EL TRIUNFO DE LO COLECTIVO
En un mundo que potencia las actitudes individuales y la competitividad extrema, resulta insólita la pervivencia durante más de tres décadas de un colectivo autónomo que jamás ha recibido subvenciones públicas o privadas para sus acciones principales y que mantiene en el tiempo unas actividades en torno a la edición, la difusión de la poesía, la música y la pintura, conectando creadores y creadoras de decenas de ciudades y varios países, unidos solamente por el amor al arte y reunidos en torno a un refresco o un vaso de vino.
Cuadernos de Roldán es un colectivo de poetas, pintores, músicos, dibujantes, que ha venido desarrollando una actividad ininterrumpida durante treinta y tres años. Desde que el 21 de abril de 1988 se presentara el número cero, DE TROVOS Y ARTES DE TODAS SUERTES, hasta el número 100 dedicado a ITÁLICA y presentado esta primavera, se han editado Libros, Cuadernos, Almanaques, Zaquizamíes, Ad Limitum y Hojas de San Lorenzo.
¿Por qué reunimos estas palabras bajo el título del triunfo de lo colectivo? Porque no es frecuente que una actividad que vive sin ayudas ni subvenciones perviva en el tiempo y menos que lo siga haciendo manteniéndose fiel a unos principios no escritos que se van reinventando en cada acto, en cada presentación, en cada publicación.
En los primeros números era frecuente encontrar anónimos.
Por ejemplo:
Como el arte y la cultura
nacen de lo popular
el pueblo tienen por cuna
los Cuadernos de Roldán.
O este otro:
Rincón
de Alhóndiga
alacena
sagrada
ven corriendo
que el último
paga.
En el texto anónimo se juega ese difícil arte de hacer reconciliable lo popular con lo colectivo, de huir de nombres y egos para ser pueblo.
A lo largo de estas décadas, tanto los Cuadernos como los Almanaques o los Zaquizamíes han sido dedicados en muchas ocasiones a temas monográficos: erotismo, jardines, el agua, la imprenta, el amor, la República, Picasso, la fotografía, el cómic, el tiempo, los heterodoxos y un largo etcétera. Con ello hemos querido conciliar los temas eternos de la poesía y el arte con la actualidad, la urgencia con la oportunidad. Pero siempre movidos por un espíritu libre y festivo: compartiendo, colaborando, discutiendo, manteniendo la amistad por encima de todo. Y aun siendo conscientes de lo efímero de unas hojas volanderas de poesía o unos cuadernos de poemas y dibujos, nuestra apuesta colectiva sigue la máxima latina, más como deseo que como certeza, de que el tiempo pasa pero lo escrito permanece. Tempus fugit, scripta manet. El tiempo, precisamente, lo dirá.
MANUEL ROLDÁN
Los Cuadernos nacen por el empeño de un grupo de amigos en editar la poesía de Manuel Roldán. Manuel tenía una taberna en Sevilla, en la esquina de las calles San Vicente y Santa Ana. Con dibujos de los parroquianos hechos por Cristóbal Aguilar, Cristóbal, pintor de larga trayectoria que había estado vinculado a la sección sevillana de ESTAMPA POPULAR, y otros poemas de amigos, se hizo una tirada de cien ejemplares en la sede del PCE, Teodosio 60, utilizando la fotocopiadora. Expusimos los dibujos y leímos los poemas. Entonces no había móviles ni redes sociales. La convocatoria se hizo por el infalible método del boca-oreja. Se agotaron los cien ejemplares y por la tarde hicimos una segunda tirada. Ese es el comienzo. Todo el trabajo era manual. Se componía en una máquina de escribir eléctrica, en Peral 7. Después se fotocopiaban y en torno a una mesa amplia Cristóbal, Rafael Becerra, Rafael Arjona, Antonio Cerrato, Manolo Baraldés, Aurelio Alvea, Carlos Abadía, Paco Núñez, Manuel Carrasco, Paula Garvín, Loren Cabral y otros amigos y amigas hacíamos manualmente cada cuaderno, en un trabajo gremial, colectivo, que no esperaba continuidad sino que explotaba de felicidad por compartirlo. A esas explosiones contribuían los vinos peleones y las copas de aguardiente, generalmente seco, en la forma “palomita”.
