Hoy no he dormido muy bien, puede que sea culpa de la hernia discal que tengo en la espalda y de este viejo colchón lleno de bultos… Cada vez que paso una mala noche me acuerdo de aquel “médico” de la mutua, para el que mi dolencia no guardaba relación con el hecho de pasar 10 horas agachado en el puesto de trabajo. En ese curre me tiré 12 años. Aunque mi historia de lesiones venía de antes, pues en mi trabajo anterior hube de operarme del túnel carpiano de ambas muñecas, según la mutua, derivado de la posición fetal cuando estaba en el vientre de mi madre…
La cuestión es que desde que cerró la empresa con aquel expediente oportunista y barato, gracias a la reforma laboral, me he quedado con una mano delante y otra detrás. ¡Y mira qué luchamos todos/as los/as compañeros/as para que no sucediera! Poco pudimos hacer. Todavía me duelen los porrazos de los ‘mossos d’escuadra’ cuando nos echaron de la puerta de la fábrica, en aquel intento desesperado para que no sacaran la maquinaría hasta que cobráramos la indemnización. Mi ex jefe el “Senyor” Puig era muy amigo del conceller de interior de entonces.
Con todo, fue mucho peor lo del desalojo de mi casa. Un piso que nos compramos mi compañera y yo cuando los dos teníamos “trabajo fijo” o eso pensábamos, y decidimos ampliar la familia. Entonces era cuando los políticos decían que España iba bien y, aunque los pisos no eran precisamente baratos, pero nos convencieron de que era la mejor de las inversiones. Con los dos trabajando podíamos pagar la hipoteca y los gastos de una familia de cuatro miembros. ¡Pero llegó el expediente de mi empresa! ¡La gestoría donde trabajaba mi mujer empezó a perder clientes que también cerraban! Total, que nos vimos los dos en la calle y con una situación muy lamentable.
Sin otra solución, tuvimos que poner el piso en venta porque no podíamos hacer frente a la hipoteca. Pero nadie ofertaba ni la mitad de lo que nos había costado. La situación se volvió crítica; con el dinero que nos daban no alcanzaba ni para pagar lo que nos restaba de hipoteca. ¡Os sorprendería saber la cifra del capital que quedaba pendiente después de 10 años: un auténtico atraco!… Al final, a pesar de la solidaridad que tuvimos y de la resistencia pacífica, por parte de muchos vecinos del barrio que vinieron a echar una mano para que no nos dejaran en la calle, las fuerzas del orden se impusieron a empujones y golpes… ¡Aquello fue un auténtico drama para todos, pero especialmente para mi niña pequeña, sin posibilidad de entender que la impidieran permanecer en su casa!
Ahora vivimos con mis suegros. Mis padres ya hace tiempo que se fueron al pueblo, pues con sus pensiones mínimas cada vez les resultaba más difícil hacer frente al nivel de precios de una ciudad tan cosmopolita y tan “moderna” como Barcelona. Su piso era de alquiler, no pagaban mucho. Pero alguien se lo compró a los dueños para convertirlo en un apartamento turístico. Mis padres no pudieron hacer frente a la subida y se fueron.
La casa de mis suegros está en las afueras de un pueblo de casitas llamado Lliçà d’Amunt. Ellos perdieron el piso que tenían en Santa Coloma de Gramanet cuando nosotros perdimos el nuestro, ya que fueron los que nos avalaron. Menos mal que, como mi suegro estuvo trabajando en una gran empresa y fue mucho de ahorrar, poco a poco fue construyendo una casita en las afueras para los fines de semana. Al final, ese sitio que era de ocio ahora se ha convertido en el refugio de todos.
No logro encontrar trabajo estable por mis dolencias. Cuando las oculto para intentar conseguirlo, el dolor es tan insoportable que tengo que coger la baja y acabo de nuevo en la calle. A mi mujer no le va mucho mejor, la precariedad y la explotación se han extendido y ha tenido que asimilar, como algo inevitable, la gratuidad de parte de su jornada para lograr que la contraten. Trabaja por 800 euros con pagas prorrateadas en jornadas de más de diez horas; ejerce de contable percibiendo como una auxiliar administrativa. De vez en cuando, algún mes le sueltan 50 euros en negro como favor por los agravios. A día de hoy ese sueldo es nuestro único sustento.
Mi día a día comienza llevando a mi hija y a mi hijo al colegio que, por cierto, lo tengo bastante lejos pues debido a los recortes nos han cerrado una clase de P3 y mi hija pequeña se quedó sin plaza en el centro más cercano. Después me pateo los polígonos para echar currículums a ver si hay suerte. También voy haciendo cursos de reciclaje – así se llaman ahora-, a ver si me sale algo por el ‘Servei de Ocupació’, y que no dejaría de ser algo casi milagroso.
Pero no todo es un desastre. En honor a la verdad he de reconocer que, gracias a mi doctora de cabecera, cuya ayuda ha sido muy grande para paliar mis dolencias, estoy algo mejor. Debido a los grandes recortes sufridos no ha sido fácil conseguir que en la Seguridad Social me hicieran rehabilitación para fortalecer la espalda. Además, en mi situación no me puedo plantear ir a un fisio privado. Después de un mes y medio en rehabilitación parece que algo he mejorado.
Justamente hoy se acaban las sesiones y mañana tengo una entrevista de trabajo. Ahora voy a buscar a mis hijos al cole. Mientras paso por delante del ayuntamiento arrecia el viento. Se mueven mucho las banderas. Parece que va a llover. No obstante, si queréis que os diga la verdad, no me he fijado bien qué banderas eran y, por otra parte, nunca me importaron demasiado.







