
Dos días, una noche
Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne.
Título en España: Dos días, una noche.
Título original: Deux jours, une nuit.
Dirección y guion: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne.
Países: Bélgica, Francia e Italia, 2014.
Intérpretes: Marion Cotillard (Sandra), Fabrizio Rongione (Manu), Pili Groyne (Estelle), Simon Caudry (Maxime).
Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne y Denis Freyd.
Fotografía: Alain Marcoen.
Montaje: Marie-Hélène Dozo.
Estreno en España: 24 Octubre 2014.
Título: MAGICAL GIRL.
Dirección y guion: Carlos Vermut.
País: España, 2014.
Intérpretes: José Sacristán (Damián), Bárbara Lennie (Bárbara), Luis Bermejo (Luis), Lucía Pollán (Alicia), Israel Elejalde (Alfredo), Elisabet Gelabert (Ada), Miquel Insúa (Oliver), Teresa Soria Ruano (Adela).
Fotografía: Santiago Racaj.
Montaje: Emma Tusell.
Estreno en España: 17 Octubre 2014.
La crisis del sistema y sus nefastas consecuencias hace su aparición en dos películas que no podrían ser más diferentes, al tiempo que son igualmente interesantes. En la producción italofrancobelga Dos noches y un día, dirigida por los siempre atractivos hermanos Dardenne, la crisis es la base y el territorio sobre el que se desarrolla la trama; en la producción española triunfadora en el Festival de San Sebastián, la crisis es el detonante que provoca una reacción en cadena de consecuencias devastadoras. Pese a esa conexión, decimos, ambos filmes están en las antípodas desde el punto de vista formal. Así es el cine en su riquísima variedad de propuestas: cuando se habla del ser humano con verdad, los lenguajes pueden cambiar pero el fondo viene a interrelacionarlo todo.
Ambos filmes comparten también una simplicidad argumental de altísima densidad de contenido. Los Dardenne hablan del capitalismo feroz, del chantaje patronal hacia los trabajadores, a los que plantea dilemas éticos que la precariedad económica convierte en sangrantes disyuntivas para quienes poseen una base moral sana, o en agentes químicos reveladores de la naturaleza miserable y egoísta de otros. El filme tiene la impronta combativa del cine de sus directores, que en este caso atenúan ligeramente el perfil de los dramas humanos que acostumbran a diseccionar, ásperos y dolorosos.
La cámara sigue siendo nerviosa y documentalista, pegada a una joven cuyo puesto de trabajo depende de la decisión de sus compañeros, que deben aceptar en una votación si renuncian a sus bonus o prefieren que se ejecute el despido. Eso es todo: una mujer lucha contra sí misma, contra sus tendencias depresivas, contra la debilidad de la clase obrera a la que pertenece, contra un sistema económico implacable, simplemente hablando uno por uno con todos sus compañeros en el espacio temporal definido por el título. Y los Dardenne diseccionan ese sistema desde el lado humano en un retrato rápido, clarividente, alejado de todo maniqueísmo. Y en virtud de la conclusión… luminoso.
Carlos Vermut en su Magical Girl habla de una pasión que sienten dos individuos, un padre hacia su hija adolescente afectada de leucemia, y un viejo profesor de matemáticas hacia la que fue su alumna y por culpa de quien –no sabemos de qué modo y en qué circunstancias- cumplió condena de cárcel. El padre ha sido arrojado al paro (la crisis omnipresente) y desea hacerle un regalo a su hija, pero no tiene dinero y decide conseguirlo sin reparar en la moralidad de sus métodos. El profesor, trasunto moderno del Humbert Humbert nabokoviano, ha visto arruinada su vida por la irreprimible obsesión por Bárbara, que adivinamos oscura, perversa, destructora, sólo a través de fragmentos de diálogos, y cuando vuelve a ser convocado por ella al torbellino de sus anhelos se encamina dócil hacia el abismo, destino idéntico al que Lolita empujaba a su anciano enamorado.
Lo verdaderamente notable de la película de Vermut lo encontramos en el plano formal, tanto en la ascética puesta en escena como en la estrategia general narrativa que cuenta muchas cosas tremendas sin apenas mostrar nada de ellas a través de un uso magistral de la elipsis y del fuera de campo. Su cámara –al contrario que la de los Dardenne- es quieta y su mirada fría. Se diría que Vermut disecciona cadáveres andantes, personas afectadas por terribles convulsiones internas que ocultan bajo una capa de impertérrita expresión, volcanes en ebullición interna a punto de estallar, pero silenciosos y aparentemente tranquilos. Lo prodigioso de ese contraste entre fondo y superficie es que la narración resulta fascinante e hipnótica y atrapa por la belleza de sus formas. A destacar, una vez más, la interpretación de José Sacristán, quien en su espléndida madurez vuelve a pulir y dar aún más brillo a su edad de oro profesional.
Los Dardenne proporcionan el mínimo de información necesaria para llevarnos a donde se proponen que lleguemos, a comprender la esencia de cómo somos y cómo es el sistema en el que vivimos. En su caso, es pura economía expresiva. Carlos Vermut suministra los datos mínimos necesarios para permitirnos reunir con nuestra propia imaginación todas las piezas del puzle que estamos construyendo, cuya esencia es la inaprensible naturaleza del amor. En su caso, es pura cuestión de estilo.
RECOMENDACIONES
INTERSTELLAR. Christopher Nolan, 2014. Monumental, impresionante, a ratos deslumbrante… Nolan, siempre excesivo, en un viaje espacial y filosófico también algo cansino.
MATAR AL MENSAJERO. Michael Cuesta, 2014. Cuesta denuncia los desmanes de la CIA y los agujeros de la libertad de prensa en EE.UU. en un thriller mucho más que correcto.
ESCOBAR, EL PARAISO PERDIDO. Andrea Di Stefano, 2014. Retrato del célebre narco colombiano insertado en un potente y satisfactorio thriller.
CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS. Scott Frank, 2014. Liam Neeson aporta su saber hacer a un thriller con ligero aroma a negro clásico. Agradable pese a algunas debilidades.
Reportaje en Días de cine: http://cort.as/KDjM