Manuel Roldán había nacido en Jaén, en El Castillo de Locubín. Llegó a Sevilla para estudiar radiodifusión en el aeródromo de Tablada antes de la Exposición Iberoamericana. Uno de sus oficios fue el de comprar los componentes y hacer radios por encargo. El otro oficio fue el de tabernero que ejercía con mucha calma y tratando a cada uno por sus dones o teniendo en cuenta la falta de ellos. Ese trato diario lo convirtió en un sabio al que no le hizo falta una formación para dar rienda suelta a un espíritu inquieto y creativo, no exento de sentido de humor. Al cabo de los años le editamos un libro con todos sus poemas que recordaba siempre de memoria.
Lo que a nosotros nos fascinaba de su poesía era un sabor popular que conectaba con la mejor tradición de canciones y romances transmitidos por tradición oral desde que el castellano es un idioma.
COLABORADORAS Y COLABORADORES
En Cuadernos de Roldán, en estos cien números y en los treinta y tres años de trayectoria sin interrupciones, han colaborado los mayores poetas, pintores y pintoras, músicos, dibujantes… En parte por el modo sencillo de operar. El colectivo, inicialmente un grupo de amigos y amigas después constituido en asociación, decidía ir a una ciudad o a un pueblo y nos poníamos en contacto con los poetas, pintores y pintoras de dicha localidad: Salamanca, Toledo, Lisboa, Cuenca, Granada, Málaga, Córdoba, Cabra, Écija, Trebujena, Arriate, Baza, Rota… Hacíamos una avanzadilla y tras el contacto inicial se solicitaban las colaboraciones. Elaborábamos el cuaderno e íbamos en grupo a presentarlo, generalmente en autobús. Para la presentación de Lisboa fletamos desde Sevilla tres autobuses.
Se han hecho presentaciones en tabernas, en paraninfos universitarios, en palacios, en patios, en plazas, en teatros y en ruinas.
No es posible citar a todas/os pero, aún a riesgo de olvidar a personas importantes del mundo del arte o la literatura, podemos nombrar entre los colaboradores y colaboradoras de Cuadernos de Roldán a Pablo García Baena, Ginés Liébana, Miguel del Moral, José Saramago, Cristóbal Aguilar ‘Cristóbal’, Ali Ahmad Said ‘Adonis’, Aníbal Núñez, María Victoria Atencia, Pilar Paz Pasamar, Agustín García Calvo, Isabel Escudero, Antonio Gamoneda, Juan Gil-Albert, Vicente Gallego, Francisco Brines, Vicente Núñez, Rafael de Cózar, José Luis Puerto, Miguel Torga, Claudio Rodríguez, Javier Egea, Juan de Loxa, Julio Alfredo Egea, Rafael Guillén, Luis García Montero, Rafael Alberti, Felipe Benítez Reyes, Ángeles Mora, Elena Martín Vivaldi, Aquilino Duque, Javier Salvago, Salvador Compán, Francisco Núñez Roldán, María Eloy-García, Rafael Pérez Estrada, Miguel Pérez Aguilera, Carmen Laffón, Paco Cuadrado, Ramón Gaya, Manuel Salinas, Daniel Bilbao, Francisco Cosano, Joaquín Saenz, Claudio Díaz, José Ramón Vaca, Justo Girón y un largo, larguísimo etcétera.
Pero si estos nombres son importantes (premios Nobel, Princesa de Asturias, Nacional de Literatura, Velázquez), en pie de igualdad son importantes para nosotros y nosotras (“inquilinos e inquilinas” de Cuadernos de Roldán) los poemas y dibujos de quienes se acercaban a la poesía por primera vez o veían con ojos de asombro su primer poema publicado. Corresponde al curioso lector o a la mordaz lectora hacer el donoso escrutinio y separar lo bueno de lo sublime, olvidando lo menos bueno, si lo hay. Porque todo tiene su gracia. Ese espíritu, más de doce mil días después, treinta y tres años, con todas sus contradicciones, se mantiene.
