La noria de la emigración

Cuando los temas polémicos como éste se tratan desde las cifras y las generalizaciones, provocan un sinfín de opiniones en las que las personas motivadas por el miedo a los cambios, el desconocimiento de la realidad o la inducción de grupos de opinión hacen juicios livianos y muchas veces violentos.

Si a esos emigrantes les ponemos nombres y rostros y conocemos su historia, quizá podamos empatizar y darnos cuenta de que muchas veces no se elige el lugar del mundo donde, por distintas razones, algunos deben reiniciar su vida.

Yo, hijo de obrero, uno de esos obreros que tuvieron que salir a buscarse la vida por esos mundos de Dios, de esos españolitos a los que en Alemania lo único que les llegaba de España eran los goles del Madrid en la Copa de Europa y la canción del emigrante de Juanito Valderrama. Pues bien, hijo de ese obrero he podido ir otra vez a Alemania, como tantos otros. Somos ejemplos de la evolución de España, en lo político, lo económico y lo social. Tanto se evolucionó que pasamos de ser un país de emigrantes a serlo de inmigrantes, miles de personas que venían a nuestras tierras a buscar las oportunidades que les eran vedadas en las suyas.

Hoy, como en una noria, la historia se repite y hombres y mujeres de España vuelven a necesitar salir a otros países para encontrar un futuro laboral mínimamente digno. Miles de personas vuelven a cruzar los Pirineos. Esta vez no con maletas atadas con cuerdas. Los que se van no son, como mi padre, analfabetos. Ahora se van jóvenes de los que llamamos sobradamente preparados, ingenieros, médicos… Se van a los mismos países a los que se fueron sus padres y abuelos hace cincuenta años.

La felicidad es disfrutar lo que se consigue

La crisis económica de 2008 nos puso contra el espejo de nuestros déficits como sociedad y ahora, cuando parecía que comenzábamos a dejar atrás esos malos años, la pandemia nos mete en otra crisis, aún en ciernes pero que ya nos deja algunos titulares a considerar para avanzar: la sanidad, la investigación, la tecnología, la industria y la formación son indispensables para nuestra propia supervivencia. El Estado, que para eso es nuestro común denominador, tiene que hacer esfuerzos para que esos sectores, algunos totalmente desmantelados, sean objetivos inexcusables para el futuro. Mientras, tristemente, un nuevo mazazo para nuestros jóvenes que nuevamente se tendrán que ir porque no se les ofrece nada de nada. Un Estado invirtiendo en los últimos treinta años en formar de manera excelente a nuestros jóvenes para después echarlos a otros países que rentabilicen esas capacidades. Inaudito. Esperamos, una vez más, que la experiencia de tiempos pasados pero recientes nos haga pasar de la reflexión a los hechos.

Emigrar no es para cualquiera, constituye todo un desafío en donde uno debe poner en la balanza muchas cosas, entre ellas la familia, los amigos, el trabajo y la seguridad. Pero además no solo hay que pensar en las cosas que se dejan sino en las que se deben aceptar, porque uno se encuentra con nuevas leyes, costumbres y formas de pensar que pueden gustarnos o no pero que se deben admitir para poder adaptarse y ser parte de la sociedad.

En resumen, migrar implica vencer tabúes, superar miedos, sortear obstáculos, ser flexibles, estar informados, interesarse, mezclarse, pero sin perder lo que uno es y sus raíces. El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene.

El valor de las historias

“De no ser por el periodismo, nos sentiríamos olvidados o borrados del mapa. El periodismo que hacen tiene mucho valor porque son nuestra voz a pesar de los riesgos que corren”, comentaron los emigrantes que encontraron en este medio un espacio para dar sus testimonios y verse reflejados en otras historias de españoles que han cruzado las fronteras de retorno a sus lugares de origen a causa del desempleo en tiempos de pandemia.

Las crónicas sobre los migrantes que han entrado o salido del país durante la cuarentena, la experiencia de una mujer que vivió 46 días en cuatro escuelas y un hotel acondicionados para recibir migrantes en Apure, así como la cobertura de protestas por el colapso de servicios básicos en Alemania, son algunas de las historias con las cuales se han sentido identificados.

José Antonio Arzoz Martínez ayudó a la familia de José Mateos Mariscal cuando acudió al país alemán en busca de trabajo.

El sacerdote navarro, que ejercía en Alemania, ayudó a muchas familias.

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