Fiesta PCE 2015. Presentación del libro “Conflictividad y crisis. España 2008-2014” de José Daniel Lacalle

El regreso del conflicto obrero

Viernes 18 septiembre 2015. 20:30h-21:30h. Carpa libros-proyecciones «Marcelo Usabiaga». San Fernando de Henares (Madrid).


“Conflictividad y crisis. España 2008-2014”
José Daniel LacalleEl Viejo Topo

Una de las realidades más destacadas en el marco de la crisis actual, ha sido el regreso del conflicto social. El ejercicio del conflicto social en España ha sido uno de los grandes protagonistas del impulso de regeneración democrática y cambio político en nuestro país. A pesar de esta evidencia, el conflicto social, y en especial, el conflicto laboral, es uno de los grandes ausentes del debate político y social hoy en día.

Con el nombre de “Conflictividad y crisis. España 2008-2014”, José Daniel Lacalle traslada en forma libro, años de trabajo de investigación en el seno de la FIM, sobre los rasgos actuales del conflicto de clase en nuestro país.

Estamos ante un libro único, que a través de un riguroso trabajo empírico, nos muestra las características del conflicto social y laboral hoy, lo que nos ofrece una radiografía precisa de la nueva conflictividad obrera al calor de las importantes luchas llevadas a cabo desde 2008.

Esta realidad conflictual del sistema, es consecuencia de una de las características principales del sistema capitalista: la consideración de la fuerza de trabajo como mercancía. Esta realidad nos permite entender las bases sobre la que se sustentan nuestras sociedades contemporáneas y sus relaciones sociales, marcadas por la potestad en exclusiva del control por parte del empresario privado de la realidad productiva y de la organización del trabajo dentro de la empresa. Esta potestad otorga a la clase empresarial la facultad total de la mayor capacidad de violencia colectiva existente en las sociedades contemporáneas: la capacidad de despedir.

Esta dinámica es estructural en nuestro sistema social, lo que requiere de contratendencias que sirvan de contrapeso a la hegemonía empresarial en la planificación de nuestra sociedad, que tiene en el sindicalismo, la huelga y el ejercicio del conflicto social, sus límites más destacados.

El profesor Baylos acierta al señalar que para el poder público y el poder económico, la huelga se muestra como la ruptura de las reglas de juego, un suceso contrario al orden de las cosas que debe ser limitado y restringido en sus efectos, un acontecimiento que interrumpe la relación laboral que fundamenta la organización de la producción y que proviene del exterior de la ordenación del sistema de trabajo, dirigido y controlado por el empresario.

Para confrontar con tan poderoso instrumento, la huelga, asistimos a una clara “ofensiva” que presenta la huelga, como un hecho que debe ser regulado por el Estado, que debe ser definido desde el espacio legal y no desde la autonomía sindical y del marco conflictual. Con ello se pretende negar la huelga como derecho de los trabajadores desarrollado a través de su acción colectiva, determinando su contenido y objetivos, no desde las posiciones de sus titulares (los trabajadores), sino desde otros sujetos: los usuarios, los ciudadanos, los empresarios, para desde ahí, marcar los límites y el alcance de la huelga. Realidad que lleva a dar prioridad en el conflicto social a una supuesta opinión pública y no al derecho al trabajo emanado desde su realidad productiva.

Al contrario de lo anterior, debemos abordar la huelga como derecho fundamental que parte de la “función” de este derecho, de su finalidad. La huelga tiene por objeto alterar o paralizar la producción como forma de reivindicar un proyecto concreto de regulación del trabajo o impedir la efectividad de una propuesta empresarial restrictiva o contraria a los intereses de los trabajadores. Solo la exactitud del profesor Baylos puede definir la huelga como derecho a “subvertir la normalidad productiva a partir del rechazo del trabajo como instrumento de dominación ejercido por un poder privado sobre las personas”.

La huelga por tanto enlaza con el contrato de trabajo porque revoca temporalmente la subordinación del trabajador en la producción dirigida y controlada por el empresario, y por tanto, despliega sus efectos en términos suspensivos de la relación de dominación marcada por el contrato laboral. El derecho de huelga reconocido como instrumento para transformar la situación económica, social y cultural de los trabajadores en cuanto tales en un proyecto igualitario, que exige en su funcionamiento concreto, impedir y restringir las prerrogativas ordinarias y extraordinarias del poder empresarial, derivadas del “respeto” a la libre empresa.

El discurso neoliberal se alía con la cultura empresarial y política heredera de la Dictadura, por desgracia muy presente en comunidades como la de Madrid. La clásica hostilidad empresarial y de la derecha madrileña frente al conflicto social, reforzado por la retórica franquista que define a los huelguistas como agitadores liberados sindicales e individuos débiles coaccionados por violentos piquetes.

La huelga y el ejercicio del conflicto social como derecho fundamental, implica que en una sociedad donde el mercado es el eje, que el sindicalismo de clase pueda reivindicar mediante este instrumento, la huelga general, su rol político.

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