El pasado día 8 de julio la dirección de la empresa líder en aerogeneradores Siemens Gamesa presentó un ERE para la rescisión de contratos de 239 trabajadoras y trabajadores en la planta de Aoiz, Navarra. Argumentaron causas productivas y organizativas, no económicas. Está decisión supone el cierre de la planta de Aoiz, una comarca con muy poca industria, con altos índices de paro y con un éxodo rural muy grande.
Pero esta planta tiene carga de trabajo, y obtiene beneficios. Se trata de una deslocalización decidida por Siemens para llevar la producción de palas a otra factoría, deslocalización que la multinacional ya la tenía decidida desde hace tiempo, ya que Siemens había adquirido una empresa portuguesa, Senvion, en la localidad de Vagos, Portugal.
Esta decisión es solamente para que la empresa ahorre costes de producción y de transporte, y obtenga mejores resultados, pero conlleva más paro en una zona muy castigada, poco industrializada y con unos pueblos cada vez más abandonados.
Hay que recordar que Gamesa ha recibido millones en subvenciones, ayudas y beneficios fiscales por parte del gobierno de Navarra y ahora cierra otra planta en la comunidad, y no es la primera, puesto que en los últimos 10 años han cerrado 6 plantas que tenían en Navarra, en las localidades de Alsasua, Tudela, Olazti y dos en Imarcoain.
Desde el gobierno de Navarra rechazan el cierre de Gamesa Aoiz, piden abrir una negociación, pero ven muy difícil revertir la situación.
Los y las trabajadoras convocaron una manifestación el pasado sábado día 11 en las calles de Pamplona, con el apoyo de los principales partidos y sindicatos de la comunidad y actualmente están realizando paros.
El comité formado por 6 representantes de ELA, 4 de LAB, dos de UGT y uno de CC.OO, quieren evitar la clausura de una planta que lleva funcionando desde 2009.
Esta planta, además, había acogido a trabajadoras de otros centros cerrados con anterioridad, como el de compañeras de Albacete que fueron recolocadas en Aoiz, a más de 800 km de sus casas, y ahora pocos años después vuelven a vivir otro cierre y despidos y quedarán en el paro.
Actualmente Navarra cuenta con una ciudad empresarial en Sarriguren, con 1.400 trabajadoras y trabajadores, y otras dos plantas con 80 y 40 trabajadores y trabajadoras.
Desde el PCE-EPK en Navarra rechazamos el cierre de una planta viable, con carga de trabajo, que ha recibido grandes subvenciones y beneficios fiscales y ahora cierra, envía la producción a otro país para mejorar sus beneficios empresariales y aboca al paro a 239 familias.