ENCUENTRO CON JOSÉ Y PILAR
Cuadernos de Roldán, como todos los grupos humanos, incluso como todos los movimientos sociales, en más de tres décadas ha vivido momentos que podíamos denominar de meseta, en los que simplemente se seguían dinámicas ya consolidadas, y otros momentos en los que se da un salto cualitativo. Uno de esos momentos que podemos llamar revolucionario es el encuentro con José Saramago y Pilar del Río. Saramago era un escritor portugués con cierta proyección internacional pero todavía no muy conocido. Aunque con algunas obras traducidas a varios idiomas, su última novela editada en nuestro país era Historia del cerco de Lisboa. Poco tiempo después publicaría con gran escándalo y consecuencias radicales en su propia vida (como el traslado definitivo a Lanzarote) El evangelio según Jesucristo.
Nuestra idea era presentar un cuaderno dedicado a Lisboa y el azar hizo que coincidiéramos con Pilar en O Brasileira. Enterado José de que íbamos a Portugal “a llevar poesía y no a comprar toallas”, quiso conocernos. Fuimos a su casa donde nos recibió ya como un amigo recibe a unos amigos. Posteriormente presentó el cuaderno en Lisboa y nos devolvió la visita, junto con Pilar, a Sevilla, haciéndose los dos, hasta el día de hoy, “inquilinos”.
El inquilino o inquilina de Cuadernos de Roldán paga una cuota anual y recibe todas las publicaciones, tal como se van sucediendo.
Recuerdo su escritorio con un ordenador del pleistoceno, con pantalla verde y un cursor parpadeante sobre la letra. Allí debían estar las páginas del Evangelio…
El caso es que su generosidad, su cercanía (para nosotros siempre han sido antes que José Saramago y Pilar del Río, José y Pilar), su interés por la política y la denuncia de las injusticias, su lucidez, su ironía, lo convirtieron en un guía luminoso. Él cita en su obra en varias ocasiones su relación con Cuadernos de Roldán, en especial en Cuadernos de Lanzarote.

De Izq.-Dcha.-Arriba-Abajo: [1]. El 21 de abril de 1988 se presentó la primera edición de Cuadernos de Roldán, de 100 ejemplares. Agotados en apenas tres horas, se hizo por la tarde una segunda edición de otros 100 ejemplares. [2]. Manuel Roldán, del Castillo de Locubín (Jaén) regentaba una taberna en la que nacieron los Cuadernos que llevan su nombre. Autor: Serafín Madrigal. [3]. Portada del número 100, año 2021, dedicada a Itálica. [4]. Pintura de Juan Romero, en el número Jardines, año 2002. [5]. Poema e ilustracion del cuaderno dedicado a Galicia, año 2002. [6]. Invitación a la Presentación del Cuaderno de Lisboa. Dibujo: Cristóbal. Cristóbal Aguilar se autorretrata dibujando junto a algunos de los componentes de Cuadernos que hicieron el viaje a Lisboa: Juan Gallego, Pepe Aguilar, Teresa, Rafael Becerra, El Conde de Casa Padilla, Paco Núñez, Pepa Santos, Palomo, Manuel Carrasco, Antonio Cerrato. [7]. Manuel Carrasco, Cristóbal, Saramago, María. Primera visita de José y Pilar a nuestra sede de La Palma de Oro. Manuel Carrasco, María José Carrasco, José Saramago, Cristóbal, María (sentada), El Conde de Casa Padilla, Antonio Molina Flores. Autor: Serafín Madrigal. [8]. Dibujo de Nazario Luque para el número dedicado a la comarca de Campo de Tejada. [9]. Ilustración de Teresa Lafita para el número dedicado al agua, año 2007. [10]. Portada del número sobre La Alpujarra, año 2020. [11]. Antonio Cerrato con José Saramago. Antonio Cerrato Encinas, camarada y amigo, con el Premio Nobel de Literatura José Saramago, “inquilino” de Cuadernos de Roldán. Autor: Serafín Madrigal. [12]. Loren Cabral, Serafín Madrigal, José Ángel Palomo, Paula Garvín. Una buena imagen de la alegría de los primeros tiempos. Compañeros y camaradas, amigos, amigas, “inquilinos e inquilinas”. Autor: Serafín Madrigal. [13]. Portada del número dedicado a Valencia. [14]. Poema del número sobre el océano. [15]. Portada del número sobre Moguer, año 2015.







