El confinamiento ha supuesto la gallina de los huevos de oro para las plataformas de contenidos digitales. Miles de personas encerradas en sus casas recurrieron a contenidos de pago para entretenerse, lo cual supuso para una plataforma como Netflix duplicar el número de suscriptores en nuestro país.
Netflix llegó a España en 2015 y desde un primer momento facturó los ingresos que le reportan sus servicios desde una sociedad holandesa, de modo que el beneficio generado escapaba a la tributación española. En el primer ejercicio fiscal solo pagó 3.146 euros en impuestos, cifra cuanto menos llamativa para este gigante que facturó en todo el mundo 4.006 millones de euros (+22,1% interanual) y ganó 305 millones.
Netflix sigue facturando a sus clientes españoles a través de la sociedad holandesa. Un esquema similar al de otras grandes corporaciones tecnológicas como Google, Amazon, Facebook o Apple (conocidos como los GAFA) que se han servido tradicionalmente de estructuras para reducir sus impuestos.
Pero no es lo único que esta empresa hace fuera de nuestro país. Cada vez que alguien tiene que recurrir al servicio de atención al cliente, la persona que te atiende al otro lado es un trabajador o trabajadora al que le han obligado a emigrar de España para trabajar desde Lisboa.
Teleperformance, Sitel o Konecta
La proliferación de call centers en Portugal no es nuevo. Cientos de españoles malviven en la capital de Portugal con sueldos de miseria y condiciones laborales leoninas trabajando en empresas como Teleperformance, Sitel o Konecta. Todas cuentan con sede en España y dan servicio a empresas con clientes españoles pero operan desde el país vecino para abaratar costes.
En el caso de Netflix, el servicio de atención al cliente lo gestiona a través de Teleperformance, una multinacional que posee hasta siete sedes en Lisboa con miles de trabajadores emigrados de todos los países del mundo, de los cuales más de un millar son españoles. Los sueldos dependen del país de procedencia. En el caso de los españoles ronda una media de 750€ al mes y la empresa facilita un piso compartido con otros trabajadores, que en muchas ocasiones no cumple con unos mínimos para garantizar que las personas vivan con dignidad.
Las condiciones laborales son de precariedad y del incumplimiento de los derechos de los trabajadores. Por poner un ejemplo, es habitual que un teleoperador se extienda en su jornada laboral, pues hasta que no se soluciona la cuestión por la que el cliente ha contactado no se puede finalizar la llamada. Esas horas de más se supone que quedan registradas ante la empresa pero el trabajador las desconoce y por lo tanto no puede reclamarlas.
No existen datos sobre cuántos españoles trabajan en estos call centers en Portugal. Se sabe, por un informe elaborado por la Asociación Portuguesa de Contact Centers (APCC), que en 2017 el 4% de la atención de telemarketing en Portugal se ha realizado en castellano. La cuenta arroja alrededor de 4.000 pero son apenas estimaciones porque incluyen a trabajadores latinoamericanos y portugueses que atienden en español.
Recuerda que cada vez que llames a tu compañía de internet, pongas una queja en Netflix o reclames cualquier cosa vía telefónica, puede que te atienda un currela desde Portugal, que está lejos de su familia, cobrando por debajo del salario mínimo de nuestro país, lo que solo le permite malvivir.







