La Unión Europea está pasando por una crisis existencial. La lógica liberal, competitiva y que preside la desigualdad en la integración europea desde el Acta Única Europea de 1986 y el Tratado de Maastricht de 1992, llevada al extremo desde la crisis financiera de 2008, se sumerge en un callejón sin salida sistémica.

La deuda se utiliza como instrumento de chantaje contra todos los sistemas públicos y sociales. El BCE, los grandes bancos y el euro siguen estando, a pesar del fracaso del sistema, al servicio exclusivo de los mercados y del capitalismo financiero en lugar de movilizar los recursos disponibles y el crédito al servicio de un nuevo tipo el desarrollo económico, solidario y ecológico.
El desempleo masivo, la precariedad y la pobreza desfiguran todas las sociedades europeas. Casi todos los países de la zona euro tienen un pequeño o nulo crecimiento (0,3% de media en la zona euro para el segundo trimestre de 2015). Esta visión basada en la reducción de costes en mano de obra, gasto público y la protección social, impide cualquier recuperación de la actividad económica, y mantiene el desempleo masivo.

Uno de cada cuatro europeos (122 millones) está en riesgo de pobreza. Las cifras son aún mayores para las mujeres y las y los jóvenes. Esto provoca una crisis humanitaria, agravada por el desmantelamiento de los servicios públicos. Además se profundiza la brecha entre los países donde la tasa de desempleo está en su nivel más bajo y aquellos en los que va en aumento. Una amplitud de 20 puntos separa Grecia de Alemania, de acuerdo con cifras oficiales. Este contraste es aún más visible entre las mujeres y los jóvenes menores de 25 años, para los que las diferencias pueden ser hasta de siete veces.

La COP21 que marca un cambio en la conciencia global, también ha mostrado los límites de los compromisos para limitar el calentamiento global. Se trata de una emergencia planetaria, no es el clima el que tiene que cambiar sino el sistema. Este cambio de paradigma se debe hacer teniendo en cuenta a los países necesitados subdesarrollados. Es un problema entre el Norte y el Sur y que acrecienta las desigualdades en la propia Europa.

Además, la UE se enfrenta a una aguda crisis de legitimidad democrática. La cumbre de Bruselas de 12 de julio 2015 y el dictado impuesto a Grecia revelan la violencia de la ideología monetarista que ahora preside la UE, refleja el desequilibrio en las relaciones de poder entre los países de Europa del «centro» y de la «periferia» y fomenta el egoísmo nacional de facto.

Con el pacto fiscal europeo y el semestre europeo, la UE ha iniciado un proceso antidemocrático y autoritario que lleva a la desestabilización de las economías nacionales y se acentúa aún más por el cuestionamiento de los acuerdos de Schengen contra los refugiados y los migrantes.

La reconquista de la soberanía popular en Europa se está convirtiendo en un tema central de la lucha.

Esta situación se da en un momento donde la gente se pregunta sobre su futuro, cuando la crisis de los refugiados se agudiza y los ataques en París han sumido a Europa en una atmósfera de guerra, en el que las clases dominantes europeas quieren hacer uso de un solo tipo de respuesta: la respuesta militar y de lo que el sistema llama seguridad. Las libertades fundamentales son desafiadas en varios países en nombre de esa seguridad.

La respuesta militar en el Medio Oriente se prefiere a la de la búsqueda de una solución política al conflicto.

La quiebra de la democracia y el consenso conservador que rige la UE hasta el momento han provocado una desconfianza masiva en los sistemas políticos existentes, una creciente crisis política y de ello se han beneficiado fuerzas centrífugas del nacionalismo y el aumento de la xenofobia.

En diferentes países, en diferentes formas, la extrema derecha y los populistas imponen la desorientación, la desesperación y la ira de la gente ofreciéndoles una importante caja de resonancia.

Las preocupaciones múltiples y contradictorias de una gran parte de la población que no ve ningún futuro y el uso de temas reaccionarios junto a la perversión de un discurso «protector» están combinando una ideología de odio y de una división étnica.

El discurso «social» de la extrema derecha es parte de una tradición de esta corriente política, que se remonta al fascismo europeo, que asegura su marcha hacia el poder y destruye a la izquierda y el movimiento obrero al competir en su base social con temas transversales. Además, esta alianza entre el discurso «nacional» y un discurso «social» en torno a una ideología de la exclusión encuentra su apoyo en el aumento de los sentimientos autoritarios en Europa.

En general, Europa se enfrenta a un desafío de perspectiva histórica. En estas condiciones, la gente puede alejarse cada vez más de la idea de la solidaridad europea que se percibe como una fuente de regresión social y de ataque a la democracia.

