Tómese un poco de tiempo y el trabajo ameno de oír a Lucía Sócam. Enseguida comprenderá que estamos ante un hecho artístico y una apuesta política e ideológica. No hay panfleto, no hay, en todo caso, apuesta ideológica que justifique la falta de calidad técnica, de capacidad creativa. Estamos ante una de las cantautoras de mejores y mayores registros. Es la voz prodigiosa, incandescente, de la memoria; es el tono que anuncia tiempos nuevos, perspectivas constituyentes. Es la técnica hecha alegría poética. El efecto, al escucharla, es lo que dice el verso de Alberti: “Esta mañana, amor, tenemos veinte años”.
En Guillena, su pueblo, Lucía Sosa Campos no es que esté más segura, porque no hay inseguridades en presencia, pero sabe que juega en su campo. Es el mejor escenario para Lucía, la hija del Cabra y la nieta de los Mengüillos (menudillos/menguadillos quizás).
-Cuando no canto me siento mal, como una especie de malestar físico, como si fuera a ponerme enferma. Supongo que le pasa a algunos dirigentes políticos. A mí con la música, y no asumo estar fuera del debate, de un sitio desde el que pueda utilizar mi herramienta de lucha, mis canciones.
En su casa el asunto no ha ido demasiado bien al principio, porque “Manolito”, su perro, no deja de ladrar. Pero las cosas se enderezan enseguida y “Manolito” se hace mi amigo, no sé si porque le he hablado de Kant o porque le he troceado un mostachón. ¿Canción y memoria?, le digo a Lucía.
-En el primer disco que hicimos, que era distinto, iba una canción: “Todos los nombres”. Y resulta que esa canción era la que más me pedían. Al par yo vivía siempre en los movimientos asociativos, y empecé a ser parte del dedicado a las 17 rosas de Guillena. Mi conciencia histórica y de clase se forjó así, entre la gente, con la gente, siendo gente. La teoría, sobre todo, era nuestro trabajo, las cosas que hacíamos. Y claro, paralelamente la música. A los 14 años me empeñé en una guitarra, que me compraron mis padres, para tocar en una agrupación carnavalesca, como comparsa femenina. Y también, de forma paralela, el asunto ese de ganarme la vida, como feriante, de camarera en los bares, limpiando casas o también de administrativa. Sin dejar de estudiar y de componer. Yo provengo del conservatorio, de ahí el rigor que pongo en la armonía, en el tiempo musical. Allí estudié flauta. Y después guitarra por mi cuenta.
-Te saldrían ya algunos conciertos.
-Sí, empecé a cantar “Verdades escondidas”, sobre la gente de los pueblos, sobre los dramas y las luchas de la base social, sobre esa memoria que muchas veces ha terminado en tragedia en este país. Soy la cantautora que ha cantado en más cementerios. Después entré en contacto con Atrapasueños, grabando y haciendo distintas giras: “Viejos tiempos, nuevos tiempos”, con Juan José Téllez, el poeta. “Siempre Abril”, con Juan Pinilla. “Con las mismas ganas de revolución”, que parte de un disco grabado en La Habana, desde el corazón solidario de la gente de Cuba.
-Mucha obra ya.
-Todo muy elaborado, pero muy rápido. Un torbellino.
-¿Qué edad tienes?
-28 años.
-¿Eres consciente de que no sólo estás fuera del mercado, sino contra él?
-Yo parto de una alegría plena, la de dedicarme a lo que me gusta, combatiendo desde la música. No necesito mucho para vivir. Comer y pagar algunas facturas. Me he acostumbrado a tener muy pocas necesidades. Sabía que no iba para rica. Decidí cantar contra lo que no me gusta, y eso hago, fuera de los circuitos de mercado. Despertar conciencias o rescatar la memoria de la lucha es lo mío, y no la lucha intestina, estresante y fuertemente competitiva del mercado. Abandoné el conservatorio por las pruebas de competitividad entre los alumnos. Y una vez me propusieron ir a un programa de la tele donde ganaría mi canción, así dicho, de antemano. Y me negué.
-Pero así, frente al mercado, las cosas debe ser muy duras.
-Se te cierran el 80% de las puertas y el 100% de las ventanas. Pero el mercado, en todo caso –se ríe-, no ha podido rechazarme, porque no he llamado a su puerta.
-¿Cómo vives?
