Introducción al documento nº 11.
El IV Congreso del PCE, celebrado en Sevilla en marzo de 1932, ha sido tradicionalmente caracterizado como un momento significativo de giro en la política del partido, con posiciones más abiertas que conducirían, a través de las propuestas antifascistas de 1933-34, al viraje -esta vez decisivo- del frente popular. Sin embargo, si bien es cierto que los textos y debates del congreso reflejaban una evidente y saludable insatisfacción con respeto al papel desempeñado por el partido en los grandes cambios sucedidos desde abril del año anterior, los viejos reflejos sectarios mantenían aún plena vigencia. El informe de organización, presentado por Manuel Hurtado, lo refleja bien a las claras.
El congreso, celebrado -según se dice en el informe- “bajo el control directo, con la participación activa de la Internacional”, no podía por menos de subrayar el notable crecimiento del partido, que había pasado en un año de apenas 1.500 a 12.000 militantes. Concretamente, 257 delegados representaban a 11.756 afiliados, añadiéndose la presencia de unos pocos asistentes seleccionados entre los 4.000 miembros de la Juventud y algunos más de organizaciones y grupos sindicales controlados por el partido.
Pese a estos datos, que pudieran resultar alentadores, el tono del responsable de organización traslucía, sin embargo, una clara insatisfacción. La clase obrera, representada por el PCE, no había sido capaz de llevar la iniciativa en la revolución en ciernes, que el partido situaba en la perspectiva, propia de la tradición leninista, de una revolución democrática-burguesa que había de ser dirigida por el proletariado. Tal incapacidad se achacaba -siguiendo las orientaciones de la Internacional Comunista- a los problemas de dirección (sectarismo, escasa capacidad del núcleo dirigente, inactividad), que habrían impedido el desarrollo de “un Partido bolchevique de masas”. Como consecuencia -se afirmaba-, pese a la radicalización y movilización social que se percibía en el país, el bloque dominante burgués-agrario controlaba los cambios desde abril de 1931, apoyado por los “social-fascistas” y reformistas (UGT), así como por los “anarco-reformistas” (CNT).
Estas caracterizaciones de las organizaciones obreras no comunistas y la descalificación radical del gobierno republicano-socialista muestran cómo el PCE seguía aún preso de la ultraizquierdista y sectaria política de “clase contra clase” propugnada por el Komintern, que impedía cualquier avance unitario, y que tan negativos resultados supuso para el movimiento comunista en el ámbito internacional. Sólo los avances en implantación y combatividad en Andalucía, especialmente en Sevilla, compensaban las claras insuficiencias en otros lugares, incluidos los de mayor influencia anterior del partido (Vizcaya, Asturias, Madrid…).
La “autocrítica bolchevique” que recorre el informe, enfocada a convertir al partido en cabeza de la revolución democrática en marcha, subrayaba la urgencia de fortalecer los órganos de dirección nacionales (Comité Central, Buró, Secretariado) y regionales; de mejorar los métodos de trabajo, eliminando los defectos atribuidos a la herencia anarquista, reformista y “oportunista”; o de desarrollar por fin la organización de células en las fábricas, centros de trabajo y medios rurales. El informe insistía también en la necesidad de impulsar la prensa y propaganda del partido, continuar con la táctica sindical de “frente único” entendido como “reconstrucción” del movimiento sindical sobre bases revolucionarias, o desarrollar el trabajo entre los jóvenes y las mujeres (con “comisiones femeninas”, pero no con “células femeninas” específicas).
En definitiva, lo que plantea el informe, en su sentido más positivo, es reactivar un partido que se juzga inoperante o escasamente operativo. Y lo hace siempre dentro de la más estricta fidelidad a las directrices de la Internacional Comunista y bajo los parámetros de una política aislacionista de “pureza revolucionaria” que sólo con las más sensatas y realistas propuestas de unidad antifascista y luego frentepopulista comenzará a cambiar.







