Dos largas décadas de lucha parlamentaria para despenalizar y regular la eutanasia

Por fin se aprueba la Ley de la Eutanasia y el derecho a morir dignamente

Para garantizar el cumplimiento de la ley, las administraciones públicas tienen que poner la determinación y los recursos

“Aquí pasa, señores, que me juego la muerte” Juan Gelman

Con esta cita terminé la primera vez que intervine en el Congreso defendiendo el texto de la Ley de Eutanasia que habíamos trabajado en el grupo Confederal de Unidas Podemos. Nuestra primera ley reflexionada, trabajada y debatida en común entre las fuerzas que conformamos el espacio gracias al tesón de Victor A. Rocafort, entonces coordinador del grupo de IU. Fueron días apasionantes en que leímos mucho, nos reunimos con mucha gente y aprendimos más de lo que hubiéramos pensado nunca.

Recogimos el trabajo y el legado de Izquierda Unida por la eutanasia desde 1998, primera vez que se llevó el debate. Después vendrían las iniciativas de 2000, 2002, 2009, 2011, 2012. Y la cercanía siempre de la Asociación Derecho a Morir Dignamente que siempre estuvo ahí, incansable, para asesorar a cuantos prestaran oídos a hacer ley un derecho tan fundamental como decidir cuándo poner fin a la propia vida si las circunstancias así lo requerían.

Qué orgullo poder formar parte de ese equipo que retomó con mucha más fuerza el camino andado para llevarlo cuantas veces se pudiera a debate: Ángela Rodríguez, Marta Sibina, Amparo Botejara, Javier Padilla… cuando se trabaja en equipo y con la certeza de que se está en el lado correcto de la historia se sabe que, tarde o temprano, llegarán los frutos.

No fue fácil. Nunca lo es la conquista de derechos.

Con esta cita de Juan Gelmán, también, escribí un artículo en Mundo Obrero en 2017. Rondaba esos días en las cabezas de muchísima gente de este país la pregunta de por qué no teníamos una ley de eutanasia, por qué debíamos morir mal, con dolor, con sufrimiento. ¿Por qué, nos preguntábamos, han de ser familiares quienes deban ayudar a acabar con el dolor intolerable de sus seres queridos y hacerlo, además, siendo tratados como criminales?

¿Cómo es que no hemos alcanzado el derecho a morir dignamente aún, cuando tantas personas han luchado y luchan por traer este derecho fundamental a nuestro ordenamiento jurídico? ¿Para cuándo despenalizar la ayuda a morir cuando este deseo es voluntario?

Después de tantos años de trabajo, de un proceso tan solvente junto a personas maravillosas como Fernando Marín y el Dr. Montes, trayendo proposición de ley tras proposición de ley y viendo cómo una tras otra eran rechazadas alegando que España no estaba preparada, que no era el momento, que había otras prioridades. Excusas: la mayoría de la población, nos decían las encuestas, estaba a favor de una regulación de la eutanasia y el suicidio asistido.

SE RETRASÓ PORQUE EL PSOE IMPEDÍA LA APROBACIÓN DE LA LEY

Sin embargo, en aquel momento, vivimos probablemente uno de los tragos más amargos de la legislatura: el PSOE se une C’s en la abstención lo que, unido al previsible voto en contra del PP, impide su tramitación.

En junio de 2017 volvimos a intentarlo, esta vez con una enmienda a la totalidad a la Proposición de ley de Ciudadanos sobre los cuidados paliativos. Era una iniciativa, la de la formación naranja, no tan urgente cuando las leyes autonómicas ya cubrían este asunto. Proponemos no solo mejorarla, sino que incluimos en nuestra enmienda una segunda parte en la que despenalizar y regular la eutanasia. Una vez más no salió por responsabilidad directa de PSOE, PP y C’s.

Pedro Sánchez se reunía por aquel entonces con nuestro Coordinador Federal, Alberto Garzón, comprometiéndose a traer la ley de eutanasia a este país mientras en cuestión de días u horas se negaba a lo que realmente importa: los votos emitidos en el Pleno.

Después de una moción de censura que apoyamos, y que les lleva al gobierno, el PSOE al fin se une a UP y otros grupos para aprobar una propuesta de mera despenalización que viene al Congreso desde el Parlament de Catalunya. Pocas semanas después trae su propia propuesta de regulación. Nuestro grupo tenía claro que la responsabilidad que tenemos con aquellas personas que sufren es nuestra prioridad absoluta, así que, por supuesto, apoyamos su admisión a trámite, con la tristeza de ver cómo habíamos perdido dos años preciosos, durante los cuales hemos conocido casos que podrían haberse evitado. Finalmente, la disolución de las Cortes evitó la tramitación de la ley y todo este trabajo decayó. En la próxima legislatura habría de empezar de nuevo.

En esos días nos sacudió la noticia de la detención de Ángel Hernández por acabar con la vida de su mujer, Mª José Carrasco, enferma de esclerosis múltiple y quien había solicitado repetidamente acabar con su sufrimiento. Y sumamos a nuestra mochila de nombres y motivos para seguir peleando uno más.

HOY SOMOS MÁS LIBRES

Por fin, en esta legislatura ha sido posible. La propuesta llegó en los primeros días del Gobierno de Coalición y el trabajo del grupo parlamentario de Unidas Podemos ha sido intenso, solvente, duro… pero el objetivo estaba, como siempre, ahí señalándonos el camino y no se iba a renunciar a conseguirlo. Rosa Medel, Enrique Santiago, Juan Moreno, Pablo Echenique y tantos otros se dejaron la piel para que no solo tuviéramos una Ley de Eutanasia, sino que esta fuera la mejor posible. Mil gracias, por tanto.

Este 18 de marzo de 2021 será una fecha para recordar: la aprobación definitiva de la ley de eutanasia nos hace mejor como sociedad, como cada vez que se conquista un derecho. Y nos permite decirles a todos esos nombres que llevamos en la cabeza y en el corazón, que ya nunca nadie tendrá que pasar por lo que ellos sufrieron si no lo desean, que hoy somos más libres y que nos faltará vida para agradecer todo lo que lucharon para conseguirlo.

Y mañana… mañana saldremos otra vez, con la asociación DMD y toda la gente que lucha por el derecho a morir dignamente para garantizar el cumplimiento de la ley, para que las administraciones públicas pongan la determinación y los recursos para acceder a la eutanasia,

Pero hoy brindamos, lloramos de felicidad, nos abrazamos por la victoria de dignidad. Hoy merecemos la alegría.

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