CCOO ¡Se mueve! Rumbo al XI Congreso Confederal

Los retos para los próximos cuatro años pasan por lograr una organización renovada, no solo en su imagen pública sino en sus formas de llevar a cabo el ejercicio sindical.
Foto: José Camó

Un total de 751 delegados y delegadas del conjunto del estado están llamados a participar en el XI congreso confederal de las Comisiones Obreras, los próximos días 29, 30 de Junio y 1 de Julio en Madrid. Con esto finalizará un proceso congresual que se inició el pasado 12 de diciembre de 2016 con las asambleas de primer nivel. En sentido ascendente los casi 900.000 afiliados-as han ido eligiendo a los distintos delegados que han cubierto las 5 fases del proceso.

Han sido cuatro años difíciles de gestión sindical de la recesión económica y de los más duros ataques contra los derechos de los trabajadores y trabajadoras, que fueron reduciéndose ya en la anterior legislatura donde dos reformas laborales, la del PSOE (2010) y la del PP en (2013) fueron contestadas con sendas huelgas generales. Pese a ello debemos de lamentar la ausencia, de movilizaciones unitarias y terminantes, máxime cuando el gobierno del PP entró incumpliendo todas sus promesas electorales, iniciando una subida generalizada de impuestos que afectó principalmente a las clases trabajadoras del país, reducción de la inversión, imposición de nuevas tasas y copagos que atacaron duramente a la sanidad y la educación, reducción del gasto público el cual afectó principalmente al empleo de los trabajadores-as del sector público, tanto en derechos como en volumen de empleo; retirada de fondos para la dependencia y así hemos continuado con un progresivo vaciamiento de los servicios públicos y sociales.

Como si esto no fuera suficiente y con el claro objetivo de poner freno al descontento y a la movilización social y laboral, se ponen en marcha leyes como la conocida “ley mordaza”, que junto con el artículo 315.3 del Código Penal supone una importante vuelta al pasado más oscuro de nuestra historia reciente, que, además, ha tenido el efecto práctico de procesar a más de 300 sindicalistas, por el terrible delito de participar en huelgas laborales o movilizaciones ciudadanas, enfrentándose por ello a penas de prisión y duras multas económicas.

Con este panorama el sindicato necesita debatir y acometer cambios muy importantes en los instrumentos, las estructuras y equipos de dirección del sindicato. Volver a enganchar con el conjunto de la clase trabajadora recuperando afiliación, que se comprometa con el trabajo diario de la organización y seguir profundizando en materia de transparencia y participación en la gestión de este. Solo así, podremos tener una herramienta eficaz al servicio de la defensa de los intereses de clase.

Los efectos de la crisis también han atacado con dureza a CCOO. Esta ha afectado y, sumado a los errores de gestión y la furibunda campaña contra las organizaciones de clase, han influido en la capacidad de intervención del sindicato. La composición del empleo, la empresa, el mundo del trabajo en general, han cambiado. La sociedad es menos permisiva con la corrupción, pese a que sigue votando de forma mayoritaria por formaciones políticas que son una verdadera red de corrupción.

El sindicato tiene que cambiar para ser una referencia en la empresa, las Administraciones Públicas y en la sociedad. No se trata de cambios cosméticos o adaptativos, son necesarios cambios profundos que han de nacer de reconocer la intensidad de los cambios experimentados por el entorno. Queremos impulsar al máximo la participación de las personas afiliadas, pero necesitamos también la participación de quienes no lo están, de abrir las puertas del sindicato a la sociedad. Impulsar, fortalecer la unidad de acción sindical, pero también una ambiciosa política de alianzas sociales. Necesitamos una organización imbricada en las empresas, en los centros de trabajo, partimos de un suelo sólido a partir de la renovación por sexta vez consecutiva de la victoria en las elecciones sindicales.

El sindicato necesita adecuar sus estructuras a la nueva realidad que vive el tejido productivo, saber crear organización en aquellos sitios donde el sindicato no es capaz de llegar ni entrar, ya que tenemos una organización muy preparada para los grandes centros de trabajo con alta afiliación y de tradición sindical, pero la nueva realidad de las PYMES, la temporalidad, los autónomos, los trabajadores del sector servicios etc, que han crecido exponencialmente en la última década. El sindicato no es capaz de llegar a ellos con claridad y organizarlos para dar la batalla en defensa de sus intereses de clase.

Por tanto los retos para los próximos cuatro años pasan por lograr una organización renovada, no solo en su imagen pública sino en sus formas de llevar a cabo el ejercicio sindical; que sea capaz de pasar a la ofensiva para recuperar los derechos laborales, sociales y democráticos perdidos. La lucha contra la pobreza, redistribución de la riqueza, mantenimiento y aumento del poder adquisitivo de las pensiones, son ejes fundamentales del congreso, así como la recuperación del poder adquisitivo de los salarios y la puesta en marcha de un plan de choque contra el desempleo.

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