La importancia de las mujeres dentro del sistema capitalista es crucial, ya que son las productoras de la mano de obra. Son las encargadas de dar a luz, amar, formar y educar a los futuros trabajadores. Sin embargo, en la actualidad, la maternidad se ha convertido en una carga para muchas. “Tenemos que elegir entre nuestro trabajo o ser madres” comentó Lucía Martínez, responsable de lucha contra el patriarcado de la UJCE, en la IV asamblea federal del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM).
Un porcentaje de las mujeres priorizan su vida laboral a la familiar, siendo ésta una de las causas por las que ha disminuido la natalidad en España. “En los medios de comunicación te venden que la evolución de la pirámide demográfica es un fenómeno natural, cuando no se tiene en cuenta la introducción de féminas en el mundo laboral” explicó Susana López de CCOO, quien cree que esta incorporación hecha por el capital se llevó a cabo de forma “desigual” y sin tener en cuenta las necesidades femeninas.
A día de hoy, todavía perdura una honda brecha salarial. Según el informe del foro económico mundial, ésta no se logrará paliar hasta dentro de 170 años si se continúa con el ritmo de progreso actual. Sin embargo, este dato ha crecido 53 años en tan solo un año.
Con respecto a las pensiones, estas también pierden con respecto a los varones. La mujer tiene que cotizar mínimo 15 años, con la obligación de haber trabajado los últimos dos años si quiere obtener una pensión.
“Cuando un colectivo de mano de obra se deja en manos del capital sin protección, este lo usa en contra de los demás obreros” afirma Susana López. No solo las mujeres quedaron sin protección desde que comenzaron a trabajar en los 80, sino también los inmigrantes que llegaron posteriormente a España en los 90 y principios de siglo. El capital busca incrementar sus beneficios y toma a los nuevos empleados como mano de obra barata rechazando a los anteriores con mayor experiencia. Los veteranos piensan que la culpa es de los nuevos grupos que se incorporan y ahí crece el odio racial, xenófobo y misógino.
LAS KELLY
Un ejemplo de explotación inmigrante son las trabajadoras del hogar, en su mayoría procedentes de América Latina.
La situación de las empleadas del hogar empeoró en 2011 a causa del convenio 189 que implantó el PSOE. Este convenio introdujo a las empleadas del hogar en el régimen general de trabajadores. Por lo tanto ellas empezaron a cotizar como un trabajador común sin tener en cuenta las peculiaridades de esta profesión. Este convenio está implantado también en Europa, pero 7 países ya lo han derogado por considerarlo injusto.
“La llegada de estas mujeres como mano de obra barata a los hogares españoles, propició la introducción de las españolas al mercado laboral”, explica Susana López. Las madres españolas confiaron en las mujeres procedentes de América del Sur para el cuidado de sus hijos, su casa y sus ancianos. “Estaba todo estudiado, las españolas sabían que estas mujeres procedían de países donde el respeto por los mayores y niños eran mayor que en España donde éstos resultan una carga”, argumenta. Así la propia mujer termina explotando a la mujer inmigrante para poder hacerse hueco en un sistema en el que ella también está relegada.
El sistema excluye, expulsa y mata a las chicas. Primero las educa en los valores del patriarcado y pasan por un proceso de socialización que les hace ver como natural ciertos aspectos de la vida que en realidad no lo son. Aquellas que se saltan el estereotipo prescrito son marginadas; finalmente pasan al mercado laboral donde la precariedad, la prisa, violencia e inestabilidad son constantes.






