Quiero creer que con la muerte de Billy El Niño unos cuantos se estremecerán recordando lo que podían haber hecho y no hicieron.
Su impunidad es un virus con el que nos obligaron a convivir todos (muchos) los que tuvieron el poder suficiente para encarcelarlo y diluyeron su responsabilidad en las trampas de la transición y en los trucos de la democracia de baja intensidad.
Muy miserables han sido todos (muchos) los que no se atrevieron a poner a las víctimas de sus torturas por encima de las capitulaciones de la peor comodidad. Quiero creer pero no creo en el estremecimiento de tantos demócratas (muchos) que se han hartado de decir que nuestras reclamaciones de justicia son la voluntad de la venganza.
En realidad creo que esos muchos le están agradeciendo al coronavirus que les ha quitado un peso de encima porque no era para tanto el ruido de los insumisos que no perdemos la memoria.







