausa en la transformación social, la situación social que atravesamos requiere de una respuesta urgente y organizada capaz de hacer tambalear las actuales estructuras de poder. Ahora tenemos la oportunidad de seguir trabajando para alcanzar ese socialismo del siglo XXI a través del la Justicia Social y el Poder Popular.






