Pandemia también de desahucios

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La irrupción de la pandemia provocó una crisis económica sin precedentes y devolvió a Europa un destacado papel pero también amplificó varias tendencias de la globalización, como el auge de China y el poder de las grandes tecnológicas. Una crisis sin precedentes.

Si hubiese que destacar una cifra, sería la de los veinte millones de empleos desaparecidos desde abril a noviembre en Europa .Si en 1929 se vivió una caída del mercado de valores y en 2008 una crisis financiera, ahora el impacto paraliza al conjunto de los sectores económicos físicos.

Las medidas de confinamiento suponen una conmoción inigualable para una economía mundial que funciona con una producción ajustada, sin reservas, con cadenas de producción divididas.

Los aviones, que transportan habitualmente a 4.300 millones de personas al año, se quedan en tierra. El turismo masivo, que representa un 10,5% del PIB mundial, se detiene. Los buques portacontenedores permanecen atracados y con ellos miles de miembros de sus tripulaciones. Transportes y fábricas funcionan a medio gas, los pequeños comercios y los restaurantes cierran y los teatros bajan el telón.

La pandemia ha precipitado una pérdida catastrófica de empleos, unas tasas sin precedentes de desempleo y graves dificultades económicas en las familias inmigrantes que viven de alquiler. Como resultado, la precariedad habitacional y el riesgo de desahucio se multiplicaron, especialmente entre los inmigrantes y la población de bajos ingresos. Se ha comprobado una relación directa entre los desahucios y el aumento de los contagios y las muertes por el coronavirus.

Con los desahucios aumenta la pandemia

Tras la aprobación del primer estado de alarma y ante la previsión de las repercusiones que iban a tener las restricciones en la economía de las familias, el gobierno alemán aprobó un decreto ley de medidas urgentes complementarias en el ámbito social y económico. Incluía la posibilidad de retrasar el pago del alquiler en el caso de estar en una situación de vulnerabilidad o una ayuda para los inquilinos cuyos arrendadores no permitieran ese retraso al repercutirles directamente sobre su propia economía. Sin embargo, estas ayudas no parecen haber influido demasiado en la contención de los impagos.

Según la investigación firmada por varias universidades europeas, los desalojos entre marzo y septiembre provocaron 400.000 contagios y 10.000 muertes adicionales en Europa. Los desahucios dificultan el acceso a la atención médica, obligan a las familias a transitar por espacios superpoblados y complican las estrategias de mitigación de la pandemia, como el distanciamiento, la higiene o el aislamiento voluntario.

El estallido de la primera ola del coronavirus disparó los impagos del alquiler entre enero y junio y ahora, en plena segunda ola, el problema se repite.

Muchos afectados no podemos presentar un contrato de alquiler y por tanto no nos beneficiamos de las medidas que ha puesto en marcha el gobierno durante la pandemia.

Wuppertal (Alemania)

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