Marx

El marxismo no es una mochila de cemento fraguado que te pesa al andar y no permite distinguir las nuevas transformaciones. Marx, a quien intentaron cosificar, llegó a decir una vez que él no era marxista. Yo creo que el principio fundacional del marxismo es la voluntad de prepararse para ser capaz de enfrentarse a la verdad y a su transformación. Por lo tanto, si bien la verdad es concreta, la verdad que las contiene a todas es que ninguna verdad está al margen de la transformación. Lo que no implica relativismo, ni equidistancia, ni “centrismo” alguno. La historia hasta ahora ha sido siempre la historia de la lucha de clases. Pero ojo a los modelos: no existen. Solo existen los casos. Es verdad que la pereza mental, o la inseguridad, o cierto conservadurismo, nos intentan llevar a la lógica del ejemplo. Ante eso, la respuesta es la que dio Brecht: Nunca he sabido negarme ni a un vino viejo ni a una verdad nueva. Y partir de ahí, con una buena copa en la mano, mediada de blanco cristalino, podremos escaparnos al análisis posmoderno de lo viejo y lo nuevo, lo antiguo y lo moderno, lo cerrado y lo abierto. Todo es materia: espacio, tiempo, carne y obra; pero en política lo material es precisamente, sobre la matriz de lo invariante, saber percibir los cambios, a riesgo de convertirse en estatua de sal. Cambia, todo cambia, nos dijo en aquella canción inolvidable “La Negra”.

Hace poco publiqué un tuit que ha servido de base para un cordial debate en barras de bar y otras plazas del vivir cotidiano; decía: No se puede estar dentro y fuera del bipartidismo, dentro y fuera del régimen del 78, dentro y fuera del proceso constituyente. Es decir, intentaba marcar una frontera no entre esos polos abstractos, e interesados, de la posmodernidad, sino entre las opciones reales, llevadas al terreno de lo concreto, de la matriz que habita en la diaria duda de algunos de nosotros: simplemente se trata de restauración frente a ruptura. O se está en una o en otra: no vale ya el cuento de la restauración astillada.

Es cierto que la restauración es un terreno relativamente nuevo, y, también, relativamente cómodo, que observa la Constitución del 78 como algo reformable desde aquel bloque que apostó por una etapa posfranquista, que ha sido lastrada tanto por la Europa de Maastricht cuanto por el fantasma de su excelencia. Se hizo lo que se pudo. Pero aquello está ya carbonizado, es irreformable desde el punto de vista de la izquierda; y el bloque que intente el nuevo proceso transformador no puede ser el mismo. Dicho de otra manera: es mucho más incómoda la orilla de la ruptura, en que es preciso construir algo nuevo, alternativo, analizando a diario el nuevo sujeto histórico (ese tren que solo pasa una vez). Las mochilas deben estar vacías, pero deben estar. La mochila es nuestra historia, nuestra identidad, lo que somos ahora en función de las luchas pretéritas. Pero la mochila no es la foto fija de todo lo que puede acontecer en el futuro. La mochila no es un cofre cuya clave solo conocemos nosotros.

Para construir IU a partir de 1984-86 partíamos de una mochila que en el mitin inicial dijo que el PCE solo no podía. Con resonancias de unidad popular, no lejos de donde vivió Pepe Díaz. La mochila sigue siendo la misma.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.