El modelo de integración europea está en profunda crisis, tanto económica como social y democrática, está en estado de shock, no sólo a través de una grave crisis de legitimidad democrática, sino también histórica. El artículo 2 del Tratado de Roma de 1957 dio la ambición de «elevar el nivel y calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros». El desarrollo de la UE hoy en día lleva a un resultado opuesto.

Y ante esto, qué soluciones, qué luchas?

Reconstruir la economía europea

La ruptura con la austeridad requiere de una ruptura con los tratados europeos y el pacto fiscal europeo basado en la competencia libre, junto a un plan de inversión y creación de empleo, apoyándose en la inversión pública y en las necesidades de la transición ecológica. Europa, en colaboración con los Estados, debe garantizar una cooperación estratégica en los principales sectores industriales, empleo, o su conversión. Esto significa romper las negociaciones del TTIP, TISA y CETA.

La cuestión de la armonización social es más necesaria que nunca. Europa debe actuar para converger en derechos sociales y democráticos hasta terminar con el dumping social y es necesario establecer un sistema de salario mínimo europeo.

Los movimientos de capital deben ser controlados y las operaciones exclusivamente especulativas prohibidas. Un impuesto sobre las transacciones financieras y un impuesto sobre el capital europeo podrían financiar un fondo europeo para el desarrollo social y ecológico.

La ruptura con la austeridad implica una ruptura con la dictadura de la deuda. La Deuda de los Estados de los países del sur de Europa debe ser renegociado con una conferencia europea de la deuda.

Por último, significa la reconstrucción de la arquitectura de la zona euro. El BCE debe ser colocado bajo el control democrático; sus misiones y funcionamiento reformados. El BCE debe estar comprometido con la defensa del empleo y el desarrollo ecológicamente sostenible. La unión monetaria debe ser refundada. El euro se ha convertido en un arma de la clase dominante. Es necesario considerar el establecimiento de una Zona Euro bajo el signo de la cooperación si queremos un nuevo desarrollo industrial y agrícola, social, ecológico.

La reconstrucción del tejido económico debe ser puesto al servicio de un nuevo modelo de desarrollo centrado en la inversión pública y la creación de empleo condicionado a criterios sociales y ecológicos. Esto implica el control público de la energía. Una suspensión de todas las políticas de desregulación y transporte de energía debe ser promulgada y un plan para la eficiencia y la diversificación energética. La PAC debe reformarse para romper con la lógica productivista y estar al servicio de la agricultura que garantice una base estable a los agricultores y pescadores. La ayuda debe ser fundamentada de acuerdo con la producción de los problemas ecológicos y la fragilidad del sector. Por último, Europa debe actuar para poner fin a la especulación con las materias primas. Esta es la forma en que Europa puede convertirse en un líder en cuestiones ambientales y climáticos.

Es también necesario revisar cómo se construyen el marco europeo y de los Estados miembros. Europa no debe sustituir a los Estados a nivel nacional y sus prerrogativas sino desempeñar un papel de coordinación de diferentes políticas. La primera parte del ejercicio de la soberanía sigue siendo de las naciones. Debe respetarse la soberanía de cada Estado. La ley europea debe desarrollarse dentro de un marco de participación del Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales. La Comisión Europea no puede tener el derecho de iniciativa legislativa, que es propiedad conjunta de los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo. Del mismo modo, las presiones de los lobbies debe prohibirse.

Una Europa respetuosa y promotora de la soberanía popular es también una Europa de los derechos para todo el mundo, los cuales deben ser alineados con los países que tengan las mejores situaciones. Esto es particularmente cierto para el tema de igualdad y el derecho de la mujer a controlar su cuerpo y el acceso al aborto.

La política de vecindad y las relaciones internacionales de Europa deben guiarse por los principios de cooperación y codesarrollo, en particular con los países del Mediterráneo, África, Asia y América Latina. Los acuerdos de asociación de la UE deberían ser una palanca para el progreso social y la promoción. Alguno debería ser suspendido como es el caso de los acuerdos con Israel, Marruecos o con Turquía. Europa debe ser una palanca para la paz y la defensa de los derechos de las personas, en particular con su vecindad inmediata. Esto implica salir de la OTAN y desmontar el escudo antimisiles establecido en Europa del Este. Una política de defensa y de seguridad común sólo puede existir fuera del marco de la OTAN.

Una Europa unida y abierta al mundo, hay que romper con la idea de «Europa fortaleza». Europa y los Estados miembros deben acoger los migrantes en un contexto en el que la crisis de la globalización neoliberal, las guerras, el caos y la barbarie devastan regiones enteras. La política hacia los migrantes debe resaltar por el criterio de responsabilidad compartida Europea. Esto también significa luchar contra la explotación en el trabajo y los acuerdos de Schengen deben ser renegociados a favor de nuevas políticas relativas a la migración internacional que se ha convertido en un fenómeno estructural en todo el mundo y hacia el codesarrollo.

Vicepresidenta del Partido de la Izquierda Europea