¿Cuáles son los principales debates y propuestas del movimiento feminista de cara al plebiscito y a una nueva Constitución?
La Coordinadora Feminista ha trazado algunas centralidades. La primera tiene que ver con denunciar las condiciones políticas en que tiene lugar este proceso constitucional. Es un contexto marcado por medidas represivas como la militarización de las calles, el toque de queda, la prisión política -todavía hay más de 2.500 presos y presas políticas de la revuelta social- y la impunidad respecto de la violación sistemática de los derechos humanos desde octubre del año pasado.
La segunda es la denuncia de los términos del acuerdo para el plebiscito. Nos hemos propuesto un camino de movilización para desbordar todos aquellos elementos que limitan profundamente la participación popular. Los y las dirigentas sindicales no pueden ser candidatas a constituyentes. No hay todavía escaños reservados para los pueblos originarios y que sean paritarios. Y la regla del veto de minoría establece que los acuerdos se toman por 2/3 de mayoría y si un tercio no está de acuerdo se seguiría aplicando lo que contiene la Constitución actual en la materia de que se trate.
Desde el punto de vista del contenido feminista, hay dos cuestiones que son relevantes. Se asegura que la mitad de los constituyentes van a ser hombres y la otra mitad van a ser mujeres. Es el primer proceso constituyente paritario del mundo.
En los últimos años se ha elaborado, a través de encuentros plurinacionales, el Programa Feminista contra la Precarización de la Vida con el que hacemos propuestas constituyentes que tienen que ver con nuestros derechos sexuales y reproductivos, con la socialización de los trabajos domésticos de cuidado y no remunerados, con el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derecho, con los derechos sociales asegurados para la población migrante y con la educación no sexista. Hay un camino avanzado en esa perspectiva programática y va a presentarse la posibilidad de disputar y de instalar estas perspectivas con un alcance nacional inédito y en abierto enfrentamiento tanto con las clases dominantes como con los sectores más reaccionarios que las representan.
¿Qué importancia histórica tiene el plebiscito para el pueblo chileno?
El plebiscito es una oportunidad para abolir la Constitución de Pinochet, una reclamación histórica sostenida durante cuarenta años. Al mismo tiempo, se inaugura un proceso en el que la población podrá participar en la elaboración de una nueva Constitución, lo que nunca ha sucedido en Chile y además se podrá elegir qué tipo de órgano va a redactarla.
Pero este proceso tiene un carácter contradictorio. La convocatoria del plebiscito es un acuerdo entre los partidos que están en el Congreso y que deciden pactarlo en medio de la revuelta social que se inicia en octubre del año pasado cuando el gobierno estaba a punto de caer y el Parlamento solo tenía un 3% de aprobación popular.
Los partidos que han gobernado durante los últimos treinta años nos ofrecen la posibilidad de cambiar la Constitución de la dictadura de Pinochet con dos condiciones: sostener al gobierno de Sebastián Piñera, que es un gobierno criminal, y que todos los partidos, incluyendo los de oposición, se comprometieran a aprobar la agenda represiva con el objeto de desmovilizar la revuelta popular. No querían que un proceso constituyente de este tipo se diera en un contexto de movilización.
Es un acuerdo que no corresponde con los intereses plenos de ningún sector de la sociedad, ni con los de los partidos que nunca quisieron cambiar la Constitución ni con la aspiración a una Asamblea Constituyente que se reclamaba durante la revuelta social. El acuerdo contiene condiciones que limitan de manera excesiva la participación popular en el proceso, tanto en el veto a que los sectores no partidarios del movimiento popular puedan integrar la convención constitucional como en las dificultades para que la convención pueda llegar a un acuerdo por mayoría, ya que contempla un veto de minoría en su funcionamiento.
Por lo tanto, amplísimos sectores populares nos disponemos a votar apruebo y asamblea constitucional. Estamos viviendo un momento muy represivo y vamos con la voluntad de asestar una derrota fuerte a nivel electoral a la derecha y a los sectores más reaccionarios pero sin entregar un cheque en blanco a este proceso pactado y cuyos términos han sido puestos por otros.
¿Cómo repercute la constante violencia institucional y policial particularmente en las mujeres y disidencias?
Se ha verificado un giro autoritario muy marcado en el que, ante cada caso grave de violación de los derechos humanos, el gobierno aparece respaldando abiertamente a los organismos que los cometen. Aunque se han agudizado también las violencias machistas a nivel estatal y cotidiano en el contexto de pandemia, el movimiento feminista, lejos de posicionarse como víctima, ha salido a responder de manera muy masiva, transversal y contundente. La primera movilización que tuvo lugar de manera simultánea en muchos lugares del país en este contexto de pandemia fue a partir de un fallo judicial que dejó en libertad a un imputado de violación en un caso emblemático de violencia machista. En ese momento se rompió el inmovilismo producto de la pandemia y se animó a la movilización de sectores más amplios. Por supuesto se ha intentado invisibilizar la dimensión sexual de la violencia política, lo que significó una respuesta de parte del movimiento feminista que ha instalado una inestabilidad constante.
El negacionismo respecto de la violencia política sexual les costó el puesto a dos ministras de la Mujer. Recientemente se ha podido descomprimir esa parte institucional del gobierno e instalar una ministra que ha durado unos meses más pero es un punto de conflicto permanente y ha sido el movimiento feminista el que se ha movilizado rápidamente en los casos más graves de violencia policial contra las mujeres y la infancia.
Fuente: nodal.am