-Bueno, desde el 2014 hemos constituido una cooperativa, que se llama Carambolo producciones. Pero en todo caso el trabajo hay que entenderlo desde el punto de vista militante. Y además, como te he dicho, hago lo que me gusta. Vivo en el reino de la austeridad, pero vivo intensamente, y me mantengo, y si algún día no es posible, seguiré componiendo y cantando, combatiendo desde la música. Ese es mi plan.
-¿Qué preparas?
-Bueno, se prepara de forma conjunta, contando con mucha gente, no solo músicos, un proyecto sobre Blas de Otero. Sabes que el PCE no puede ser explicado sin la literatura. En el 2016 se cumple el aniversario de Blas de Otero, y junto a una unidad didáctica, similar a la que se ha hecho sobre Pasionaria, hay todo un plan, aún dibujado a lápiz, de actos y colaboraciones. El texto de la unidad didáctica lo hará David Becerra. Y desde luego habrá canciones originales basadas en la poesía de Otero. La comisión de cultura de PCE y Atrapasueños seguirán colaborando. Aunque todo esto es para el 2016. Para ahora, el 2015, la gira se basa en el último disco, “Con las mismas ganas de revolución”. Un disco y una gira, por España y Cuba, que surgió tras la participación de la Brigada Vázquez de Sola en la Feria del Libro de La Habana de 2013. La amistad con Víctor Casaus, el poeta y cineasta, nos condujo a este proyecto. Se trata de un encuentro cultural que entronca con las perspectivas solidarias y revolucionarias de los pueblos. Supone también una manera emocionante de llevar a Cuba por bandera por todas las geografías posibles, como ejemplo de dignidad y resistencia.
-Háblame de Cuba.
-Joaquín Recio, de Atrapasueños, está organizando la participación de todo este comando en la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, en 2016, con las propuestas sobre Blas de Otero. Aparte, en noviembre, nos va a visitar de nuevo Aitana Alberti León, la hija de Rafael y de María Teresa. Ya hicimos con ella una gira histórica rescatando la memoria de su madre, de la que Atrapasueños publicó textos inéditos. Las relaciones con Víctor Casaus y el Centro Cultural Pablo de la Torriente, son inmejorables. Precisamente hice una gira con Casaus por España, de quien musiqué una serie de temas, presentando su libro de poesía “Amar sin papeles”. En cualquier caso, volver a Cuba con Blas de Otero, que vivió en la isla más de 4 años, y popularizar sus poemas antiguos y nuevos, los que se contienen en “Hojas de Madrid”, por ejemplo, y que son muy intensos con respecto a Cuba, es un proyecto muy ilusionante.
-Acabas de pagar el coche y ya lo tiene medio fundido.
Se ríe haciendo temblar todos los cristales de la casa.
-Pues sí. No hay forma de parar. Aunque es preciso detenerse a veces ante un libro, una melodía, un esquema armónico. Y sobre todo para pasear por mi pueblo. Yo no puedo vivir sin mi pueblo, sin estar en él. Y que no se entere mi representante, que me quiere más urbana. Pero a veces, en este pueblo pequeño, doy un paseo que no baja de tres horas, hablando con la gente, que me cuenta cosas nuevas, que han pasado en los últimos días, que afectan a unos y a otros, o que me llaman para que entre en las casas y vea las macetas o cómo está guisando en ese momento y que cosas le ha echado al puchero. Aquí me llaman la niña, o la niña del Cabra. Y también está muy interesados en mis viajes, en las cosas que canto. Por eso, cada tres días tengo que regresar. Además, aquí está mi “Manolito” –vuelve a lanzar su risa-, que no puede pasar sin mí.
-¿Qué música oyes ahora?
-Bueno, lo escucho todo. Por ejemplo, ahora estoy oyendo cosas de Frank Sinatra, por su voz, por su cadencia. Y claro, Calle 13, Silvio Rodríguez… Juan Pinilla es mi compañero de andanzas. Oigo también a los de siempre: Luis Pastor, Paco Ibáñez, Serrat…
-Me han dicho que se va a publicar un libro sobre ti.
-Qué vergüenza, ¿no?
-No, ¿por qué? Creo que, además, recoge tus letras. ¿Solo cantas tu música?
-Sí, casi siempre. Hago la letra y la música. Y a veces, cuando canto algo de otro, lo hago con una versión distinta, nueva. Lo que hago en parte con mis canciones, que siempre interpreto de forma diferente.
-Bueno, Lucía… Te veo fuerte.
-No podrán con nosotros –estalla de nuevo su risa.







