“No existía una sola dirección del Partido, sino separada en tres continentes”. Fernando Hernández Sánchez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ha intentado compilar en el libro Los años de plomo. La reconstrucción del PCE (1939-1945) cómo se consiguió reconstruir el PCE durante los duros años de la posguerra, con todas las penalidades de la represión y la lógica desconfianza entre las diferentes direcciones del Partido en un ambiente de miedo y delación.
No debe ser tarea fácil reconstruir la organización más castigada en la posguerra, algo lógico al ser la más grande y combativa, que había alcanzado su cénit durante la guerra civil con más de 300.000 militantes en todo el Estado. El libro resume una historia de luchas, fracasos y persecución durante 15 años, construido, en palabras de Hernández, “desde la fuente primaria, el archivo histórico del PCE. Si no escribimos sobre esto, vendrán otros que nos lo contarán desde su visión interesada”.
Fracasos, porque a cada intento leonino de reconstrucción, le correspondió un duro golpe desde la represión. A la resistencia interior y de los maquis le sucedió la negativa de los aliados a acabar con el franquismo; a la reorganización de los primeros años, la gran delación de 1947, cuando dos de los tres máximos responsables del Partido trabajaban para la policía, y casi toda la militancia activa del PCE fue detenida. Es desde la cárcel donde se organiza la resistencia antifranquista posterior. En aquellos años, los y las comunistas estaban en las cárceles, en el monte, en los cementerios o en el exilio. Y para colmar este contexto adverso, en 1950 Francia prohíbe la actividad del PCE en el país, quedando disueltas sus agrupaciones y dirección.
Pero, además de los golpes externos, también había que lidiar con las dificultades internas. La dirección del Partido no era única, sino que estaba dividida entre el interior (constantemente renovada por las detenciones) y el exterior (Francia, México y la URSS, principalmente), y con la consiguientes diferencias en la línea política a seguir.
Es finalmente la nueva generación, los jóvenes que no han vivido la guerra, los que no están fichados por la policía, quienes son los encargados de devolver a la organización a su posición hegemónica como fuerza antifranquista. La convergencia, tan manida en estos tiempos, fue otra de las claves de la recuperación: la participación en las organizaciones de masas del régimen, los cristianos de base, el mundo de la cultura…
[El acto tuvo lugar el viernes 18 de septiembre de 2015 a las 20:00h]







