El cantautor falleció el pasado 23 de diciembre

Cómo no hacer un homenaje a Rafael Amor

No se le puede llamar extranjero, ni el loco de la vía, porque era un corazón libre.

Por supuesto que hay que hacerlo, pero a veces es mejor empezar por aclarar cómo no hay que hacerlo. Lo mismo que el desparpajudo cantautor iniciaba a veces sus espectáculos diciendo que antes de hablar iba a decir unas palabras, cuando un Amor (con mayúscula) se te va, hay que saber guardar el luto a la persona y evocar su obra.

Será necesario aclarar que el protagonista del funeral es el Amor. Ni la nostalgia ni la pérdida. Y que más vale su recuerdo que las elucubraciones de sus admiradores. Y dirigirse directamente a la obra que nos dejó y releerla y reescucharla sacando del mensaje su contenido para tenerlo en cuenta en nuestra vida y en el reconocimiento de lo que le debemos.

Por eso no se le puede llamar extranjero, ni el loco de la vía, porque era un corazón libre. Y listo: conocía muy bien los barrotes de su jaula y era capaz de romper el cristal de su pecera para conocer el mar. Un perro que pese a tener una cadena larga sabía que no era libre.

Terminemos esta oración fúnebre con una evocación a sus canciones, que no han muerto con él y seguirán dándonos vida:

Buena semilla por el viento repartida
hará un mundo de amor por donde caiga.
Que el viento la traiga.

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